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Andrés Aguirre: “Se ha puesto de moda cuestionar los servicios externos”

Según el representante de los proveedores, Aprimin, la minería no puede pretender tener las dotaciones dimensionadas para los peak de demanda ni los profesionales capacitados en las últimas tecnologías para resolver temas técnicos.

A un año de asumir la presidencia de la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (Aprimin), Andrés Aguirre, vicepresidente de Komatsu, preferiría estar hablando de la creación de la Comisión de Innovación, de la de Productividad y Costos o del Comité de RSE de la asociación, pero son otros los temas en agenda.

Hoy, además de la desaceleración de la inversión minera, lo que más ocupa al presidente de Aprimin, pues entiende el carácter cíclico de la industria, es el cuestionamiento al modelo de externalización de servicios que, asegura, impulsó el desarrollo de la minería en los últimos 20 años. También le inquieta la estigmatización de los proveedores como “contratistas”, así como la tendencia a comprar en países de costos y estándares bajos.

“Van a pasar dos o tres años antes que la minería repunte, pero lo hará. Algunos asociados dudan si para entonces seguiremos siendo los proveedores de las grandes mineras, si cuando el precio del cobre vuelva a los US$4 el país tendrá la capacidad de capitalizar la bonanza para desarrollar su base de proveedores y generar el conocimiento que nos transforme en un mercado exportador”, reflexiona Aguirre.

¿Cuál es el escenario actual para los proveedores de la minería?
Contamos con una base de proveedores espectacular, combinando multinacionales instaladas en Chile y numerosas empresas nacionales que cubren todo el espectro de las necesidades de las mineras. Sin embargo la situación es muy desafiante. Para aquellos que suministran bienes lo es porque sin proyectos no hay demanda. Son empresas que venden a iniciativas nuevas, ampliaciones o renovaciones de flota, y eso está muy detenido. Pero también porque cada vez hay más competencia, especialmente de proveedores de países de bajos costos.

Para los que suministran servicios, en cambio, es desafiante porque se ha puesto de moda cuestionar los servicios externos, decir que no se justifican o que no son eficientes.

[“Esperamos que no todo sea reducir, que también se haga reingeniería para lograr que ese 35% de productividad del trabajador externo se eleve, al menos, a un 50%”, asevera el presidente de Aprimin.]

¿Se ha vuelto más áspera la relación con las empresas mineras?
Éste es un negocio cíclico; hace tres años eran los proveedores los que tenían mayor poder de negociación, hoy son las mineras. Nosotros queremos colaborar, llevar la discusión a un terreno de crear valor compartido, y no necesariamente tocar los márgenes; al revés, ojalá las empresas ganen más, pero haciendo las cosas mejor.

¿Algunas empresas están pagando la consecuencia de un crecimiento mal planificado durante la bonanza?
Claro, existen ineficiencias que se crearon en los años de bonanza, costos que subieron más allá de lo razonable. Hoy las empresas mineras, por ejemplo, exigen que lo proveedores se certifiquen por un organismo externo, por muy pequeño que sea el proveedor. Yo fui gerente de Abastecimiento de algunas mineras y nunca lo consideré necesario, salvo para contratos muy críticos, pero hoy, según con la minera que se trabaje, se tiene que pasar por el cedazo de una firma calificadora, y que no es la misma para todas las empresas mineras.

Así como vemos estas grasas en las mineras, los proveedores también hemos creado algunas, que llevamos un par de años tratando de eliminar.

Existen muchas oportunidades en temas de productividad, especialmente con exigencias administrativas creadas en tiempos en lo que todo se pagaba y que hoy tienen que ser revisadas. Como Aprimin, por ejemplo, hemos impulsando la homologación de la acreditación de los trabajadores en faenas y creamos una Comisión de Productividad, que busca trabajar con las mineras en eliminar barreras e identificar oportunidades para dar un salto relevante, pues la brecha es enorme. Muchos proveedores internacionales que operan en varios países mineros comentan ejemplos donde por diversas razones en Chile requieren dotaciones del doble o más que en otras partes.

