Eduardo Bitran: “La colaboración es la esencia de este proceso”

El académico aborda los esfuerzos dirigidos a impulsar la innovación, el I+D y la agregación de valor.

Avanzar en tópicos como la confianza y la definición de una institucionalidad, son aspectos que Eduardo Bitran destaca como críticos para impulsar el desarrollo tecnológico en Chile.

El reconocido profesional, actualmente académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y presidente del Club de Innovación, analiza para MINERÍA CHILENA la forma cómo esta industria puede avanzar en la agregación de valor.

¿Cómo evalúa el impulso al desarrollo tecnológico desde la minería?

Hay un planteamiento que surge con mayor claridad cuando se crea el programa estratégico de Minería Alta Ley y se plasma en un plan el concepto de minería virtuosa, en el sentido de que los enormes desafíos de productividad y sustentabilidad que tiene el sector minero, en Chile y en el mundo, pueden transformarse en una oportunidad de generar innovaciones y, al mismo tiempo, permitan crear capacidades en el ecosistema nacional.

Han pasado algunos años desde el lanzamiento de la iniciativa. Alta Ley es quizás uno de los  programas estratégicos con la expresión más clara orientada al tema de la innovación y de vinculación, sobre todo con proveedores que puedan incorporar tecnología, con gran ambición. Y hay avances.

¿Cómo se refleja eso?

Que existan hoy día tres consorcios que están trabajando en temas de relaves, tanto desde la perspectiva de la valorización, como del monitoreo, la evaluación, y el abordar el tema de la licencia social que está asociada al tema de los relaves, es un avance.

Hay programas que están involucrados con temas de la industria 4.0, que tienen que ver con la interoperabilidad, para poder avanzar hacia una minería autónoma, sin quedar de rehén de pocos proveedores.

Se crean los centros de pilotaje, que deberían articularse estrechamente con las empresas mineras y con el programa que lleva la Fundación Chile, de desarrollo de proveedores de la minería, y bajar los costos de experimentación y de probar iniciativas de desarrollo tecnológico.

Distintas realidades

 

Recientemente Eduardo Bitran estuvo en Suecia, por la Tech Mission del Club de Innovación, lo que permitió conocer la mirada de esta nación en materia de I+D.

¿Cómo se está abordando allá el concepto de minería sustentable?

Quedamos muy impresionados con el esfuerzo que está haciendo un conjunto muy importante de empresas para avanzar hacia una metalurgia y acero cero emisiones.

Crearon un centro, tienen 190 ingenieros trabajando con múltiples proyectos. ¿Por qué? Europa, Japón y Corea están avanzando con sistemas de impuestos al carbono, están comprometidos con el tema del cambio climático.

 

Los impuestos al carbono se van a hacer o se están estructurando con un esquema de ciclo de vida del producto. Eso involucra también a los insumos. Un auto eléctrico, por ejemplo, si sus componentes no tienen certificación baja en emisiones, puede llegar a tener que pagar  US$2.000 más por su traza de carbono.

Eso va a generar una diferenciación en el mercado. Ya está ocurriendo muy incipientemente, pero a ellos no les cabe ninguna duda de que va a ser una tendencia muy pronunciada. Por eso están colocando más de US$200 millones, principalmente privados, para abordar ese desafío en metalurgia.

¿Cómo se compara con la situación en Chile?

Acá se incorpora desde 2016 el tema de la minería baja en emisiones y por eso surgen también los consorcios de hidrógeno, para tratar de avanzar en la descarbonización de la minería y también abordar el  problema de los combustibles.

Cuando estuvimos en Corfo (fue su vicepresidente ejecutivo en la anterior Administración) logramos asegurar recursos en los contratos que se hicieron con las empresas del litio, para poder desarrollar un instituto de transformación energética con foco en la minería, inicialmente.

La visión que teníamos es que Chile, teniendo la mejor radiación solar del mundo, posee la oportunidad de avanzar hacia la producción de materiales con valor agregado, sobre todo que son intensivos en el uso de energía.

¿Qué relevancia le asigna a la convocatoria del Instituto Chileno de Tecnologías Limpias?

Esa iniciativa, la cual generé cuando estaba en el Gobierno, va a depender mucho de cómo se estructure. Hay que entender que el objetivo acá es desarrollo tecnológico muy vinculado al tema industrial minero.

