AIA: compromiso con el desarrollo regional

Actualmente la AIA está compuesta por 218 empresas, con mayor o menor grado de vinculación con la minería. Todos estos actores tienen el reto de afianzar y potenciar el dinamismo regional.

Son 75 años de historia, desafíos y logros los que cumple la Asociación de Industriales de Antofagasta, un hito relevante tanto en términos de la permanencia de la entidad, como también, y más importante aún, por lo activa y fructífera que ha sido su gestión a lo largo de todos estos años, en lo que constituye un ejemplo para otros gremios regionales y sectoriales.

Fue el 4 de octubre de octubre de 1944 cuando nace esta asociación. En esos años, Antofagasta presentaba una cara muy distinta a la pujante ciudad que se aprecia hoy. Como bien lo menciona en estas páginas su presidente, Marko Razmilic, la zona se encontraba postergada y sumida en el fuerte impacto que le generó la caída de la industria del salitre, además, su infraestructura era pobre e inadecuada para el impulso de iniciativas productivas.

Para revertir este escenario, 32 personas comenzaron a reunirse en la antigua Fundición Orchard con el objetivo de iniciar un trabajo de diálogo y gestiones que permitieran industrializar la Región de Antofagasta.

Fernando Cortez, gerente general del gremio, rememora en esta edición que a mediados de los ’50 ni siquiera se fabricaba cemento en la zona, y los costos de la materia prima y de la energía eran altos. “Esos fueron los derroteros del gremio en sus primeros 30 años, concentrándose en afianzar una infraestructura mínima para la existencia moderna de una actividad industrial”, remarca.

Con trabajo y persistencia, esta labor fue dando sus frutos en las siguientes décadas. Es así como en 1982 la AIA crea la Corporación de Desarrollo Técnico Industrial de Antofagasta (Codetia) y en 1985 la Exposición Industrial del Norte, Expoin, que diez años más tarde cambiaría su nombre y especialización a Exponor, transformándose en una de las principales ferias mineras del mundo.

Otras iniciativas generadas por la AIA son el Centro de Desarrollo Empresarial (CDE), que coordina los consejos gremiales y organiza encuentros de negocios, seminarios y misiones empresariales al extranjero.  Y el Sistema de Calificación de Empresas Proveedoras (Sicep), que nace en 2001, al identificar una demanda por parte de las empresas proveedoras de contar con un registro homologado para acceder a los contratos de las compañías mineras.

Asimismo, la misión de la AIA ha ido más allá de fomentar el desarrollo productivo. Prueba de ello es la Fundación Educacional Región de la Minería, integrada por esta entidad, el Arzobispado de Antofagasta y la Congregación Salesiana, responsable de los colegios técnicos Don Bosco de Antofagasta y Calama.

Sin duda todo estos esfuerzos se vieron potenciados por el boom de la gran minería. Entre 1990 y 2013 la inversión y producción minera crecieron como nunca antes en la historia, lo que se tradujo en un impacto muy positivo en los indicadores socio-económicos de la Región de Antofagasta. Es esta industria la que debe servir de sustento para dar un nuevo salto.

Actualmente la AIA está compuesta por 218 empresas, con mayor o menor grado de vinculación con la minería. Todos estos actores tienen el reto de afianzar y potenciar el dinamismo regional, no solo enfocándose en las necesidades del día a día de la actividad extractiva, sino que además generando equipos, servicios y soluciones con mayor valor agregado, siguiendo el ejemplo de otros países mineros, como es en particular el caso de Australia. Y junto con ello, salir a conquistar a nuevos mercados en el extranjero, para hacer de la región un polo no sólo en explotación minera, sino en conocimiento. Esa es la vía para construir un desarrollo realmente sustentable.

El ejemplo de estos 75 años nos permite confiar en que la AIA y sus asociados están a la altura del reto. Por ello, los saludamos en este aniversario y los apoyamos en su misión.