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Gobierno busca consensuar con privados fórmula para enfrentar déficit hídrico “estructural”

Carlos Furche fundamenta el trabajo que en las próximas semanas desplegará el gobierno para, en conjunto con el sector privado, definir fórmulas de largo plazo.

(Diario Financiero) “El problema número uno en todo Chile es el agua”.

Con esta afirmación el ministro de Agricultura, Carlos Furche, fundamenta el trabajo que en las próximas semanas desplegará el gobierno para, en conjunto con el sector privado, definir fórmulas de largo plazo para enfrentar el déficit hídrico del país, a partir de un análisis que sea sistemático.

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“El problema es estructural: hay menos disponibilidad de recursos y esto no quiere decir que no hay agua, sino que tenemos que hacernos responsables de que hay menos agua y que difícilmente esto va cambiar. Los efectos del cambio climático, más allá de los debates académicos, en Chile son visibles”, explicó el secretario de Estado.

A partir de esto, aseguró, es vital que tanto el aparato público como los productores agrícolas, así como otras actividades, como la energía e incluso la minería, que están siendo afectadas por este nueva realidad dejen de mirar esta situación desde un enfoque cortoplacista que apunta a combatir la emergencia.

“Hay que dejar de esperar que venga la próxima lluvia, porque ahí todos nos olvidamos de la sequía y ese es un ciclo que tenemos la obligación de romper, porque tenemos que hacernos cargo de que, simplemente, hay menos agua y aunque tengamos un par de buenos años, tenemos que seguir trabajando en esta dirección”, aseguró Furche.

En este sentido, dice que este ideal también vale para el sector público, que apoyado con esta mirada de largo plazo debería en algún momento acotar las actuaciones de emergencia que consideran la entrega de bonos para enfrentar la falta de ingresos por la paralización de actividades y otros para reactivar esos procesos, en la medida en que las condiciones lo permitan, así como la condonación de deudas, todo lo cual ejecutan a través del Instituto de Desarrollo Agropecuario (Indap) y la Comisión Nacional de Riego (CNR).

Transformación y ajustes

El secretario de Estado avaló su percepción y la necesidad de avanzar en este nuevo enfoque con datos concretos, como que en la Región de Coquimbo, que es la más golpeada con la falta de agua, se ha perdido más de la mitad de las 120 mil hectáreas de superficie de cultivos agrícolas y la misma cantidad de las 40 mil hectáreas de explotación frutícola, reducción que, a su juicio, persistirá en el tiempo.

Esto obligará a organizar el desarrollo de esta actividad a partir de tres ejes: la tecnificación de los procesos de riego, considerando que en el caso de Coquimbo el 60% de la superficie aún usa procesos tradicionales, que son menos eficientes.

A ello sumó la modernización del almacenamiento y la conducción del agua, para hacer un uso más eficiente del recurso en las zonas en que aún está disponible, a partir de la construcción de unos 16 embalses o tranques de menor tamaño, aunque sin abandonar las estructuras más grandes, y el revestimiento y cobertura de canales, para lo cual se requerirán inversiones públicas y privadas.

Sin embargo, donde debe estar el énfasis de este trabajo, dijo Furche, es la transformación y el ajuste productivo, para que en las zonas donde no se recuperarán las hectáreas perdidas, se privilegien cultivos que sean más rentables y menos intensivos términos hídricos, para lograr ingresos similares a los que se obtenían previo a la escasez.

“Esto requiere un cambio en la estructura productiva, como migrar hacia los frutos secos. Esto es un proceso, y hay gente en la Región de Coquimbo, por ejemplo, que ya lo está haciendo y pasándose a los cultivos de olivos o de nueces, que son más eficientes que las paltas en el uso del agua, por poner un ejemplo”, apuntó el titular de Agricultura, quien añadió que esto requerirá la participación de todos los organismos que dependen del ministerio y también de los gremios del sector, las asociaciones de regantes y otros estamentos.

Agregó que se tiene que analizar la opción de reubicar geográficamente algunos de estos cultivos en zonas donde haya más agua y condiciones climáticas adecuadas, como ya está sucediendo con las paltas o las uvas, dijo.

