Vale do Rio Doce: el modelo para abrir Codelco al capital privado

Dic 26, 2007

En 1997 Brasil privatizó la mayor empresa productora de hierro a nivel mundial. En 10 años la capitalización bursátil de la compañía pasó de US$ 7.500 millones a US$ 154 mil millones. Ha sido una década de fuertes ganancias en productividad y eficiencia, en contraste con el deterioro que muestra Codelco en este ámbito.

Una productividad que se disparó, una plana ejecutiva que moderó y eficientó la planilla de trabajadores, y que impulsó inversiones millonarias que la posicionaron en todo el mundo, y una rentabilidad que se multiplicó varias veces. Eso es lo que celebra este año la minera brasileña Companhia Vale do Rio Doce al cumplir una década desde que su propiedad fuera abierta al capital privado por el Presidente Fernando Henrique Cardoso en 1997.

Desde esa perspectiva, y en medio de los fuertes cuestionamientos que enfrenta hoy Codelco por las deficiencias de su gobierno corporativo, por el alza de sus costos, y por los problemas con los subcontratistas, entre otros, la siderúrgica de Brasil se alza como un modelo digno de mirar.

Así lo planteó en la última Enade el decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, Leonidas Montes. “Miremos lo que sucedió en Brasil a partir de 1997. Vale se privatizó en 1997, capitalizada en US$ 8.000 millones. Hoy, después de 10 años, tiene una capitalización de mercado de US$ 160.000 millones”, destacó el economista.

El paralelo entre ambas empresas es válido, ya que mientras Codelco es la mayor productora de cobre del mundo, Vale ocupa igual sitial en la minería del hierro. Las dos surgieron de la estatización de importantes yacimientos: Codelco, en 1971 –constituyéndose en la actual Corporación Nacional del Cobre cinco años después-, y Vale, en 1942.

Sin embargo, el desempeño de ambas es muy distinto. Después de su privatización, todas las mejoras en productividad y eficiencia que ha conseguido Vale se han traducido en un impulso a inversiones millonarias que la tienen operando hoy minas de hierro, níquel, carbón y cobre en todo el mundo.

A partir de 2008, Vale invertirá US$ 59.000 millones en cinco años. Codelco, en cambio -por sus estatutos- está obligada a transferir sus utilidades al Fisco. Sus inversiones, en consecuencia, deben financiarse con deuda, cuyo alto nivel desde hace un par de años viene siendo advertido, entre otros, por la agencia de crédito Standard & Poor’s.

“El ratio de deuda de Codelco limita su capacidad de acceder a grandes oportunidades y proyectos”, dice Juan Carlos Guajardo, director ejecutivo del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (Cesco), y compara: en 1998, primer año después de privatizada Vale do Rio Doce, su deuda era de 72% sobre su patrimonio y 79% en 2005. El caso de Codelco, en cambio, muestra un alza dramática: 116% en 1998 y 265% en 2005.

Asimismo, entre 1998, un año después de su privatización y 2005, la participación de mercado de Vale en la producción total de hierro en el mundo aumentó 63%, pasando de 10,9% a 17,8%. En cambio, la de Codelco en la producción de cobre se mantuvo plana, en 12,2%, dicen las cifras de Guajardo.

La apertura

Pese a tratarse de un país históricamente más alejado que Chile de los consensos que favorecen una economía de libre mercado, el ex Presidente brasileño Fernando Enrique Cardoso concretó en 1997 la privatización de Vale, propósito anunciado por él mismo en 1989, durante su primer mandato.

El esquema consistió en la desestatización del 41,73% del control de Vale por el equivalente entonces a US$ 3.700 millones, quedándose el Estado con un porcentaje a ser vendido posteriormente y reservándose 12 acciones doradas, las que mantiene hasta ahora.

Contrariamente a Codelco, Vale al momento de privatizarse era una empresa con altísima productividad, nota James Schmitz, economista de la Fed de EEUU, en un estudio sobre el caso. “Era la joya de la corona de las empresas estatales de Brasil”, dice.

