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Cuándo y cómo se va: La decisión de don Nelson

Hay al menos un hito que lo retiene: la culminación de sus más de 50 años de vida minera con la inauguración de un proyecto emblemático.

(La Segunda) En el mundo minero no hay nadie al que uno le pregunte por “Don Nelson” y no sepa de quién están hablando. Entre los “viejos” de la mina y los ejecutivos, coinciden: “El hombre que más sabe de minería en Chile”.

Un corto resumen de la vida de Nelson Pizarro Contador es que nació en Illapel hace 78 años como el menor de siete hermanos, estudió Ingeniería en Minas en la Universidad de Chile entre 1960 y 1965, y los restantes 54 años son todo minería, desde el carbón en Lota Schwager, donde empezó, hasta el cobre en casi todas las operaciones mineras del país.

Quizás esto es lo que le ha dificultado tanto dejar el último escalón de su carrera, el de presidente ejecutivo de Codelco, donde ha estado los últimos cuatro años y medio. Porque para todos los que lo conocen, Pizarro ya está cansado. Incluso él mismo ha dicho a sus cercanos que en su casa ya no soportan su ritmo laboral de 13 horas diarias, incluidos sábados y domingos.

Quiere irse. Disfrutar sus años dorados con la familia y su conocida lancha en las costas de la Región de Coquimbo.

Pero su partida se ha dilatado un poco más de lo previsto. Pese a haber sido designado en el gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet —en rigor, con el nuevo gobierno corporativo es el directorio quien elige al presidente ejecutivo—, el actual mandatario Sebastián Piñera le pidió que se quedara.

Tratativas en las que incidieron varios directores de la cuprífera, en pos del desarrollo de los proyectos que la estatal mantenía pendientes.

Él aceptó por su amor de minero a varios de los proyectos de la estatal.

Pero ahora el momento de su partida es inminente. Sólo le falta un paso final: la inauguración de uno de sus proyectos insignia, tal vez el más desafiante que le ha tocado: convertir en subterránea la centenaria mina a rajo abierto de Chuquicamata. Él ha reconocido que ese hito es la principal razón que lo retiene en la estatal y que luego se marchará.

“El directorio mantuvo a Pizarro porque tenía temas importantes que cerrar bien y también porque no se podía seguir cambiando los presidentes ejecutivos cada vez que había cambios de gobierno, porque eso es una pésima señal. Sin embargo, Pizarro ya tiene sus años y al parecer él ya quiere ir mirando hacia una salida cuando cierre esos temas, el principal de los cuales es Chuqui Subterráneo”, reconoce un exdirector de la estatal.

Para este paso ya no se cuentan años ni meses, sino que incluso podrían ser sólo semanas. “Ya está lista. Si La Moneda quiere inaugurarla mañana, lo podemos hacer”, reconoce una alta fuente de la minera tras consultarle si después de sus dichos de esta semana —“¿Cómo se puede ir a China sin Codelco presente?”— desde el Gobierno estaban interesados en adelantar su partida, dada la conocida molestia por sus dichos.

No es secreto que a Pizarro le ha costado adaptarse a la nueva administración de la estatal y también al Gobierno. Su carácter fuerte le ha jugado algunas malas pasadas. Con el presidente del directorio, Juan Benavides, la relación es estrictamente lineal —“de jefe”—, muy distante de la relación de dupla que vivió con Óscar Landerretche, quien lo dejó ser en la administración, mientras él se encargaba de los aspectos más políticos de la estatal. Con el ministro de Minería, Baldo Prokurica, las cosas no son mejores. Basta mirar las declaraciones que ambos han dado a la prensa en temas como la capitalización: A fines del mes pasado, Pizarro urgió al Gobierno a entregar más aportes económicos y el ministro respondió que ese tema se vería recién cuando se resolviera la reforma tributaria, lo que no parece ser pronto.

Pendientes sindicales

El problema es que no es llegar, inaugurar y que Pizarro se vaya. “Por ningún motivo (adelantará su salida). Tengo que terminar la pega que estoy haciendo”, respondió el jueves a Pulso el propio Pizarro.

Es que hay demasiadas aristas que “el jefe”, uno de sus tantos apelativos, debe cerrar o por lo menos dejar muy bien encaminados a su futuro sucesor. Uno no menor es la negociación colectiva que la minera lleva adelante con los sindicatos 1, 2 y 3 de la propia división Chuquicamata y 1 de Antofagasta, que engloban a alrededor de 3.200 trabajadores.

