Luces de alerta se han prendido en el último tiempo respecto del eventual término del “súper ciclo” de alto precio de los commodities y en particular del cobre, lo que ha llevado a algunos analistas a ajustar sus proyecciones para el precio promedio del metal este año a un rango de US$3,3-3,4 la libra. (Cochilco, en su reciente encuesta, previó US$3,52 para 2013).
Detrás de esta revisión del mercado están las dudas en torno al ritmo de crecimiento económico del gigante chino y si su dinamismo será suficiente para absorber el eventual ingreso previsto de mayor producción de cobre en los próximos dos a tres años. Esto, en un escenario en que la economía de la Eurozona continúa débil y Estados Unidos muestra moderados signos de crecimiento.
Según The International Copper Study Group (ICSG), la demanda de cobre refinado creció en 2012 alrededor de un 3,1%, llegando a un total de 20,5 millones de toneladas métricas. Sin embargo, si se saca a China de la ecuación el resultado es una caída de 2,2% en doce meses.
De ahí el interés con que los mercados siguen día a día las señales en torno al vigor económico del gigante asiático y la consecuente volatilidad que se aprecia en la cotización del metal.
No obstante este escenario, los expertos reiteran que los fundamentos económicos siguen a favor de la vigencia de favorables precios para el cobre en el mediano a largo plazo, sustentados en el proceso de urbanización en China y otros países emergentes, y el crecimiento en ellos de los sectores de clase media.
El actual rango de precios del metal rojo continúa siendo atractivo para la industria en Chile, toda vez que el país cuenta con una serie de ventajas que otras jurisdicciones no pueden igualar, partiendo por yacimientos de clase mundial y las mayores reservas de cobre del mundo, un indiscutible know how minero y un favorable clima para la inversión.
Cabe recordar, además, que en los últimos años la producción global efectiva de cobre ha sido menor que los pronósticos barajados por la industria. De hecho, como lo señaló en una reciente presentación Leonardo Suárez, economista jefe y director del Departamento de Estudios de LarrainVial, entre 2005 y 2012, gracias a la caída de las leyes mineras y a la dilación de proyectos, en la práctica “desaparecieron” 4.000.000 de toneladas métricas de cobre que se habían programado producir. Por lo anterior, conviene sopesar con cautela los temores de un eventual ingreso al mercado de una mayor oferta de este metal.
No obstante, el actual escenario de ajuste reafirma la necesidad de que la industria minera nacional ponga especial énfasis en el control de costos, hoy en día el Talón de Aquiles para la competitividad del sector. En el caso de la energía, por ejemplo, el CEO de Antofagasta Minerals, Diego Hernández, señaló en el marco de la Semana Cesco que desde 2000 los precios de la electricidad han aumentado en promedio 11% anual, situando a Chile como el país minero que más paga por este ítem.
De igual forma debe avanzarse en mejorar los índices de productividad de la industria minera local, que no se condicen con el incremento en el costo de la mano de obra (en cinco años este ha subido 52%, mientras la productividad ha descendido casi 20%).
Controlar estas y otras variables constituye un desafío que, a diferencia de las fluctuaciones en los mercados internacionales, debe ser revisado, abordado y solventado por las compañías mineras y las autoridades del país. Solo de esta manera la industria del cobre chilena será capaz de reforzar su liderazgo y afrontar de mejor forma imponderables como los inevitables vaivenes en el precio del metal.
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