De hecho, el mejor desempeño de Vale se logró varios años antes de traspasarse a privados. Schmitz sitúa el punto de quiebre en 1990, cuando los preparativos para mejorar el precio de la eventual venta comenzaron.

Aunque entre 1971 y 1990 el incremento de la productividad de los trabajadores de la compañía fue ínfimo, señala el análisis, aquel registrado entre 1989 y 1997, exhibe un aumento superior a 50%.

Se produjo al interior de Vale en ese período un sinceramiento en el número de trabajadores que la empresa necesitaba que partió en 1990 y se extendió pasada la privatización. Entre 1996 y 2000, el número de trabajadores se redujo en 4.000, a 11.442, y “la ganancia en la productividad fue fantástica”, dice el comentarista carioca Rodrigo Constantino.

Mejores resultados

Desde su privatización hasta ahora, la experiencia de Vale es distinta a la de Codelco, en el sentido de que sus competidores no amenazan con sobrepasarla, como ocurre hoy con la chilena, sino que todo lo contrario. Al momento de privatizarse, explica Constantino, el valor en Bolsa de la australiana Rio Tinto era de US$ 13.000 millones; la de Vale, US$ 8.870 millones. Esta semana, en cambio, la capitalización de ambas cerró en US$ 147.000 y US$ 157.000 millones, respectivamente.

La trayectoria del ingreso de las dos compañías también favorece a la privatizada, no obstante que el boom de los commodities ha beneficiado a ambas. Durante los seis años al cierre de 2006, la brasileña acumuló exactamente un 25% más de ingresos que Codelco: exhibió un ingreso antes de impuestos de US$ 20.000 millones, versus US$ 15.000 millones de la chilena.

Esto se da en forma simultánea al juicio de los analistas sobre la persistente y fuerte alza de costos que experimenta Codelco. “Al operar megayacimientos, las leyes del mineral disminuyen; al no poder invertir con rapidez -a causa de su alto endeudamiento-, la leve baja y los costos de producción se disparan. Al contrario, en Vale la inversión se dispara y los costos tienden a bajar”, dice Guajardo.

Venta con condiciones

Reestatizada en 1942 en virtud de los acuerdos de Washington – según los cuales, en su caso, Brasil prestaba apoyo estratégico a EE.UU. en su entrada a la II Guerra Mundial- la siderúrgica Cia. Vale do Rio Doce no tuvo su debut en bolsa en 1997. Mucho antes, en 1943, las autoridades la listaron en la Bolsa de Rio y, en 1968, en la de Sao Paulo. Los porcentajes transados eran marginales, “pero indicaban un valor de mercado de la empresa, cosa que tampoco se puede hacer con Codelco”, dice Gustavo Lagos, de la U. Católica.

La privatización ocurrida el 6 de mayo del 97 tuvo una serie de características que permitieron al Estado conservar un poder de veto y evitar que competidores accedieran al control de Vale.

En primer lugar, el proceso fue gradual. El primer bloque de acciones rematado debía representar un mínimo de 40% y un máximo de 49,45% de la propiedad, pese a que el Estado poseía el 75,97% de las acciones. El remanente sería rematado con posterioridad, gran parte en el extranjero.

Las grandes mineras y traders de hierro y las grandes siderúrgicas podían llegar a ostentar sólo el 10% de la empresa y, en conjunto, no podían sobrepasar el 45% de su capital.

Asimismo, por el plazo de cinco años el Estado tenía derecho a conservar una acción dorada, la que da derecho a veto. A la fecha cuenta con 12 títulos de ese tipo.

Asimismo, hoy el 41% de los accionistas de Vale no son brasileños (sólo un 21% lo es). Entre todos, el free float de la propiedad equivale al 62%. Actualmente, el gobierno posee el 5,5% del interés de la firma, a través del Banco Nacional de Desenvolvimento (Bndes) y delTesoro Nacional.

El principal inversionista individual es Valepar, entidad formada por la japonesa Mitsui y fondos de pensiones, entre otros.

Fuente / La Tercera

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