Puerto de Mejillones inicia estudios para construir nuevo terminal y ampliar capacidad

Juan Villarzú dice que la expansión está asociada a la minería y también a que apuntan a captar carga de Brasil y Argentina.

(Diario Financiero) Cuando desempeñó su primer período como presidente ejecutivo de Codelco, a mediados de la década del ’90, Juan Villarzú fue uno de los más entusiastas impulsores de la construcción del Complejo Portuario de Mejillones (CPM)y fue el primer presidente.

Ahora, casi 20 años después, el economista regresa a esa misma posición, en un proceso que califica como “emocionante y épico”, dado además que los resultados de esta filial de la minera estatal han sido mejores que lo previsto, en términos de crecimiento de la operación y su infraestructura, así como de las capacidades de manejo del complejo.

Precisamente este favorable desempeño, que en 2014 se tradujo en 4,91 millones de toneladas de trasferencias de carga, un incremento de 18% respecto del año anterior, tiene a la empresa estudiando una nueva expansión, pues actualmente alcanzan una ocupación del 60%, muy cercano al rango de 65% que, según Villarzú, gatillará una inversión de este tipo.

“Estamos empezando a pensar en un segundo terminal y cómo abordar este crecimiento. Estamos iniciando los estudios y el ritmo que esto tenga dependerá de cómo evolucione la carga en el terminal uno”, explica el ex timonel de Codelco.

Este desarrollo, añade, también apunta a adaptar la infraestructura del recinto a las nuevas tendencias en materia de tecnología, como el uso de contenedores para la carga, por ejemplo, del concentrado de cobre en los barcos, lo que elimina los residuos de estos productos.

A esto suma la importancia de adaptar el puerto a los requerimientos de las naves de cada vez mayor calado que llegarán al país, por ejemplo, en virtud de la ampliación del canal de Panamá.

Aunque las evaluaciones que están haciendo están en etapas iniciales, Villarzú adelanta que este crecimiento involucrará inversiones importantes, considerando que el desarrollo más reciente del puerto, que fue un terminal de graneles sólidos, que opera en concesión TGN, costó US$ 100 millones.

En materia de plazos, comenta, que durante el año van a ir trabajando en el tema para, eventualmente tomar una decisión hacia fin de año. La materialización de un proyecto de esta índole, precisa, toma del orden de seis años.

En un frente que están trabajando es en sostener acercamientos preliminares con los potenciales usuarios de la infraestructura, que además de mineras, motivadas por la reactivación de inversiones que Villarzú prevé sucederá en el corto plazo, también considera a productores agrícolas, fundamentalmente de soya, de Argentina y Brasil.

El resultado de estas tratativas definirá la vocación que tendrá este nuevo terminal, es decir, si predominará la infraestructura para graneles o de otro tipo de cargas.

El puerto de la región

El presidente del complejo portuario es enfático al asegurar que el puerto natural de la Región de Antofagasta es éste y no el de Antofagasta, que enfrenta una serie de limitaciones para responder y adaptarse al incremento que tendrá, por ejemplo, la producción de concentrado de cobre.

Respecto de la presión social en torno al impacto de este tipo de embarques de la que está siendo objeto Antofagasta, dice que Mejillones tiene mejores condiciones físicas y potencial de crecimiento.

“Creo que se instalará el acuerdo de que Antofagasta debe reforzar otra infraestructura para su población y no la portuaria”, puntualiza Villarzú.

El rebalance del cobre

El cambio estructural que está viviendo la industria minera local, debido al envejecimiento de los yacimientos y la necesidad de buscar nuevos tipos de reservas, tiene a los productores desarrollando la ampliación de sus operaciones a partir de la explotación de mineral de tipo hipógeno, que por sus características deriva en la producción de concentrados en desmedro de los cátodos.

Este fenómeno, que según proyecciones de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) a 2013, implicará elevar la producción de concentrados desde 3,7 millones de toneladas de cobre fino en 2012 a 6,8 millones de cobre fino a 2021.

Este cambio no sólo implicará que la minería requerirá mayores niveles de energía y agua para procesar el mineral y obtener su producción, sino que también la infraestructura portuaria tendrá que adaptarse para recibir y almacenar esta carga distinta y muchas veces controvertida, por los residuos que puede dejar, lo que obliga no sólo a destinar mayores superficies sino que a desplegar tecnología de carga diferente.

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