Por Waldo Cuadra y Marco Arenas
La actividad minera en Chile tuvo un carácter fundacional para nuestra sociedad. En especial, aquella dirigida a la producción de oro que fue desarrollada tempranamente en placeres y vetas en los alrededores de Santiago de la Nueva Extremadura. Esta actividad nos legó un rico patrimonio histórico y cultural, probablemente desconocido para muchos, y que en estos capítulos hemos querido rescatar y valorizar.
Del oro Inca al oro Español
La expansión incaica al sur del Tawantinsuyu orientó la búsqueda y producción de metales preciosos con una perspectiva ritual y política. Sin embargo, los españoles y su Conquista dieron un giro diferente a la actividad minera al considerar a los meta les preciosos como un medio de cambio de gran valor mercantil. La minería colonial de Santiago de la Nueva Extremadura, con sus ciclos de expansión y contracción, estuvo dirigida fundamentalmente a la explotación de placeres y vetas auríferas. Tardíamente, y con pocas excepciones, esta actividad se reorientó a la producción de plata.
Huellas del oro colonial: la ruta Curacaví-Colliguay
Algunas huellas que nos dejó la minería colonial que pueden sorprender al visitante que ingresa desde Curacaví en dirección norte hacia el pueblo de Colliguay y antes cruza por las localidades de Carén, Lepe y Puangue, son los restos de “piedras” de molino.
Sus habitantes han trasladado estas piedras a los portales de sus casas. Algunas de ellas fueron transportadas hace muchos años y la referencia de su ubicación original se ha perdido. Sólo sobre algunas de ellas se ha podido encontrar información acerca de su emplazamiento original. La relación hecha por los lugareños con actividades agrícolas puede coincidir con las actividades de explotación triguera con técnicas de secano, desarrolladas a mediados del siglo XX, antecedente mejor conservado en la memoria colectiva que el de la producción aurífera desarrollada durante la Colonia y que motivó la construcción de un gran número de trapiches.
Adicionalmente, muchos de los habitantes de Colliguay consideran que el origen de su asentamiento tuvo relación con acontecimientos ocurridos a fines del dominio español en Chile. Esta localidad habría servido de refugio a montoneras españolas, sobrevivientes del derrotado ejército realista en los campos de Chacabuco.
Los documentos históricos disponibles y el reconocimiento en terreno han permitido ir develando “otra” historia, que profundiza y enriquece el mito de origen de Colliguay. No cabe duda de que estas “piedras” corresponden en su mayoría a parte de los tradicionales ingenios de moler metal o trapiches hidráulicos utilizados por los mineros de la Colonia, y en menor número, a molinos de pan.
La investigación en terreno a lo largo del estero Puangue, en especial entre las desembocaduras del estero Carén y la localidad de Colliguay, ha permitido establecer la existencia de al menos seis sitios donde se establecieron trapiches hidráulicos y molinos de pan.
Un catastro preliminar realizado por estos autores permite establecer la existencia de 22 voladoras y cuatro soleras, la mayoría de ellas ubicadas en el sector de Colliguay. Para la confección de estas piezas se utilizó granodioritas y dioritas disponibles en el área.
La ubicación exacta de los antiguos centros de beneficio que refieren los documentos de la Colonia y la misma referencia al cerro de Colliguay se han perdido localmente, pero las huellas del pasado minero han quedado marcadas en la presencia de los restos de estos trapiches. De igual forma, la información de documentos coloniales ha permitido establecer la ubicación de un número importante de minas de oro de explotación colonial. Por ejemplo, con esta información se ha podido relacionar el actual cerro Vizcaíno con el antiguo cerro de Colliguay, explotado hasta tiempos recientes como una rica mina de oro.
Otras rutas del oro Colonial
Así como en Colliguay, los restos de los ingenios de moler metal (promovidos ya hacia 1576 en las minas de El Alamillo) se destacan en los distintos paisajes mineros como mudos testimonios de la producción de oro durante la Colonia. Esta parte de la historia minera de Chile debe ser valorizada. Para ello se debe proteger los restos materiales que aún se conservan en sus emplazamientos originales para futuras investigaciones. Un aporte interesante sería la reconstrucción de estas máquinas en localidades como Colliguay, Petorca o Alhué, por nombrar algunas, permitiendo la promoción de circuitos turísticos asociados a las antiguas rutas del oro de los mineros de la Colonia en el Santiago de la Nueva Extremadura.
Si bien se han desarrollado algunas iniciativas, falta por recopilar la tradición oral que descansa en la costumbre, la necesidad de definir un “tipo” y ser minero y que románticamente nos transporta a tesoros y minas perdidas. También debemos considerar la información de un gran número de documentos conservados en archivos históricos relacionados con mensuras, litigios y pedimentos mineros, muchas veces acompañados de preciosos mapas. Todos ellos permiten reconstruir procedimientos legales y tecnológicos, costumbres y creencias, además de rescatar topónimos y la ubicación de minas antiguas.
Éste es el legado de quienes dieron vida a esta actividad fundacional de Chile, antecedente de la pujante minería actual. |