Un desafiante 2020

El país enfrenta un 2020 desafiante, con una agenda que estará marcada por la evolución del estallido social y sus consecuencias en diversos ámbitos, siendo el más relevante el proceso en marcha para una nueva Constitución, junto con una serie de transformaciones en las áreas más sensibles en materia de las demandas exigidas por la ciudadanía.

No obstante las incertidumbres que esto genera, especialmente en el ámbito de sus impactos en la actividad del país, la minería ha mantenido un ritmo relativamente normal y no se prevé que esto cambié en el corto plazo. Por ello, sin restar relevancia al tema dominante en la coyuntura, el sector enfrenta otros desafíos y oportunidades que concentran su atención.

En este sentido, una noticia favorable la constituye la mejoría con que cerró 2019 el precio del cobre en los mercados internaciones, en la medida que China y Estados Unidos acercaban posiciones para destrabar sus disputas comerciales.

Una mayor cotización del metal contribuye tanto a dar una posición más sólida a las compañías mineras para sus planes de negocio e inversión, como también a incrementar el aporte que éstas realizan a las arcas fiscales, tema clave en un año en que aumentarán las presiones por una mayor contribución.

[El Banco Central destacaba que serán los proyectos mineros en marcha los que compensarán en parte la caída prevista de la inversión para este año.]

 

Cabe destacar que en su último Informe de Política Monetaria el Banco Central destacaba que serán los proyectos mineros en marcha los que compensarán en parte la caída prevista de la inversión para este año (del orden de un 4%).

Entre estas iniciativas se encuentran SGO de Spence (US$2.460 millones), que según su dueño BHP, se encuentra avanzando en línea con su programa y presupuesto. Su puesta en marcha está prevista para el segundo semestre del actual ejercicio.

De igual modo avanzan los proyectos INCO, de Los Pelambres; QB2, de Teck; y la ampliación de Mantos Blancos, de Mantos Copper. Junto con ello, podría haber novedades con respecto al futuro de Salares Norte, de Gold Fields -que recientemente obtuvo su aprobación ambiental-, y Desarrollo Minera Centinela, de Antofagasta Minerals.

Codelco, en tanto, trabaja en la construcción del Nuevo Nivel Mina, de El Teniente, y el Nuevo Sistema de Traspaso en Andina, así como en el ramp up de la recientemente inaugurada operación subterránea de Chuquicamata. La compañía encara, además, el desafío de sacar adelante sus otros proyectos estructurales (junto con otras inversiones), lo que involucra para su administración temas complejos, como son el financiamiento de esta cartera (sin novedades por el momento de una nueva capitalización por parte del Gobierno), lo que va aparejado con incrementar la productividad de sus operaciones y de seguir reduciendo costos.

El futuro de proyectos cuestionados, como Dominga e Isla Riesco, es  otra arista pendiente y gravitante para el sector, por las señales que transmitan para los inversionistas; al igual que el debate sobre la Fundición Ventanas.

Más allá de cómo todo esto se resuelva, no hay duda de que los temas socioambientales seguirán con más fuerza, lo que obliga a las compañías mineras a actuar en forma proactiva, adelantándose a eventuales conflictos y guiándose por criterios aún más exigentes que los dictados por el marco legal vigente.

En este contexto, son claves el relacionamiento con las comunidades, el tema laboral y -con carácter ya crítico- la demanda hídrica, que involucra un creciente uso del agua de mar.

Finalmente, está la tarea pendiente de contar con una política minera de largo plazo, que asegure la sustentabilidad del sector y su aporte al país, no solo basado en la exportación de minerales, sino de bienes, servicios y -por sobre todo- de conocimiento en minería.