Energía: no bastan las lluvias

La mejor hidrología registrada en 2014 permitió que la generación hidroeléctrica tuviera un buen desempeño. Sin embargo, el déficit de las reservas subterráneas impactó a algunas centrales termoeléctricas, que usan agua en sus procesos de enfriamiento o refrigeración.

Este es el caso de las centrales de ciclo combinado en base a gas natural que Endesa Chile y Colbún poseen en la Región de Valparaíso, las que hace varios años enfrentan la reducción de los volúmenes disponibles en reservorios naturales de la zona de Quillota, donde están emplazadas sus unidades, fenómeno que en la temporada actual se vio acrecentado.

Lo anterior, de hecho, llevó a ambas empresas a buscar nuevas alternativas para mantener sus niveles de producción. En el caso de la primera firma, arrendó las instalaciones de una central que no disponía de combustible, y la segunda evalúa llevar en camiones agua desde la zona de Lampa.

Plantaciones y producción de paltas en crisis

Las paltas son, por lejos, la especie más golpeadas por el déficit de agua, por eso se estima que sus productores deberían adherir con más fuerza al llamado de la autoridad a buscar nuevas zonas de desarrollo.

El gerente general del Comité de Palta Hass de Chile, Juan Enrique Lazo, coincidió con esta apreciación y comentó que en el sector ya están trabajando para encontrar nuevas zonas que sean adecuadas para esta especie, que además del requerimiento hídrico, necesita condiciones particulares de clima y suelo. Por ahora están mirando nuevos sectores de las regiones de O’Higgins y Metropolitana, pero no descarta que pudieran llegar más al sur, para reemplazar las áreas que han perdido en las regiones de Valparaíso y, en mayor medida, de Coquimbo, donde el ritmo de eliminación de plantaciones se ha intensificado en las últimas temporadas.

La producción de paltos está concentrada en la Región de Valparaíso, donde la superficie plantada se redujo de 20 mil a 16 mil hectáreas, de acuerdo con los catastros del comité.

En lo que respecta a producción, la palta tiene una alternancia productiva y el período actual 2014-2015 corresponde al momento de baja, por lo que para magnificar el impacto de la sequía es mejor comparar la proyección del ciclo 2015-2016, de 200 mil toneladas, con el rango de 2013-2014, que el total alcanzó a 230 mil toneladas.

Lechería también afectada

En un informe de la Oficina de estudios y Políticas Agrarias (Odepa) fechado en enero recién pasado se hace mención al impacto del déficit hídrico en la zona austral del país, lo que está golpeando a la actividad, ganadera y, en particular, a la producción lechera.

El reporte cita datos del Departamento Agrícola de Soprole donde se da cuenta de que en diciembre las precipitaciones diarias y acumuladas en la ciudad de Osorno mostraban una condición de subnormalidad, lo que sumado a las temperaturas de esta etapa del año, ha complicado los rendimientos reales de cultivos como el nabo forrajero y la velocidad de rebrote de las praderas ya pastoreadas.

Lo anterior ha afectado la disponibilidad de alimento para los ejemplares ganaderos en esta zona del país.

Minería y nuevas opciones

Pese a que sólo representa el 5% de las extracciones de agua entre las regiones de Tarapacá y O’Higgins, la minería es sindicada como intensiva en el consumo del recurso.

Frente a lo anterior, esta industria ha buscado formas de eficientar el uso de este recurso, especialmente, a la luz del rumbo que tomará la producción de cobre que dentro de unos años estará dominada por los concentrados, cuyo proceso involucra mayores niveles de agua, comparado con los cátodos.

La preparación del sector no sólo involucra que se haya avanzado hacia niveles más altos de recirculación del recurso, llegando a representar en todas las regiones mineras, salvo la de Antofagasta, tasas por sobre el 90%, según datos del Consejo Minero a 2013.

El impulso a la desalación, que se traduce en la construcción de varias plantas en la zona norte se mezcla con la adaptación tecnológica del proceso minero, con el objeto de usar directamente agua de mar, iniciativa que empresas como Antofagasta Minerals ya tiene en aplicación en dos de sus faenas, Michilla y Esperanza. En este último caso, el recurso es impulsado hasta el yacimiento y varias empresas evalúan replicarlo en sus respectivas operaciones.

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