Fernando Cortez, gerente general de AIA: “Sin la minería hubiera sido imposible crecer”

El ejecutivo hace un repaso de lo que han sido estos 75 años de historia de la AIA, destacando la serie de iniciativas en pro del desarrollo regional que ha impulsado el gremio, y su vinculación con la minería.

“A 75 años desde la creación de la AIA, el esfuerzo de quienes la soñaron se multiplica y crece pensando en el futuro”, señala Fernando Cortez, gerente general de la Asociación de Industriales de Antofagasta, al hacer un balance de lo que han sido estos 75 años de historia de la entidad.

Son muchos los avances y logros que ha experimentado desde sus inicios, cuando su prioridad era “afianzar una infraestructura mínima para la existencia moderna de una actividad industria”, rememora.

Hoy la AIA está compuesta por 218 empresas, donde la mediana y gran minería suman alrededor de 20 compañías; un segundo segmento corresponde a grandes industriales nacionales e internacionales; empresas de servicios logísticos; transporte; tecnología y del rubro energético, entre otros, que suman cerca de 40 firmas. “Posteriormente tenemos a la mediana y la pequeña empresa, que representan a la gran mayoría de los socios, con casa matriz en la zona. Todas las empresas, de una u otra manera están directa o indirectamente ligadas a la minería, formando parte de un clúster y un entramado de relaciones comerciales a nivel local, regional, nacional e internacional”, puntualiza.

75 años de  historia

 

¿Qué representa para esta entidad cumplir 75 años de existencia?

Sin duda es un orgullo continuar la tarea que nos legaron grandes emprendedores y personas preocupadas por el desarrollo del norte de nuestro país. El afianzamiento y avance que mantiene esta organización, junto con la ciudad y región que le dieron vida, son el símbolo de la pujanza de un territorio que hoy concentra proyectos mineros y energéticos por más de US$28.000 millones.

Progresivamente hemos sido capaces de representar las necesidades locales y enfrentar escenarios positivos y no tan positivos, con una marca y esfuerzos que nos definen: la búsqueda de la consolidación de los encadenamientos productivos, en beneficio de las pequeñas y medianas empresas; el crecimiento armónico, con una visión de valor compartido; y, en definitiva, el fomento de una industria sustentable, que tiene un sentido de pertenencia con el lugar que la ve nacer.

La AIA de los orígenes sin duda era muy distinta a la de hoy ¿Cuáles diría que han sido las principales transformaciones e hitos a lo largo de estos años?

Cuando la AIA nació, el norte de Chile aún recordaba de cerca la caída de la industria salitrera, y la zona padeció por varios años de aislamiento territorial y dificultades de acceso a servicios y a herramientas empresariales, como el crédito. Hacia mediados de los ’50 ni siquiera se fabricaba cemento en la región, y el costo de la materia prima y la energía eran altos. Esos fueron los derroteros del gremio en sus primeros 30 años, concentrándose en afianzar una infraestructura mínima para la existencia moderna de una actividad industrial. Hacia los ‘70 vale la pena destacar el trabajo hecho al alero del Grupo Empresario Interregional del Centro Oeste Sudamericano (Geicos), denotando entonces la vocación integradora de la asociación. En 1982 la AIA crea la Corporación de Desarrollo Técnico Industrial de Antofagasta (Codetia) y en 1985 la Exposición Industrial del Norte, Expoin, que diez años más tarde cambiaría su nombre y especialización a Exponor.

En 2000 parte su programa de responsabilidad social, que hoy se llama Construyendo Valor Compartido, y que tiene su foco en primera infancia. En 2001 comienza a funcionar el Sistema de Calificación de Empresas Proveedoras (Sicep). En 2002 nace el Colegio Técnico Industrial Don Bosco Antofagasta, desarrollado a través de la Fundación Educacional Región de la Minería, integrada por la AIA, el Arzobispado de Antofagasta y la Congregación Salesiana, y en 2017 se suma el establecimiento de Calama, que inauguró hace unos meses su cuarta etapa de infraestructura.