No estamos hablando de una agenda de investigación, sino que de una de desarrollo tecnológico e industrial muy cercano a las necesidades del sector productivo, donde en muchos casos la tecnología hay que traerla de otros lados y pilotearla en Chile. Y si hay que hacer I&D se trata de tener un enfoque de innovación abierta; que las universidades puedan liderar ese esfuerzo.

Se debe crear una institución que tenga una orientación muy tecnológica y con personal muy calificado, dedicado exclusivamente a sus objetivos de desarrollo industrial y tecnológico.

Está por verse si vamos a aprovechar estos US$200 millones para hacer esta transformación de la minería a una más sustentable, segura, productiva, pero que a su vez genera un espacio para desarrollar y pilotear tecnologías que hoy día están en la frontera, y generar así un impacto transformacional en nuestra economía.

Productor de materiales

 

¿Qué rol debería asumir la industria minera?

Hoy día, y lo pienso incluso más que hace cuatro o cinco años, tenemos la oportunidad de transformarnos en un oferente de materiales producidos en forma segura, probablemente avanzando hacia una minería autónoma, y con trazas de carbono mucho más bajas, con menores impactos ambientales.

Permanecen desafíos grandes. Por ejemplo, el 60% de las reservas de cobre está en la zona central del país; los relaves son un problema importante de licencia social. El desarrollo de minería sin relaves sería un tema clave de innovación, investigación y desarrollo.

Hay una cantidad de desafíos crecientes, pero también de oportunidades, porque todas estas industrias asociadas al imperativo de abordar el cambio climático, son intensivas en materiales que Chile tiene en abundancia.

[“Los enormes desafíos de productividad y sustentabilidad que tiene el sector minero, en Chile y en el mundo, pueden transformarse en una oportunidad de generar innovaciones”.]

 

Estamos hablando que a 2040 vamos a tener 60 millones de vehículos eléctricos, generando una demanda por minería sustentable. Además, cuando pensamos que el mundo está viendo en las energías renovables la solución para el tema eléctrico, también (esas tecnologías) son un gran demandante de materiales que nosotros producimos. Los aerogeneradores son intensivos en cobre.

Pero hay que abordarlo de diferente manera a como lo hemos hecho hasta ahora;  con una visión transformadora, sustentable, donde la innovación juega un rol fundamental, y hay que tener una mirada estratégica compartida.

La pregunta es cómo logramos en este país, que es tan ideológico en estos temas, concordar una estrategia compartida; y que eso nos genera oportunidades de encadenamiento virtuosos.

¿Esto es un tema más  de recursos financieros o de cambio cultural?

La industria minera chilena invierte muy poco en investigación y desarrollo, en innovación. El mismo benchmarking que hizo el estudio de la Comisión Nacional de Productividad, donde comparó a la minería chilena con la canadiense y la australiana, muestra que la densidad de profesionales en esos países el área de innovación está en una relación de 20 a uno comparado con Chile.

Por otro lado, hay una falta de capital social, lo cual genera que la actitud inicial es la desconfianza, y eso hace que sea mucho más difícil colaborar. Tal como lo vimos en la Tech Mission en Suecia, la colaboración es la esencia de este proceso y en ese país, como hay una mirada común, independiente de las visiones políticas, todos los actores cooperan fácilmente; hay mucha más confianza.

En el índice de confianza interpersonal de la Ocde, ellos tienen uno de los más altos estándares del mundo, con un 84%. Nosotros tenemos un 13%. El tema del capital social sin duda es una restricción.

Licitación fallida

 

Como vicepresidente ejecutivo de Corfo durante la anterior administración, Eduardo Bitran fue el impulsor del proceso para atraer empresas que aportarían valor agregado a la producción de nacional de litio, gracias a un contrato con precios preferentes con el productor Albemarle. Sin embargo, los tres seleccionados optaron por retirarse de la iniciativa. A juicio del ejecutivo, el hecho que Albemarle tuviera una política de precios de transferencia en que -afirma- vendía por debajo del mercado a su matriz provocó el fracaso de esta primera licitación, al generar dudas respecto de los precios con que los productores especializados accederían a la producción de la compañía norteamericana.

El ejecutivo sostiene que el proceso “era evidente que iba a fracasar, no por culpa de Corfo, sino que por un grave incumplimiento de temas más fundamentales, como es que una empresa exportadora de recursos naturales no puede vender a su matriz a precios distintos a los de mercado”.

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