El factor Escondida

La inminente huelga de la mayor mina de cobre privada del mundo preocupa al sector minero, al gobierno y a la propia compañía. De hecho, en mayo pasado viajó a Antofagasta el CEO de BHP, Andrew Mackenzie.

(Pulso) No solo en el gobierno están preocupados por los efectos que podría generar que la mayor mina de cobre privada del país y del mundo paralice sus operaciones. La inquietud se instaló también en Melbourne, Australia, donde están las oficinas centrales de BHP, y fue tal, que el propio CEO de la compañía, Andrew Mackenzie, hizo un viaje relámpago a Chile.

La visita fue en mayo pasado, confirman varios presidentes ejecutivos del sector minero consultados, a días del fracaso del primer acercamiento que la minera y los trabajadores convocaron a mediados de marzo y que finalizó, sin éxito, a fines de abril.

Según comentan las fuentes consultadas, Mackenzie se reunió con Daniel Malchuk, presidente de BHP Minerals Americas, y se trasladaron directamente a Antofagasta, donde se reunieron con el presidente de Minera Escondida, Mauro Neves.

La visita, que duró solo un par de días y donde Mackenzie se hospedó en el Hotel Enjoy, se centró en recorrer la faena y también conversar con algunos trabajadores de Escondida, pero no se reunió con el sindicato, aclaran las fuentes consultadas. Mackenzie también visitó las instalaciones de Puerto Coloso, donde la minera construyó la planta desaladora más grande de Latinoamérica para abastecer sus operaciones.

En la compañía le ponen paños fríos a la venida de Mackenzie a Chile, pues indican que el arribo en Antofagasta del CEO de BHP no tiene vinculación con el proceso de negociación que meses después de la visita afectaría a Escondida, ya que la agenda de Mackenzie está organizada con meses de anticipación. “Viene cada año a Chile, viaja a las faenas y se reúne no solo con ejecutivos, sino también con los empleados y trabajadores”, indica la firma de manera formal.

La preocupación también se instaló en el gobierno. El jueves, varios ministerios llamaron a la mediación, instancia que ninguna de las dos partes -ni el sindicato ni la empresa- quiere convocar. “Esperamos que haya una mediación y que sea exitosa, para evitar una huelga. Si bien la huelga es el mecanismo legal, ojalá que se pueda evitar, porque todos ganan si es que hay un acuerdo anterior a ella”, dijo el ministro de Hacienda, Felipe Larraín. Es que el gobierno no quiere repetir el negativo escenario económico que se vivió en los primeros meses de 2017, debido a la paralización de 44 días de Escondida (ver infografía).

Hoy, si bien se estima una paralización que no superaría los 30 días -y que tendría un costo para la compañía, según Plusmining, de US$ 690 millones- ya hay señales de alerta. El viernes en la tarde, JP Morgan señaló que la huelga de Escondida obligaría al Banco Central a aplazar el inicio del ciclo de endurecimiento monetario. Además, estimó que una paralización de un mes tendría un impacto en el PIB del 2018 de entre 0,2 y 0,3 puntos porcentuales.

Para enfrentar la potencial huelga, al interior de la faena comenzaron desde enero de este año a trabajar en el plan de contingencia ante una inminente huelga, la que hoy está más cerca de concretarse luego que el sindicato -único- de trabajadores de Escondida votara a favor de la movilización que, si los acercamientos de este fin de semana no tienen luz verde, comenzaría el martes.

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Pero la mayor preocupación que existe en los trabajadores es no poder cumplir con las metas productivas pactadas de manera trimestral y, por ende, el no recibir los bonos comprometidos con esos cumplimientos, indican los trabajadores consultados.

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