Revista Minería Chilena Nº456

junio de 2019

Con una tradición centenaria que se remonta a los tiempos de la colonia, la minería mexicana ofrece ventajas que le asimilan -en ciertos ámbitos- a la industria chilena. Una de ellas, es su amplio potencial en cuanto a la diversidad y abundancia en minerales preciosos y base. Diversos estudios señalan que dos tercios del país presentan condiciones favorables para el desarrollo de la actividad, de las cuales un porcentaje inferior ha sido explotado.

Tal es el caso de Sonora, Zacatecas y Durango, estados que han florecido producto de la minería. Recordemos que México es el primer productor del mundo en plata -con una participación del 23% en el mercado del orbe- sexto en zinc, séptimo en cobre y noveno en oro.

Su capital humano está compuesto por ingenieros y técnicos calificados, especialmente en minería selectiva, actividad que genera de forma directa 370.000 puestos de trabajo. Mientras que su participación en el Producto Interno Bruto (PIB) nacional es del 2,5%, con inversiones materializadas en proyectos mineros por US$4.300 millones (en 2017), y  concentrando junto con Chile y Perú el 68% de la inversión latinoamericana en exploración.

En suma, se trata de cifras que generan un importante foco de atracción para la inversión nacional y extranjera en México. No obstante, la industria minera del país azteca no está exenta de desafíos. Las variables del negocio alusivas a ámbitos sociales y laborales son materias en las cuales los mexicanos presentan significativas brechas en relación al éxito con el que Chile ha abordado estos factores.

[Todas las materias enunciadas presentan significativas oportunidades para empresas proveedoras, de servicios y de asesoría chilenas que bien podrían mirar a México como un polo que amplíe su red de trabajo.]

 

Tal es el caso de la seguridad. En el país del norte la cultura de seguridad y salud de sus trabajadores es una materia pendiente; los índices están muy por sobre la media reportada por el ICMM. Así también, el desarrollo sustentable en cuanto al relacionamiento comunitario proactivo y en línea con el desempeño operacional armónico con el entorno, presenta oportunidades para adelantarse de mejor forma a las tendencias de la industria a nivel internacional, como son los desafíos en el uso de recursos no renovables y la eficiencia energética.

En cuanto a la productividad de las operaciones, México aún puede avanzar en métodos que robustezcan sus procesos de acuerdo con las innovaciones ya probadas en el rubro. En este aspecto, falta espacio o bien el consenso del gremio minero para trabajar en conjunto para el desarrollo de proveedores integrales, capaces de ofrecer servicios de alta calidad que generen encadenamientos productivos en las regiones mineras, en una relación en la que todos se vean beneficiados.

Finalmente, en lo que respecta a las relaciones laborales tanto con trabajadores propios como contratistas, se podría ahondar en una visión de desarrollo de la actividad sindical en línea con la gestión del desempeño y la productividad.

En resumen, todas las materias enunciadas presentan significativas oportunidades para empresas proveedoras, de servicios y de asesoría chilenas que, apostando por la transferencia de capacidades en base a la experiencia adquirida en Chile, bien podrían mirar a México como un polo que amplíe su red de trabajo.