Christian Schnettler, gerente del CCM: “Existía desconexión entre el mundo de la enseñanza y el del trabajo”

El Consejo de Competencias Mineras recibió el premio Avonni 2013 mención Minería, distinción que reconoce a los proyectos que aportan a la cultura de innovación en el país, desde distintos rubros.

El Consejo de Competencias Mineras (CCM), instancia que al alero del Consejo Minero genera información que permite una mayor adecuación entre los requerimientos de capital humano de la industria minera y la formación técnico-profesional en Chile, recibió el premio Avonni 2013 en la categoría Minería, instancia que distingue a proyectos de innovación nacionales que sean un aporte para el país. “El CCM es una iniciativa de 11 empresas de la gran minería, que trabajan en colaboración con otras compañías del sector minero, con proveedores, con el mundo formativo y con el sector público, y que cuenta con la asesoría experta de la Fundación Chile”, detalla Christian Schnettler, gerente del CCM, quien en conversación con MINERÍA CHILENA dice que el premio es un “reconocimiento al trabajo asociativo innovador de la gran minería orientado a generar en Chile una vinculación sistémica entre el mundo productivo y el de la formación técnico-profesional”.

¿Qué atributos tiene el CCM que lo hacen merecedor del premio?

En Chile, al menos para la minería, existía una fuerte desconexión entre el mundo de la enseñanza técnico-profesional y el mundo del trabajo. Existe un desajuste en la cantidad de alumnos que el sistema educativo prepara por perfiles ocupacionales, y una deficiencia en el desarrollo de las competencias y habilidades para cada perfil. Otra cara del problema es que existe una gran cantidad de técnicos y profesionales que tienen dificultad para encontrar trabajo, porque invirtieron tiempo y recursos en una formación que no está alineada con los requerimientos del mundo laboral.

El CCM permite enfrentar este problema en forma sectorial, como nunca antes se había hecho en Chile, compartiendo información y entregando estándares y herramientas desde la industria minera al mundo de la educación. Es destacable, por ejemplo, que la industria pueda generar información periódica del número de cupos de trabajo que estará demandando y lo haga anticipadamente, indicando competencias requeridas, de manera que el mundo de la formación cuente con tiempo para reaccionar y preparar ese talento. Por otro lado, el Estado puede definir programas de formación para el trabajo en línea con los cupos que serán demandados, haciendo más rentable su inversión en capacitación de personas de los quintiles más vulnerables de la población.

¿Cuál es el mayor aporte del CCM a la innovación?

Nunca antes una industria en Chile, mediante un trabajo sectorial, había publicado información sistematizada, actualizada y detallada sobre requerimientos proyectados de capital humano por perfiles de cargos. Es lo que nosotros hacemos mediante los informes anuales de fuerza laboral, con proyección a 8-10 años.

Tampoco antes un sector productivo había definido y comunicado claramente las competencias laborales necesarias para desempeñarse en los procesos medulares de su cadena de valor principal, ni había compartido abiertamente las necesidades de formación por perfiles, explicitando conocimientos, habilidades y rutas de aprendizaje para el desarrollo laboral de sus trabajadores. A esto apuntamos con nuestro Marco de Cualificaciones Mineras, que es absolutamente revolucionario en el país.

Y ninguna otra industria en Chile había preparado y puesto libremente a disposición de los centros de formación soluciones curriculares para la implementación de programas de estudio. Se trata de “Paquetes para Entrenamiento en Minería”, que se podrán simplemente aplicar o adaptar, y que incluyen para cada perfil ocupacional estándares sugeridos de infraestructura y tecnología, manuales para los instructores, actividades para los estudiantes, cuadernos de gestión, e incluso instrumentos de evaluación.

¿Quiénes ganan con esto?

Bajo este esquema de trabajo, los centros de educación y capacitación pueden mejorar la calidad de la formación para los interesados en desempeñarse en el sector; se optimiza el uso de los recursos invertidos en educación y capacitación, tanto por parte de las familias como del Estado y de las empresas; se incrementa la empleabilidad de los egresadosl, y se amplían las oportunidades para que personas vulnerables, mediante becas focalizadas del Estado y de algunas empresas, aprovechen al máximo las oportunidades laborales que genera el desarrollo minero. Y gana también la minería, porque se logrará saldar la brecha de capital humano que existe para las mineras y sus contratistas, con la calidad y en los tiempos requeridos.

 

 

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