China, el nuevo financista de América Latina

En ocho años, agencias estatales del gigante asiático le prestaron casi US$ 100.000 millones a la región, sobre todo a los países que menor acceso tienen a los mercados de capitales, como Argentina y Venezuela.

(La Tercera) Tras concluir la gira por América Latina del Presidente de China, Xi Jinping, en julio pasado, el gobierno argentino anunció con ímpetu que había conseguido que el Banco Central de ese país le proveyera una vía para potenciar sus alicaídas reservas internacionales, contribuyendo así a evitar una nueva crisis. Mucho antes, cuando la Casa Rosada expropió los yacimientos de Repsol, se hablaba en el país vecino que China proveería fondos para explotar el shale gas de Vaca Muerta, en Neuquén.

Ese financiamiento finalmente lo va a dar Malasia (vía Petronas), pero eso no opaca un hecho ya bien cimentado: los países de la región están cada vez más dependientes del financiamiento chino. Xi vino a América Latina en medio de crecientes lazos comerciales y de inversión con su país. “China es el principal mercado de exportación para Brasil, Chile y Uruguay, y el segundo más grande para Perú, Venezuela y Cuba”, explica Magdalena Forster, economista de Deutsche Bank en Frankfurt.

De hecho, el volumen de comercio bilateral entre China y América Latina aumentó 20 veces entre 2000 y 2013, al pasar en ese período de US$ 12.000 millones a US$ 288.000 millones, añade Forster. Pero no sólo eso. “Los préstamos bilaterales por parte de entidades estatales chinas se han convertido en una importante fuente de financiamiento para algunos de los países de la región”, explica la economista. En total, China ha dirigido a la región casi US$ 100.000 millones en préstamos entre 2005 y 2013, a través de agencias estatales como el Banco de Desarrollo de China (CDB), que a veces actúa en cooperación con otros bancos, y el Banco de Exportaciones e Importaciones de China, conocido como China Ex-Im Bank.

El primero ha extendido el 82% de los créditos. Los préstamos se han dirigido tanto a gobiernos como a empresas y tienen una importancia relativa creciente. El monto prestado por China se acerca a los US$ 163.000 millones de financiamiento provistos por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) juntos en el mismo período. De hecho, en 2010 se materializó la mayor actividad crediticia de China en América Latina, equivalente a US$ 37.000 millones.

Este monto fue superior al que ese año extendieron juntos el Banco Mundial, el BID y el Ex-Im Bank de Estados Unidos, de acuerdo al Diálogo Interamericano, un think tank en Washington.

Los receptores En adelante, las sumas provenientes de China se atenuaron, aunque siguen siendo muy elevadas. El financiamiento de las agencias chinas en 2013 llegó a US$ 15.000 millones, unas 65 veces más que el total de 2005. En general, el dinero chino provee el financiamiento que no otorga el sector privado, debido a un escaso acceso a los mercados de capitales. Juzgando por el precio de los seguros contra ceses de pago o CDS, tres de los cuatro principales países receptores de plata china están entre los más riesgosos para los acreedores de América Latina, explica Forster: Venezuela, Argentina y Ecuador.

El emisor menos riesgoso es Brasil. Países con mayor acceso al capital internacional y menor perfil de riesgo crediticio acuden menos a China. Es el caso de Chile, que apenas ha recibido US$ 150 millones en ocho años. Entre 2005 y 2013, en cambio, Venezuela recibió más de la mitad de los créditos chinos a la región, llegando a casi US$ 51.000 millones, según un estudio del Diálogo Interamericano, titulado “Los nuevos bancos de la ciudad: financiamiento chino en América Latina”.

Argentina y Brasil siguen en importancia. Xi visitó estos tres países en julio. El cuarto mayor endeudado con China es Ecuador (casi US$ 10.000 millones), pero el premier no incluyó Quito en su gira. La gira fue rentable para Venezuela, por cuanto el país aseguró una línea de crédito de US$ 4.000 millones proveniente de Asia. Argentina consiguió préstamos por US$ 4.700 millones para construir dos hidroeléctricas y otros US$ 2.100 millones para un proyecto ferroviario; la mitad de los US$ 14.000 millones que China le ha prestado a Buenos Aires en los ocho últimos años para usos en infraestructura y en el sector ferroviario. Pero la historia ahí no termina. El swap de monedas que comprometió China para potenciar las reservas transandinas asciende a un total de US$ 11.000 millones.

El primer desembolso, de US$ 1.000 millones, se hará antes de fin de año. Brasil, en tanto, acordó con China obtener dos préstamos por US$ 7.400 millones para la minería, apunta Forster. En términos absolutos, los US$ 13.000 millones con que Brasil se ha endeudado con China en los últimos años lo hacen el tercer receptor de financiamiento de ese país, pero la suma es marginal en relación al tamaño de su economía (US$ 2.200.0000 millones en 2013).

Eso es justo lo contrario en Ecuador, donde los US$ 9.900 millones que le ha prestado China equivalen al 11% del PIB local (de US$ 91.000 millones en 2013). Tal suma ha alcanzado para financiar proyectos petrolíferos, hidroeléctricos y también el déficit del Fisco.

¿Qué gana China? Así como China ha financiado proyectos de materias primas en gran parte de Africa, a fin de asegurarse el suministro de esos recursos, el financiamiento de ese país a proyectos locales tiene un objetivo similar. Forster dice que una de las formas que tiene China de mitigar el mayor riesgo que presentan los deudores de la región es que los créditos se avalen con producción.

Ese ha sido el caso con Venezuela y Ecuador: los contratos de los préstamos incluyen una cláusula que requiere a los deudores enviar embarques de petróleo a China, una parte de los cuales se deduce para pagar intereses y amortizar el principal, tasando el commodity a valores de mercado. Aun otra forma de China de cubrirse es que los receptores del crédito deben adquirir equipamiento de parte de empresas chinas, como en el caso de los préstamos mineros otorgados a Brasil.

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