Revista Minería Chilena Nº452

febrero de 2019

Un duro golpe para la actividad minera mundial. Sólo así se puede describir lo que representa para esta industria el reciente colapso en la represa de la compañía Vale, en Brumadinho, estado de Minas Gerais.

Antes que todo, por las víctimas fatales y desaparecidos, cuyo número al cierre de esta edición seguía en aumento. Lo ocurrido sólo puede ser catalogado como una negligencia absolutamente injustificable, más aun considerando que en 2015 el gigante productor de mineral de hierro ya había experimentado un desastre similar en una faena de Samarco, empresa de propiedad conjunta con BHP, y que ha sido considerado el mayor accidente ambiental en la historia de Brasil.

“Mariana nunca más” fue la promesa de Fabio Schvartsman, CEO de Vale, cuando asumió el cargo en 2017, en referencia a ese hecho; poco peso tuvo ese compromiso.

Es que cuesta entender cómo se produjo nuevamente una tragedia de esta magnitud, toda vez que hablamos de instalaciones de una de las mayores corporaciones mineras del mundo, con multimillonarias inversiones en desarrollo de faenas e infraestructura para comercializar su mineral de hierro.

Pero lo ocurrido no sólo daña el nombre Vale, sino que salpica a toda la minería. Las imágenes de vastas extensiones de terreno cubiertas por el barro y residuos mineros refuerzan en el sentir de la población respecto de los principales cuestionamientos que pesan sobre el sector: ser una actividad peligrosa y que antepone sus intereses al cuidado de las personas y del medio ambiente.

[Las compañías mineras deben redoblar -cada una y en conjunto- sus esfuerzos de vigilancia y de seguridad de sus instalaciones; porque lo que ocurra en una operación repercute en la imagen de todos los actores del rubro.]

 

¿Cuál es la situación en nuestro país? Según los antecedentes que maneja el Sernageomin, a marzo de 2018 se tenían catastrados 740 depósitos de relaves, la mayor parte en las regiones de Atacama y Coquimbo. De ese total, 101 se encontraban activos (dos de los más grandes se ubican en la Región Metropolitana: Ovejería, de División Andina, y Las Tórtolas, de Los Bronces), 469 inactivos y 170 abandonados. Estos últimos constituyen la mayor amenaza en cuanto a sus condiciones de estabilidad.

Conscientes de esta amenaza, se están dando pasos al respecto. Fundación Chile lidera el Programa Tranque, iniciativa que pretende desarrollar un sistema estandarizado de monitoreo y alerta temprana para depósitos de relaves que, a través de una plataforma de gestión de información, proporcione a autoridades, compañías mineras y comunidades, información de calidad, confiable y oportuna sobre el desempeño de los depósitos en ámbitos de estabilidad física y química.

Un punto clave de este esfuerzo es incorporar en este monitoreo en línea a la sociedad civil, de manera que sus representantes puedan acceder en forma expedita y transparente a esta información, y de esa forma contribuir a la generación de las tan necesarias confianzas entre la minería y su entorno.

Lamentablemente la generación de relaves y desechos mineros es una condición hasta ahora inevitable asociada a la actividad extractiva. Por ello, avanzar en nuevas tecnologías que acoten su impacto, como la depositación espesada y en pasta, es una vía que la industria debe seguir impulsando. El diálogo franco y transparente con las comunidades es otro requisito cada vez más insoslayable.

Pero junto con ello, las compañías mineras deben redoblar -cada una y en conjunto- sus esfuerzos de vigilancia y de seguridad de sus instalaciones; porque lo que ocurra en una operación repercute en la imagen de todos los actores del rubro.