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Rescatando la historia de Andina

Escrito por la historiadora María Celia Baros, esta obra nace en el marco de la conmemoración de los 40 años de este yacimiento.

“Río Blanco y Andina, visión de chilenos”, así se denomina la última publicación realizada por la historiadora María Celia Baros. La obra recopila, a través un detallado proceso de investigación, los antecedentes históricos de la División Andina de Codelco, desde la época prehispánica hasta su actual proyecto de desarrollo.

Los planes para la elaboración de este libro se gestaron en 2008, en el marco de los preparativos para el aniversario N° 40 de la faena, celebrado en 2010. Para la licenciada en historia de la Universidad de Chile, esta iniciativa busca recoger el pasado de Andina como uno de los yacimientos de la gran minería y, para esto, la profesional hace una compilación bibliográfica, testimonial y documental cuyos antecedentes aportan conocimiento de la zona, sus instalaciones y su gente.

“En general, la columna vertebral de la publicación es la explotación de la mina, y a través de su desarrollo histórico, lo nutrimos con sus distintas etapas productivas y descripción de diversos aspectos culturales, como la presencia de los campamentos mineros”, explica María Celia Baros.

Asimismo, el gerente general de la División, Armando Olavarría, comenta en la carta que se encuentra incorporada en el libro que “cuando celebramos los 40 años de vida productiva de la División Andina de Codelco Chile, las páginas de ‘Río Blanco y Andina, Visión de chilenos’ dan cuenta de la persistencia y obstinación de chilenos y extranjeros que dieron vida a la ex Compañía Minera Aconcagua, luego, Compañía Minera Río Blanco Limitada y, más tarde, Compañía Minera Andina, al compás de pasajes de la vida del Valle de Aconcagua y hechos de relevancia nacional como la llegada del telégrafo, teléfono y electricidad, colocación de hitos fronterizos y Ferrocarril Trasandino”.

La autora recuerda que en la fase de investigación, sólo encontraron un párrafo que hacía referencia a los inicios de la mina. De acuerdo con la premisa general, la historia de Andina tiene dos hitos relevantes. El primero es en 1920 y está relacionado con su nacimiento, y el segundo se presenta en la década de los ’70, con la Nacionalización del Cobre.

“A mi juicio, estas dos indicaciones representan una cronología muy breve, por lo cual dicho escenario se planteó como un verdadero desafío”, sostiene Baros y agrega que “en general, la bibliografía del cobre es muy escaza en Chile, y debido a esto, la publicación constituye un aporte al material bibliográfico que existe sobre el mineral y además difunde un patrimonio desconocido en la historia del país”.

Para elaborar el libro la investigadora recurrió a las distintas bibliografías que se encuentran en diversos establecimientos como la Biblioteca Nacional, el Archivo Nacional, y las bibliotecas de San Felipe y de Los Andes. Otra de las fuentes fundamentales que contó la publicación fue el acceso a los archivos propios de la División, como consejerías jurídicas, archivos técnicos y de ingeniería.
Durante este proceso de investigación, Celia Baros también efectuó visitas a las instalaciones de la mina subterránea, el rajo abierto y del tranque Ovejería.

Además, por medio de la Asociación San Lorenzo -entidad que reúne a ex mineros del yacimiento-, realizó entrevistas a los trabajadores y ex trabajadores que presentaban mayor antigüedad en la mina.

El punto de partida
La historiadora subraya que si bien el mineral tiene casi 100 años, su explotación industrial comenzó hace más de 40.

Al respecto, el presidente del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile (IIMCh), Luis Sougarret, planteó en el discurso de presentación del libro ‘Río Blanco y Andina, Visión de chilenos’, que Andina “es un yacimiento joven, si consideramos sus 40 años de explotación, pero hoy enfrenta un futuro muy auspicioso, que va mucho más allá de lo que alguna vez pudimos soñar”.

“A través de una entretenida y bien documentada descripción geográfica, el lector es introducido y posicionado geográficamente en el yacimiento Río Blanco y la faena minera que da origen a la División Andina”, indicó el presidente del IIMCh y añadió como punto de partida “la descripción arqueológica de los vestigios de comunidades prehispánicas, que dan cuenta de importantes petroglifos en la zona cordillerana y los hallazgos de la caverna Piuquenes”.

