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Primeros pasos de Chuquicamata

En corto tiempo se formó el primer banco que dio forma al anfiteatro característico de la mina, iniciando su explotación industrial en 1915.

Por María Celia Baros M., licenciada en Historia.

Chile posee ricos megayacimientos cupríferos que, además, históricamente tienen un siglo o más de explotación ininterrumpida. Es el caso de Chuquicamata, reconocida como la mina de cobre a rajo abierto más grande del mundo, cuyo pasado y pujante actividad económica asombran por aquellos pioneros visionarios que emprendieron viejas labores en pleno desierto de Atacama.

Su extracción data de tiempos prehispánicos, según restos de antiguas culturas locales, como los indios chucos (de donde derivaría el nombre de la mina), que trabajaron el mineral para elaborar armas y utensilios. Y también los atacameños, que aprendieron cierta metalurgia por influencia de las civilizaciones Tiahuanaco e Inca. La explotación prosiguió durante la conquista española y persistió en la época colonial. Se dice que en 1885 el conocido naturalista polaco Ignacio Domeyko aseguró que la zona contaba con mineral de alta ley, augurando el esplendoroso destino de Chuquicamata.

Culminada la Guerra del Pacífico, muchos forasteros llegaron al oasis de Calama, ávidos de riqueza, transformándolo en un modesto villorrio entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. De hecho, en las últimas décadas del siglo XIX, pequeños pirquineros inscribieron pertenencias del distrito de Chuquicamata basándose en los Códigos de Minería de 1874 y 1888. Se dedicaron, en general, a extraer los afloramientos de superficie, dejando luego el pedimento abandonado, condicionados por la falta de agua, de medios de transporte y de un poder de compra atractivo, además de la necesidad de inversión para cualquier explotación.

Aun así, la riqueza in situ suscitó una “fiebre” de oro rojo con el arribo de empresarios y compañías mineras a la zona. Entre ellos estuvieron la Sociedad Explotadora de Chuquicamata, la Compañía Minera San Luis, la Compañía de Cobre de Antofagasta y la Compañía de Minas y Fundición de Calama.

Las primeras instalaciones

En 1910 el banquero estadounidense Albert C. Burrage adquirió opciones sobre la Compañía de Cobre Antofagasta y la Sociedad Explotadora de Chuquicamata, que tenían faenas en el área, y obtuvo permiso para explotar parte de la futura mina en sociedad con Duncan Fox y Cía. El 3 de abril de 1911 el Gobierno chileno lo autorizó para establecer labores de prospección, dando lugar a una intensa competencia por lograr derechos sobre el mineral, hasta que Burrage se unió con los hermanos Guggenheim para comprar más pertenencias y formar Chile Exploration Company en 1912 con un capital de un millón de dólares.

El 11 de enero de ese mismo año se aprobó la ley que autorizó la explotación del yacimiento. Y por decreto del 3 de abril de 1913 se dio permiso a Chile Exploration para establecerse como agencia extranjera para operar en el país.

Tras recoger muestras y hacer pruebas para encontrar el método de beneficio más rentable, se introdujo el proceso de lixiviación por electrólisis por primera vez en Chile. Las primeras obras de construcción fueron iniciadas en 1913 y quedaron prácticamente terminadas a los dos años. Así, se levantaron una planta para tratar óxidos, una fundición, una planta de lixiviación y una planta de sulfuros, entre otros.

En corto tiempo se formó el primer banco que dio forma al anfiteatro característico de la mina. Chuquicamata inició su explotación industrial en 1915, bajo la presidencia de Ramón Barros Luco, quien dio partida oficial a la operación de Chile Exploration el 18 de mayo.

Énfasis en la salud

Con el tiempo, la empresa extranjera dio tanta importancia a las operaciones mineras como al bienestar social de su personal que vivía en el campamento, adelantándose a la poca legislación social que Chile tenía.

En cumplimiento de la Ley de Seguro Obligatorio, había un hospital general con policlínicos situado en el campamento viejo, servicios de maternidad y hospital para niños en el campamento nuevo, además de postas de primeros auxilios en la mina y en la planta industrial en casos de accidentes.

En síntesis, se contaba con un servicio médico único en su género, anticipándose a los recintos posteriores como Roy H. Glover y el Hospital del Cobre.