Compartir poder, un nuevo desafío

Dic 6, 2012

Ximena Abogabir es presidenta ejecutiva de Fundación Casa de la Paz.

Al examinar los procesos participativos que están teniendo éxito en el presente, se descubre un hilo conductor: sus convocantes estuvieron dispuestos a compartir poder con los convocados. De esta manera, todos se sintieron co-creadores y, por lo tanto, comprometidos con la implementación de sus resultados.

Sólo en la medida en que el poder esté equiparadamente distribuido será posible construir acuerdos verdaderos y sustentables en el tiempo. En caso contrario, los aparentes consensos estarían escondiendo una actitud de sometimiento o de evasión ante relaciones de dependencia o de resignación, por lo que el conflicto reaparecerá como semilla bajo el asfalto.

En estos días, el concepto tradicional del poder está siendo cuestionado en todos los planos del relacionamiento humano (Estado, educación, familia, Iglesia, empresa, gremios, entre tantos otros) y las formas tradicionales de relacionamiento, para ser efectivas, están siendo reemplazadas por agrupaciones colaborativas de personas que generan sentidos comunes a través del diálogo y contextos compartidos.

La nueva tendencia asume que, a través del involucramiento directo de los representantes de las distintas visiones e intereses en juego, se estarán promoviendo procesos efectivos de aprendizaje, la profundización y valoración del conocimiento de las culturas de los diferentes grupos así como la reflexión y definición de los roles, funciones y competencias de cada actor. Ello, por un lado, implica el reconocimiento y valorización de los saberes y prácticas generados por una población particular. Por otro, supone co-diseñar y co-ejecutar proyectos que respondan en forma efectiva a las demandas del grupo.

Compartir poder no resulta fácil. El empoderamiento debe ser entendido como un proceso mediante el cual los sectores vulnerables acceden paulatinamente al control sobre su vida. Para que esto sea realidad, quienes tradicionalmente han ejercido el poder deben estar dispuestos a compartirlo.

Asumiendo que estamos frente a un nuevo desafío que plantea muchas incógnitas, es preciso reconocer que intentarlo vale la pena, porque hoy nadie tiene el control cierto de una organización y mucho menos de la interacción entre varias provenientes de distintos sectores y visiones. No queda mejor opción que esforzarse por entender y gestionar este fenómeno.

Las redes sociales, presenciales y virtuales constituyen una poderosa herramienta para equiparar poder, debido a su capacidad de diseminar la información, creando imágenes que construyen o destruyen el poder tradicional en segundos, así como de coordinación de acciones al instante.

La era de la información nos invita a repensar el poder, ya que dejó de ser un juego de suma cero (si te doy, yo pierdo). Más bien constituye la única forma de gobernar a través de la construcción de nuevos paradigmas de responsabilidad compartida. De lo que se trata ahora no es de acaparar poder o repartir una tajada de poder, sino de recrear la sociedad, reinventar la política o, dicho en palabras grandes, evitar el derrumbe de la civilización a partir de colectivos que no logran ponerse de acuerdo.

En este sentido, el empoderamiento se convierte en un medio y un fin para lograr cambios sustanciales en la calidad de vida.

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