La amenaza de la sequía

Recientemente Anglo American informó que, debido a la menor disponibilidad de agua en el periodo octubre-diciembre, la producción de Los Bronces disminuyó en 28% a 71.700 toneladas, y que registró una disminución de 44% en el procesamiento de la planta (7 millones ton vs. 13 millones ton). Se trata de una nueva alerta producto de la sequía en la zona centro-norte de Chile, que enfrenta unas condiciones climáticas sin precedentes al no disponer de los recursos hídricos suficientes para cubrir sus necesidades.

La minería, la industria forestal y la agricultura son los sectores económicos más afectados a la fecha: restricciones productivas, plantas paralizadas y exportaciones disminuidas son los efectos de este “terremoto silencioso” que impacta al país desde hace una década pero que, actualmente, ha llegado a su punto más crítico. “En 2019 se vivió uno de los años más secos que se haya registrado y el más seco desde el inicio de la actual sequía”, analizó Anglo American al informar su baja productiva.

Son seis las regiones que hoy se encuentran bajo decreto de Emergencia Agrícola y Escasez Hídrica. “Estamos viviendo la peor sequía de nuestra historia. Chile se está secando y todos debemos ser parte de la solución”, señaló el ministro de Obras Públicas, Alfredo Moreno, durante la conformación de la mesa público-privada para diseñar una política nacional para contrarrestar, de alguna forma, la escasez de agua.

En este contexto, algunas de las ideas planteadas son el desarrollo de una carretera hídrica o la construcción de usinas desaladoras multiusuarios. Soluciones como estas ya son conocidas por la industria minera la que, con su experiencia, tiene mucho que aportar en este crítico escenario. Cabe recordar que el consumo minero no supera el 3% del total de agua fresca utilizada en Chile y que la industria ha logrado mejorar su eficiencia en el uso del recurso reduciendo su consumo unitario en más de 30% en un periodo menor a diez años.

El Consejo Minero ha destacado que el uso de agua de mar (salada o desalinizada), ya representa un 23% de toda el agua que usa la minería. Asimismo, según el informe de Cochilco “Proyección del consumo de agua en la minería del cobre 2018-2029”, se proyecta que a 2029 el consumo de agua de mar representará un 43% del requerido por la industria.

Más allá de los beneficios que entrega la desalinización como fuente hídrica –y que analizamos en profundidad en esta edición de MINERÍA CHILENA-, este tipo de fuente de abastecimiento implica un alto costo que muchas faenas no pueden asumir, en especial aquellas alejadas de la costa y a mayor altura.

Este mayor costo se debe principalmente a que para realizar la desalinización y la impulsión del agua se requiere de mucha electricidad, la que aún se mantiene en precios altos. Por ejemplo, desde el Consejo Minero han evaluado que para faenas a 3.000 msnm, los costos de abastecimiento de agua de mar desalada podrían llegar a los US$5 por m3, con una incidencia de hasta un 8% en los valores de producción minera.

Por lo mismo, la primera preocupación del sector está en el uso eficiente del recurso. Es así como la recirculación se ha mantenido sobre un 70%, lo que significa que solo el 30% o menos de la utilizada en la minería es agua nueva. Por otra parte, según cifras del Consejo Minero el consumo de agua por tonelada de mineral procesado en las concentradoras ha bajado persistentemente, desde 0,57 m3/ton en 2013, a 0,36 m3/ton en 2018. Es decir, una disminución de 36%.

Más allá de cómo esta crisis hídrica se resolverá, no hay duda de que las compañías deberán actuar en forma proactiva, adelantándose a eventuales conflictos y contingencias, y guiándose por criterios de innovación aún más exigentes que los establecidos por el marco legal. Lo anterior incluye, según lo ha planteado Cochilco, generar una visión común sobre el agua que pueda aplicarse de manera consistente en diferentes regiones, sectores y en las complejas cadenas de suministro.