Ese tema no es para nada fácil. De hecho, varios ejecutivos de la estatal esperaban cerrarlo antes de inaugurar las nuevas dependencias subterráneas, pero se ha ido complejizando cada día más. La minera intentó a fines del año pasado adelantar la negociación, pero no fructificó y ahora, durante los últimos días de marzo, se inició el proceso formal, en que los sindicatos presentaron su petitorio. El tema es que la propia administración decidió ir a tribunales a pedir que se atrase hasta que la Dirección del Trabajo defina los servicios mínimos, lo que fue visto por los dirigentes como un intento de bloquear una eventual huelga legal.

Por eso es que ahora el cierre de la negociación ya no necesariamente es visto como una cuestión a despejar previo a la inauguración de Chuqui Subterráneo. Las conversaciones podrían incluso pasar a junio-julio si no hay acercamientos y es solicitada la mediación de la autoridad a través de los “buenos oficios”.

De todos modos, hasta ahora desde La Moneda no se ha puesto urgencia al corte de cinta, pero esperan que no pase del tercer trimestre.

En lo sindical, un tema que Pizarro no alcanzará a dejar resuelto es el proceso de desvinculaciones que vivirá la división nortina una vez que se produzca la transformación de la mina. Son unos 1.700 los mineros que deberán abandonar a la compañía, pero es un proceso gradual que podría tardar varios años y que requiere una continuidad de liderazgo del tipo Pizarro. Pese a que fue bautizado como “Manos de Tijera” por todos los recortes de personal que ha realizado en distintas épocas, siempre ha sido capaz de cultivar una buena relación laboral y mantener acotados sus efectos políticos.

Su sucesor también tiene por delante continuar con los ajustes de costos, que son una constante en la compañía. Mientras no haya capitalizaciones, la empresa debe seguir adelante con este plan, que incluye reordenamientos de personal entre divisiones y la salida de varios ejecutivos. De hecho, hace una semana fueron desvinculados seis gerentes de segunda línea en las áreas de comercialización, sustentabilidad y finanzas. Y esto seguirá. “Como decía el Padre Hurtado, ‘hasta que duela’. O cortar costos hasta el hueso, hasta que la cuchilla no pueda cortar más. Se puede, siempre se puede”, dijo Pizarro en 2016, en pleno recorte de costos cuando el precio del cobre bajaba de los US$ 2 por libra y la minera tenía pérdidas.

Candidatos para su reemplazo van y vienen

¿Quién podría hacerle el peso a Pizarro como nuevo hombre fuerte de Codelco? No está claro.

Pese a que él mismo habló de realizar un plan de sucesión, donde se ha encargado de formar a eventuales candidatos internos, nada está definido aún y suenan muchos nombres, ninguno con más ventajas que otro.

Octavio Araneda y Álvaro Aliaga, vicepresidentes del área centro-sur y norte respectivamente, tienen un expertise muy minero y de producción, y su atractivo mayor está en su capacidad para continuar con los proyectos de crecimiento de los distintos yacimientos. Pero si se quiere enfatizar en los números y costos, compiten con José Robles (VP de productividad y costos) y Alejandro Rivera (VP de finanzas), los otros que suenan como eventuales reemplazos.

Eso sí, internamente hay quienes plantean que la trascendencia de Pizarro dentro de la historia de Codelco pesa sobre estos ejecutivos y se les haría difícil el intento de imponer su sello propio. Pizarro mismo ni siquiera ha querido mencionar a alguno por sobre otro, porque la creencia es que el nombre que diga podría ser vetado, dada su poca sintonía con parte importante de la mesa directiva.

Por eso, y tal como ha sido en la historia de la compañía (nunca ha habido un presidente ejecutivo que venga de adentro), la apuesta de muchos es que salgan a buscar un reemplazo. Ahí saltan otra vez nombres conocidos, como el del presidente ejecutivo de Collahuasi, Jorge Gómez, que a sus cercanos ha reconocido contactos que no avanzaron. Francisco Costabal, el ejecutivo de Freeport McMoRan, también ha sido mencionado. Ambos estuvieron en el proceso de elección de 2014, cuando finalmente Pizarro ganó.

Ahora, el sueldo es quizás la principal traba para atraer a un ejecutivo de primera línea de la minería. Según la página de Transparencia de Codelco, el presidente ejecutivo recibió una remuneración total líquida entre abril de 2018 y marzo de 2019 de más de $471 millones, lo que equivale a $39 millones mensuales al dividirlo por 12. El CEO de la multinacional global Anglo American, Mark Cutifani, recibió 3,4 millones de libras en 2017 (en salario más bonos, equivalente a $2.950 millones o $245 millones mensualizado). Y el jefe ejecutivo de la chilena Antofagasta Minerals, Iván Arriagada, recibió US$ 1,8 millones en 2017 (salario más bonos, lo que equivale a $1.211 millones o $100 millones mensuales).

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