Vinculación con la minería   

          

¿Qué relevancia tuvo el desarrollo de la gran minería de las últimas décadas?

Significó, a partir de los años ’90, un verdadero cambio. La inversión minera posibilitó la aparición de nuevas empresas y rubros, así como una transformación en las economías domésticas, y la llegada de otra escala de consumo y niveles de gasto en bienes y servicios. El impacto en el desarrollo económico ha sido tremendo. Hoy la Región de Antofagasta lidera el PIB per cápita a nivel nacional, superando los US$30.000.

Por supuesto, hay desafíos, pero sin la minería hubiera sido imposible crecer de la manera en la que lo hemos hecho. Recordemos que Antofagasta tiene apenas 150 años.

   Colegio Don Bosco

 

¿Cuáles son hoy las prioridades en la agenda?

Nuestras definiciones estratégicas comprenden cinco áreas que se superponen y dialogan entre sí: el fortalecimiento de la competitividad empresarial; la promoción de la innovación; el desarrollo del capital humano; el fomento de los encadenamientos productivos y nuevos negocios; y el valor compartido en nuestro actuar.

En Competitividad Empresarial e Innovación tenemos el trabajo que desarrolla el Centro de Desarrollo Empresarial (CDE), que dirige los principales proyectos de la AIA; coordina los consejos gremiales y organiza encuentros de negocios, seminarios y misiones empresariales al extranjero, dependiendo de él -entre otras iniciativas- el Centro de Extensionismo Tecnológico (CET) para Empresas Proveedoras de la Minería.

¿Qué pasos están dando en materia de fomentar Antofagasta como un polo minero y exportador de bienes, servicios y tecnologías?

El ejemplo más notorio de eso es Exponor, entregándoles a los proveedores la posibilidad de acceder a diferentes mercados del mundo. La versión 2019 tuvo 41.000 asistentes y más de 2.200 reuniones ejecutivas. Además, trabajamos de cerca con instituciones como ProChile, y organizamos regularmente misiones empresariales a países como China, Alemania y Perú. Sicep también es una plataforma relevante para potenciar la exportación de bienes y servicios, y para eso hemos generado interesantes puentes a nivel internacional.

Como conclusión, ¿cuál ha sido el aporte de AIA al desarrollo de Antofagasta y la Región?

Si hacemos un recorrido por los hitos de la asociación, queda claro que el aporte del gremio al desarrollo de Antofagasta pasa por identificar y responder a las necesidades de la economía a través de un relato estratégico, que nos ha permitido aprovechar las condiciones naturales del territorio y enfrentar aspectos estructurales del crecimiento y el desarrollo de la actividad industrial y minera. Mención especial merece nuestro aporte con acciones y actividades orientadas a favorecer la reactivación económica, así como nuestro compromiso con los intereses regionales, que sostenidamente hemos realizado en materias de respaldo al empleo y compras locales, así como respecto de la urgencia en el pago a las empresas proveedoras en un plazo de 30 días, o a la necesidad de re pensar el sistema de turnos mineros para evitar la fuga de recursos.

Hoy podemos destacar, además, el consorcio que impulsamos junto a universidades de todo el país y centros de estudios nacionales e internacionales para postular a la licitación de Corfo para el desarrollo del Instituto Chileno de Tecnologías Limpias, que estará asentado en la región. En definitiva, la AIA es un actor con una visión económica y social que tiene la camiseta puesta por la región y el país desde el día uno.

Rol de Exponor

 

Exponor es el peldaño siguiente de lo que fue Expoin, aunando los esfuerzos del gremio por congregar en una sola plataforma a las grandes compañías mineras, industriales y energéticas con las empresas proveedoras”, explica Cortez.

El ejecutivo añade que hoy es una de las ferias mineras más importantes del mundo, y pone a Antofagasta en una vitrina preferencial como polo de desarrollo internacional.

“Exponor 2019 llegó en el momento exacto para articular un escenario de reactivación haciendo lo que hacemos mejor: generar nuevas oportunidades de negocios, que tras esta última versión evaluamos en torno a los US$850 millones.

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