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Una mirada a los efectos de los aluviones en el norte de Chile

Revisa cómo se vio impactada la zona y las acciones que se han llevado a cabo para ayudar a la minería y a la comunidad.

En pocas horas, los habitantes de las regiones de Antofagasta, Atacama y Coquimbo fueron espectadores de las lluvias más intensas producidas en los últimos 80 años. Sin embargo, la Región de Atacama fue la más afectada con un aluvión que arrasó con las localidades de Diego de Almagro, El Salado y Chañaral, así también con Paipote, Taltal, Tierra Amarilla y Alto del Carmen. En cuanto a Copiapó, esta resistió un poco más, pero aún así las calles terminaron tapadas de lodo, palos y piedras.

Las fuertes lluvias –en un solo día la región recibió casi 30 milímetros de agua, el 80% de todo lo que llueve en un año normal-, provocaron las crecidas de los ríos Salado y Copiapó, que al desbordarse arrasaron con todo lo que tenían a su paso.

Luciano Pinto, presidente Asociación Minera de Tierra Amarilla, comentó que las lluvias comenzaron la madrugada del 25 y se extendieron durante todo el día, pero de manera normal, sin embargo al día siguiente las precipitaciones eran torrenciales y poco habituales para la zona. “Parecía una lluvia tropical, no hacía frío”, acota. Esa mañana del 16 de marzo –cuenta Pinto– al levantarse se percató, junto a su familia, que la avenida principal de Tierra Amarilla estaba completamente llena de agua, por el colapso del río. “El 80% de la personas acá perdieron todo. Se les anegaron sus casas o simplemente se las llevó el río. Nosotros vivimos detrás de un liceo y no salvamos un poco. Igualmente, entró lodo en nuestra casa”, agrega el dirigente, según consigna la nota publicada por el Boletín Minero de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami).

Las lluvias y los consiguientes aluviones de agua y barro provocaron víctimas fatales y desaparecidos y también cuantiosos daños materiales. En el caso del sector minero, algunas empresas debieron paralizar sus operaciones, como es el caso de Caserones, mientras que en el caso de la pequeña minería el principal impacto se dio en los caminos de acceso a las faenas.

También hubo víctimas fatales en el sector como la del presidente de la asominera de El Salado, Pedro Gaete y la de su esposa, quien fueron arrastrados por el alud que destruyó prácticamente toda la ciudad. También falleció la hija del consejero de la asominera de Punitaqui, Ramón Salinas. Ángela Salinas, funcionaria del Serviu, murió en un accidente de tránsito cuando se dirigía junto a otra persona a la localidad de Alto del Carmen.

Foto: www.sonami.cl

Inmediatamente conocida la magnitud de la catástrofe, el presidente de Sonami, Alberto Salas, junto al vicepresidente Patricio Céspedes, viajaron a la zona para reunirse con autoridades locales y observar en terreno la magnitud de la tragedia.

En la visita a la Región de Atacama, las autoridades de Sonami se reunieron con el ese entonces ministro de Defensa, Jorge Bustos, el intendente regional, Miguel Vargas, y el general a cargo del estado de excepción en la región, además sostuvieron encuentros con altos ejecutivos de empresas mineras, tales como Barrick, CMP, Atacama Kozan, Pucobre y Carola.

Asimismo, reuniones con los presidentes de las asociaciones mineras de Inca de Oro, Copiapó, Caldera y Tierra Amarilla para dimensionar las consecuencias de los aluviones y conocer las necesidades de sus asociados.

Asimismo, se envió agua, dispensadores de agua, frazadas, cajas con alimentos y petróleo para apoyar a los productores que se han visto más afectados por los aluviones. Asimismo, dos profesionales de Sonami viajaron a la zona para colaborar en la correcta focalización de las ayudas entregadas por el gremio y hacer un diagnóstico de la situación de la minería en la región.

Diagnóstico de la situación

Como parte de la estrategia desarrollada por el gremio, en coordinación con el ministerio de Minería, Enami y Sernageomin, se desarrolló un catastro del sector para dimensionar el impacto del fenómeno climático en la actividad de pequeña escala.

De acuerdo a ese diagnóstico, en la zona siniestra, existen 780 faenas activas de pequeña minería que venden un promedio mensual de casi 15 millones de dólares. Este circulante dinamiza las economías locales y ocupa más de 5.500 trabajadores directos y genera sobre 22.000 empleos indirectos.

En el caso de las zonas con más daño, entre Taltal y Vallenar, se verificaron 507 faenas activas en el primer trimestre, de las cuales 130 se encontraban inaccesibles y 19 dañadas. Los problemas de conectividad constituían el principal problema, ya que de acuerdo al subsecretario Sergio Galilea, hubo más de mil 200 kilómetros afectados, de los cuales aún hay más de 600 kilómetros de caminos que presentan serios problemas. “Hemos conversado con Sonami y Enami en cuanto a la importancia de rehabilitar las faenas y caminos de modo tal que los pequeños mineros puedan volver a trabajar”.

Agregó que en un plazo de cuatro meses la conectividad de la región debería estar solucionada.

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En ese sentido, el presidente de Sonami anunció a mediados de abril en Copiapó, junto al intendente regional, Miguel Vargas, y el vicepresidente de Enami, Jaime Pérez de Arce, el lanzamiento del plan “La minería ayuda a la minería”, iniciativa de la industria minera privada en conjunto con Enami, para reactivar la actividad productiva minera, en especial de pequeña escala. Para este objetivo, la realización del catastro que aporta información y un mapeo de las faenas paralizadas o dañadas, ha sido clave para llevar adelante el plan.

[Sigue revisando esta crónica en el Boletín Minero de Sonami]

 

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