Murió Andrónico Luksic Abaroa

Ago 19, 2005

Fundador de uno de los mayores imperios económicos del país, dejó de existir anoche. Sus restos son velados en la Iglesia San Francisco de Sales

El destacado empresario, patriarca y fundador de la mayor fortuna del país y cuarta a nivel latinoamericano, Andrónico Luksic Abaroa, falleció anoche a los 78 años víctima de cáncer. Sus restos son velados en la Iglesia San Francisco de Sales y sus funerales serán mañana.

Hombre de pocas palabras, afable, amante de la poesía y de muy bajo perfil, a pesar de los grandes logros que alcanzó en el campo empresarial, este descendiente de croatas nació en Antofagasta el 5 de noviembre de 1926. Tuvo 5 hijos -Andrónico, Guillermo, Jean Paul, Paola y María Gabriela-, 19 nietos y era casado con Iris Fontbona.

«A uno tiene que gustarle lo que hace para no sentir que está trabajando, sino que está entreteniéndose», dijo una vez y agregó que su éxito consistió simplemente «en cumplir mis metas».

Su imperio partió en el sector minero y junto a sus hijos consolidó a lo largo de más de 50 años la historia de un grupo de empresas que abarca desde la industria (CCU, Madeco), las finanzas (Banco de Chile), las telecomunicaciones, el turismo ( inversiones en Croacia, su segunda patria) y hasta los ferrocarriles (Antofagasta-Bolivia).

En su último cumpleaños, el año pasado, decidió dejar el mundo de los negocios. Ese día traspasó la presidencia de Antofagasta Holding, la matriz minera y quizás su empresa más querida, a su hijo menor, Jean Paul.

El origen de su fortuna había sido precisamente la minería y su ingreso a los negocios se transformaría en uno de los grandes hitos de la historia empresarial chilena.

Fue precisamente en una primera entrevista concedida a «El Mercurio» en la que Luksic se encargó de contar este punto de partida, en 1954, cuando era dueño de una pequeña mina de cobre, «Portezuelo», en la II Región, la cual vendió a unos japoneses. «El problema -contó en esa entrevista- era que yo no tenía idea de cuánto valía una mina… El japonés me dice ¿qué le parecen unos 500 mil?». Luksic pensó que se trataba de pesos, pero de lo que los japoneses estaban hablando era… de dólares.

Aunque trató de explicarles el error, los nipones no le oyeron y un mes después le pagaron su dinero. Ahí partió todo.

Luksic tuvo que ser sometido en los últimos años a varios by-pass y a fines de 2002 se le detectó un cáncer que lo mantuvo postrado en los últimos meses.

Fuente/El Mercurio

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