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Pese a inversiones sobre US$ 2.000 millones, fundiciones locales son caras y contaminantes

Según las estimaciones, para llegar a los estándares mundiales, con capturas por sobre el 98% de las emisiones, se necesitarían nuevos desembolsos por sobre los US$ 4.000 millones.

(El Mercurio) En medio de la polémica medioambiental que se desató en Quintero por la contaminación de la ciudad, los dardos apuntaron -entre otros- a la fundición Ventanas de Codelco, recinto que se encuentra en medio de una profunda remodelación.

De hecho, esa fundición es actualmente de las más avanzadas del país, luego de la importante inversión que tuvo que realizar Codelco para adecuarse al Decreto Supremo 28, mediante el cual se exige que al 13 de diciembre de este año estos recintos cuenten con tecnología para capturar al menos el 95% de los gases que emiten.

Según cifras que maneja la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), se han invertido cerca de US$ 1.558 millones, de un total de US$ 2.333 millones que se estiman de aquí a que se cumpla la norma, en las cinco fundiciones chilenas (cuatro de Codelco y una de la Empresa Nacional de Minería, Enami). Las otras dos son de propiedad privada, Chagres, de Anglo American, y Alto Norte, de Glencore.

No obstante, a pesar de este importante desembolso, las fundiciones de Chile se encuentran en los últimos puestos entre las 56 que existen en todo el mundo. Como ejemplo, dentro de las diez más contaminantes, cuatro están ubicadas en Chile, las que además solo cuentan con capacidad para recuperar tres tipos de metales: oro, cobre y plata.

Según estimaciones de los expertos de JRI Consultores, avanzar hacia el 98% de captura de las emisiones y alcanzar los estándares mundiales tendría un costo adicional de entre US$ 4.000 millones y US$ 4.500 millones, lo que se suma a una construcción superior a los tres años.

Estos estudios fueron presentados en 2015 en un informe elaborado por la Comisión de Minería y Energía del Senado que fue entregado a las autoridades del ministerio del ramo de la época, pero que no provocó cambios en las disposiciones legales.

En ese informe ya se hacía prever lo poco conveniente de ir a una inversión para llegar a una cobertura del 95%. “La inversión que el Estado inexorablemente debe efectuar en sus fundiciones para ese efecto será más eficiente si en lugar de invertir montos menores en soluciones coyunturales destinadas a que nuestras fundiciones cumplan esa normativa, se realiza un esfuerzo de inversión sustantivamente mayor para someter las instalaciones a modernizaciones profundas y consistentes que habiliten para alcanzar capturas de 99% o más”, fue una de las conclusiones de ese estudio.

El riesgo asiático

Cada cierto tiempo, la discusión sobre la conveniencia de tener fundiciones en el país vuelve a reflotar, y es que efectivamente se trata de un negocio muy distinto al minero, con un corte más bien industrial, en el que Chile cuenta con la particularidad de que, al estar junto a las faenas mineras, los sueldos se asimilan a los de los trabajadores de estos recintos.

Junto con esto existe un factor social, ya que se estima que las fundiciones que existen a lo largo del país colaboran con unos 4.000 puestos de empleos.

No obstante, el riesgo más importante que señalan desde la industria tiene que ver con el potencial de crecimiento que tiene la industria china, que a la fecha concentra casi el 40% de la capacidad de fusión de cobre del mundo y que incluso cuenta con cabida para procesar más cobre que el que se produce en Chile anualmente.

Las consecuencias de este escenario, en circunstancias que se espera que con los nuevos proyectos la capacidad de China llegue al 62% de la fusión mundial, tienen que ver con que el gigante asiático contaría con la opción de imponer sus términos en la relación comercial con las empresas chilenas.

Esto se agrava considerando la madurez de las faenas chilenas, donde hace tres décadas que no se descubre un gran yacimiento. Esto último trae aparejado la extracción de minerales y concentrados complejos, con mayores impurezas, que significan mayores costos de producción y tratamiento, que están expuestos a mayores castigos por parte del mercado.

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