(El Mercurio) “Me hice guía por casualidad. Como sewellino, conozco todo sobre este lugar, tengo historias y vivencias para transmitir”, explica Fernando Pérez (74).

El ex mecánico de mantención del recinto, que entre 1905 y 1971 fue administrado por la Braden Copper Company, antigua dueña de El Teniente, se desempeña hoy como guía turístico.

El hombre nació en el hospital de la “ciudad de las escaleras” y trabajó en el campamento durante 36 años. Actualmente es el guía más antiguo de Sewell, lo que aprovecha para traspasar sus vivencias a los visitantes.

Pérez es miembro del Círculo Social Sewell -que reúne a ex habitantes-, organismo que aporta con tres personas que hacen recorridos por el Patrimonio de la Humanidad y que nacieron allí. A su vez, la Fundación Sewell, vinculada a Codelco, tiene otros seis.

Viaje al pasado

Los circuitos turísticos por el lugar partieron en 2001, y desde esa fecha, alrededor de 74 mil personas lo han visitado. El recorrido permite conocer 50 inmuebles originales, como el edificio 102, construido en 1938 para albergar las oficinas del departamento de ingeniería.

También se puede ver el teatro, la antigua comisaría, el juzgado y el Registro Civil.

Luis Sandoval (65), analista ambiental por 30 años y guía hace seis, maneja a la perfección los datos históricos, y en sus recorridos no deja que se escape detalle alguno.

“Teníamos excelentes instalaciones, el hospital más moderno de Sudamérica, construido entre 1917 y 1929; un buen gimnasio, y uno de los mejores cines. Era costumbre que en la entrada de este nos juntáramos todos los jóvenes a compartir; era muy entretenido”, relata.

Durante su paseo, los turistas se asombran con el sinfín de anécdotas que cuenta. “Aquí hay una escalera principal, que es como la Alameda de Sewell. Si esta hablara (…) en sus barandas se apoyaban los mineros muy bien vestidos a mirar a las chiquillas; algunos no sabían ni leer ni escribir, y se colocaban dos lapiceras en el bolsillo delantero de la chaqueta para lucirse”, recuerda, entre risas.

Mario Machuca (67) también optó por guiar a los visitantes, tras 41 años como electricista. “Me retiré de la minería en el 2006. Al tiempo comencé a aburrirme; no tenía nada que hacer; incluso le estorbaba a mi señora”, asegura.

Durante una visita escuchó a una persona contar una historia que no era verídica, y ahí decidió incorporarse al trabajo. Pero antes tuvo que capacitarse y obtener un certificado. “Nosotros sabemos de primera persona cómo era vivir en este lugar. La gente era solidaria, el entorno acogedor, pero el sistema social muy estricto; debíamos cumplir reglas, como no ir a jugar al campamento Americano”, dice Machuca.

En los paseos no todo es conocer los edificios. Los ex sewellinos hacen hincapié en las historias sobre la cotidianidad.

Por ejemplo, Fernando Pérez rememora que “la empresa contrató a un oficial del Ejército chileno que era músico. Con él, muchos niños del campamento aprendimos a leer música. Yo tocaba el saxofón y la trompeta; incluso fui parte de una banda instrumental, la orquesta ‘Jazz Sensación’. Para el año 1952 llegamos a ser 30 los músicos”.

Hace algunas semanas, los ex habitantes recibieron una noticia muy esperada. El Senado aprobó el proyecto que establece el 29 de abril como el “Día de los sewellinos y sewellinas”, que recuerda cuando en 1905 se autorizó explotar El Teniente.