Lo publicación rescata que las primeras noticias del yacimiento se remontan a 1860, cuando se hace referencia a La Americana, y posteriormente a Los Bronces (1880), ambos depósitos fueron descubiertos en las provincias de Aconcagua y Santiago, respectivamente.

Luis Sougarret precisó que en el caso de La Americana, fue el geólogo alemán Juan Bruggen quien hizo ver la semejanza entre ambos yacimientos. “Bruggen decía: ‘hay pocas minas de cobre en las que las características geológicas tenga tanta influencia en la mineralización y en la repartición de las bonanzas, como en la región de Las Condes y de Río Blanco que, en realidad, forman un solo distrito”.

Sougarret sostuvo que el origen común de ambos yacimientos, Disputada de Las Condes (Los Bronces) y Andina, no permitió una operación cómoda para ambos vecinos. “En Andina, la progresiva extracción de mineral fue corriendo los taludes al interior de la mina, al ir vaciando a un mismo cráter. La remoción y profundidad provocaba una subsidencia e inestabilidad del macizo”.

“Para solucionar esto –añadió el presidente del IIMCh- Andina tomó la iniciativa de negociar con su vecino, y luego de un tiempo, se acordó una permuta de terrenos y concesiones mineras. Esta permuta resultó ampliamente favorable para Andina ya que bajo sus nuevas concesiones se descubrió el rajo Sur Sur”.

Evolución
Con respecto a las primeras manifestaciones de explotación minera, la publicación indica que en 1792 existieron documentos oficiales de la Corona Real que describían su interés en la explotación del oro y la plata, como una nueva fuente de ingresos.

En 1920 la entonces Compañía Minera Aconcagua realizó las primeras prospecciones y acciones orientadas a reunir capitales. “Sin embargo, las condiciones geográficas de la zona, la nieve y altura se confabularon para que estos proyectos se quedaran en el tintero… pese a la inyección de recursos que realizó esta empresa para sacar adelante la explotación”, afirma Baros.

Poco a poco la minera comenzó a permitir el ingreso de capitales extranjeros, hasta que en la década de los ‘60 la compañía minera Río Blanco quedó en manos norteamericanas. En ese periodo se realizó una nueva campaña de prospecciones y muestreos -cuya metodología se caracterizó por ser muy científica para la época-; los resultados permitieron, a través del manejo de las avalanchas, la explotación de manera subterránea del depósito durante un periodo de 25 años.

En 1967, y en el marco de la Nacionalización del Cobre, se inició la construcción del proyecto Andina, para producir 65.000 toneladas de cobre al año, operación que se implementó en julio de 1970. Seis años más tarde, la mina pasó a ser parte de Codelco.

Otro de los hitos importantes en la historia de Andina tiene lugar en la década de los ‘80, con el inicio del proyecto a rajo abierto, ya que debido a la altitud en que se encuentra la faena, es considerado como un emprendimiento inédito a nivel mundial. Esta realidad contrasta con el débil desarrollo tecnológico de la época, por ejemplo, los camiones que fueron utilizados provenían de Chuquicamata y trasladarlos hacia Andina fue toda una proeza.

Escuela de formación
Para Celia Baros, este libro es un homenaje a los trabajadores del cobre, quienes son una fuerza laboral anónima, altamente calificada y especializada, muy familiar y que reúne generaciones. “Como chilenos debemos conocer y admirar a estos trabajadores, (…) quienes poseen una alta calificación, cuyo nivel no existe en todo el mundo y dan cátedra de esta materia”.

“En Andina –afirma- se va creando una escuela que permite especializar a sus trabajadores, y lo más valioso es que dicha escuela de la minería del cobre perdura en el tiempo”.

Celia Baros sostiene que Andina tiene un pasado, y a través de este estudio pretende probar “que el párrafo o pequeña cronología que encontramos al principio de nuestra investigación era mucho más que un párrafo; nos hemos dado cuenta de una obra bastante más compleja”. La historiadora concluye afirmando que “la etapa que vive Andina marcará severamente lo que será en el futuro. Y como esta mina marcó en el pasado, lo seguirá haciendo en el futuro. Es una historia que se va renovando”.