“El sistema de turnos 7×7 para los proveedores deja muy poco espacio para capacitar a una persona. Nos encantaría un 8×6, en el que ese día extra, cada dos semanas, se destine a capacitación”, propone Andrés Aguirre.

Reingeniería

¿La revisión de contratos es algo que han reproducido los grandes proveedores aguas abajo en la cadena de valor?
Es nuestra obligación. En términos generales, los proveedores de Aprimin, entre 2013 y 2014, bajaron en cerca de 7.000 el número de trabajadores. También se han reducido los consultores, han cambiado las políticas de celulares, de viajes, etc. Todo empieza a apretarse.

No obstante, esperamos que no todo sea reducir, que también se haga reingeniería para lograr que ese 35% de productividad del trabajador externo se eleve, al menos, a un 50%. Hay que preguntarse por qué tenemos distraída a la gente tanto tiempo en temas de ingreso, de firma de papeles, de espera de autorizaciones, en reuniones, etc.

En ese sentido, ¿está de acuerdo en que el modelo de externalización debe pasar la prueba de la blancura?
Todo siempre debiera estar pasando el test de la blancura; lo que no me parece es que se estigmatice un sector. Estamos convencidos que las mineras van a ser más competitivas en la medida que tengan los correctos servicios externos. La minería no puede pretender tener las dotaciones dimensionadas para los peak de demanda ni los profesionales capacitados en las últimas tecnologías para resolver temas técnicos.

Los proveedores permanentemente están visitando faenas en Chile y el mundo, por lo tanto, su capacidad de resolver temas técnicos usualmente es mucho más alta que la de una minera. A su vez, es habitual que proveedores de equipos otorguen servicios de mantención integral, garantizando tarifas y rendimientos, minimizando el riesgo de la minera y permitiéndole concentrarse en los temas netamente mineros y metalúrgicos, que es donde está el negocio.

Hay que tener cuidado en no estigmatizar los servicios externos, porque si se llegara a internalizar tareas que no conviene, la minera pasa a ser mucho menos competitiva. Hoy todos están conscientes de que si se cambia el modelo en forma drástica se perderá competitividad.

Como proveedores tenemos la responsabilidad de tener a la gente correcta y capacitada para que durante las horas contratadas se realice un buen trabajo.

¿Y así se está haciendo?
Hemos ido mejorando gracias a la menor rotación. Durante los años de mayor crecimiento los proveedores con mayor cantidad de trabajadores en faenas llegaron a tener casi un 50% de su dotación con antigüedad menor a un año. Esto hace que sea muy difícil tener la dotación entrenada. También hay que reconocer que el sistema de turnos 7×7 para los proveedores deja muy poco espacio para capacitar a una persona. Nos encantaría un 8×6, en el que ese día extra, cada dos semanas, se destine a capacitación.

Con la revisión de los contratos de la minería han llegado empresas apostando a ganar mercado por el atributo precio…
Hay una tendencia en las empresas mineras de abastecerse cada vez más de China y para eso han instalado oficinas allá. Aquí es cuando uno comienza a cuestionarse el modelo de la minería virtuosa del que todos hablamos. Estamos convencidos que la ventaja en el largo plazo de la minería, más allá de los impuestos, es la cadena de valor que se genera; sin embargo, a los proveedores en Chile se les pregunta si traen de China o no, pues hay una especie de moda de buscar opciones de menor precio.

¿Cuánto ha afectado la judicialización de proyectos a la decisión de inversión en el sector?
Lo que pasó con lo del tranque El Mauro es dramático, el mensaje que se envía es que no hay estabilidad suficiente para invertir los altos montos que requiere la minería. Las autoridades, los poderes Ejecutivo y Legislativo, y la comunidad minera debemos trabajar para simplificar la obtención de permisos para proyectos nuevos o ampliaciones, sin que necesariamente sean menos exigentes, y que no puedan ser revocados si se cumplen los estándares comprometidos.
Las comunidades deben ser tomadas en cuenta y deben recibir beneficios de los grandes proyectos que las impacten, pero muy diferente es lo que sucede hoy, donde existen prácticas que normalmente buscan sacar dividendos económicos para personas ajenas a esas comunidades.

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