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Revista Minería Chilena Nº454

abril de 2019

Las lecciones que dejó Brumadinho

A las vulnerabilidades que presentan los tranques “aguas arriba”, se sumó el impacto vinculado a las mayores precipitaciones que la estructura debió afrontar.

En enero pasado, el rompimiento de una represa de la Minera Vale en la localidad brasileña de Brumadinho provocó más de 300 muertes y una serie de perjuicios en el medio ambiente, propiciando una serie de cuestionamientos respecto a la forma como esa obra fue desarrollada y las medidas de seguridad implementadas.

Respecto a las razones tras el accidente, Raúl Castro, profesor del Departamento de Ingeniería de Minas e investigador asociado del Centro Avanzado de Tecnología para la Minería de la Universidad de Chile, señala que la información pública disponible muestra que el incidente se habría debido “a una falla estructural y posterior falla del mineral granular de manera abrupta. Este material granular está a su vez saturado con agua, lo cual permite que fluya si no es contenido, siendo básicamente un líquido. Los tranques se diseñan para ser estables y en este caso, el diseño y la mantención no fueron los adecuados para las condiciones de seguridad requeridas, dadas su ubicación geográfica y cercanía al campamento minero existente”.

El académico resalta que “la estabilidad de los tranques es uno de los desafíos geotécnicos más relevantes en una operación minera, y requiere de un diseño de ingeniería que aborde los principales parámetros, cálculos y mantenciones para evitar una falla catastrófica. Si estos cálculos y/o mantención no son realizados de forma rigurosa, existe el potencial riesgo de falla independiente del país donde se encuentre cualquier infraestructura”.

En el caso particular de la represa involucrada, Ángela Oblasser, subgerente de Sustentabilidad de Fundación Chile, detalla que “el depósito que falló era monitoreado y se hacían revisiones independientes periódicas, la última de diciembre de 2018. Existía un plan de emergencia conocido por los actores locales que incluía protocolos definidos ante la activación de una alerta. Sin embargo, y a pesar de todo lo anterior, el depósito falló y no se logró prevenir o evitar la catástrofe. Las investigaciones en transcurso revelarán si se cumplieron todos los protocolos, si hubo negligencia o si es necesario revisar los estándares, buenas prácticas y regulaciones”.

Construcción cuestionada

La forma como fue levantada la represa habría sido uno de los factores que influyó en su colapso.

Ángela Oblasser, quien es además directora ejecutiva del Programa Tranque, manifiesta que “existe evidencia contundente de que los tranques construidos ´aguas arriba´ son más vulnerables a sufrir fallas. Brasil, hoy y post Samarco y Brumadinho, está evaluando no solamente prohibir futuras construcciones de este tipo sino que exigir el desmantelamiento de los tranques ya existentes en el corto plazo. En Chile su construcción está prohibida desde 2007, pero aún existen 211 depósitos que fueron construidos con este método”.

Raúl Castro y Ángela Oblasser

Raúl Castro y Ángela Oblasser

 

Sus dichos son complementados por Mauro Valdés, presidente ejecutivo de la Corporación Alta Ley, quien explica que “el estándar chileno de tranques es la construcción del muro ´aguas abajo´ de la represa, lo que desde hace décadas es una obligación legal en nuestro país. Desde hace varias décadas que el tipo de tranques como el siniestrado en Brasil no se construyen en Chile. Por ello, a nivel internacional se habla del ´estándar chileno´. Sin duda que el tranque es una de las partes hasta hoy prácticamente inevitables del proceso de concentración del cobre, y los chilenos en esto lo hemos hecho relativamente bien. Pero es indudable que a la luz de los graves incidentes recientes que es un imperativo avanzar hacia una minería cada vez más segura, y ojalá sin tranques”.

En esa línea, es relevante que en febrero pasado, el Consejo Internacional de Minería y Metales, que representa a 27 de las compañías de minería y metales más grandes del mundo, muchas de ellas con presencia en Chile, anunció la creación para fines de 2019 de un estándar internacional, que se basará en las mejores prácticas para garantizar que los riesgos de las instalaciones de relaves se gestionen de manera adecuada, coherente y transparente, comenta Ángela Oblasser.

El riesgo del cambio climático

Pero no sólo el método de construcción tendría responsabilidad en el colapso del tranque, sino que también el nivel de precipitaciones con las que tuvo que lidiar.

Ángela Oblasser menciona que en el caso de Brumadinho, “al parecer pueden haber influido las lluvias intensas previas al desastre. De las siete fallas en los últimos 11 años en Brasil, al menos cuatro fueron gatilladas por lluvia intensa. En Chile ya estamos viviendo los efectos del cambio climático que para la zona norte del país, donde se ubica la mayoría de los depósitos, se traducen en un aumento de eventos de precipitaciones de corta duración pero gran intensidad. Los diseños de los depósitos consideran los máximos eventos de precipitación probables; pero la magnitud de estos ya no es la misma de antes de los efectos del cambio climático, y debemos necesariamente evaluar cómo se incorporan estos cambios en los diseños de los depósitos ya existentes”.

Mauro Valdés y Manuel Caraballo

Esta inquietud también es abordada por Mauro Valdés, quien advierte que “los diseños de criterios de las obras que componen los proyectos mineros deben adaptarse a un escenario climático más complejo, lo que va a requerir una actualización constante de la hidrología utilizada en el diseño de estas obras, considerando los últimos eventos lluviosos y el cambio climático en general. Esto llevará a evaluar que obras u acciones adicionales son necesarias para el resguardo de la seguridad de los trabajadores que operan en ellas, lo que conllevará también a actualizar los manejos operaciones incorporando medidas de mantención y prevención”.

Recuperación ambiental

Adicional a las muertes que generó, el ecosistema fue otro de los principales afectados por la rotura del tranque.

Manuel Caraballo, profesor del Departamento de Ingeniería de Minas e investigador asociado del Centro Avanzado de Tecnología para la Minería de la Universidad de Chile, expresa que “tras la ruptura, se generó una gran degradación ambiental producto del transporte y depósito de millones de toneladas de material sólido. Estos residuos arrasaron con grandes áreas naturales, las cuales además de ser erosionadas fueron enterradas. Este proceso físico genera una destrucción automática de numerosos hábitats, así como la pérdida inmediata de vegetación, cambio de cursos fluviales, pérdida de suelo”.

Agrega que “al tratarse de residuos procedentes del procesamiento mineral para la obtención de Fe, es esperable que contengan algún contenido metálico que pudiera ser tóxico para el medio ambiente. Sin embargo, es importante puntualizar que dicha contaminación potencial deberá ser estudiada cuidadosamente para estimar la disponibilidad ambiental de la misma, ya que la presencia de metales en un residuo no implica automáticamente que vayan a estar disponibles y ser transferidos al medio ambiente”.

El académico estima que “en base a la comparación con problemas ambientales similares observados en el mundo, por ejemplo la rotura de la balsa de Aznalcollar (España, 1998), la total remoción de estos residuos podría durar años, mientras que la recuperación ambiental podría llevar desde lustros a décadas, dependiendo de la severidad final que alcance la dispersión de contaminantes”.