Categórico fue Joaquín Villarino, presidente ejecutivo del Consejo Minero, al indicar que “sin energía segura, accesible y económica es probable que parte del ambicioso plan de inversiones de la minería no se pueda realizar”.
Además, advirtió que existe un riesgo latente para la competitividad del país frente a destinos mineros con mejor disponibilidad y precios de los insumos energéticos.
Estas afirmaciones fueron realizadas en el marco del Mining and Energy Supply Summit, evento que formó parte del programa de la Semana Cesco 2012 y que se alzó como escenario de debate y de instalación de banderas de alerta para el sector en relación con este insumo crítico. Pero más allá de dar cuenta de las cifras de proyección de consumo de la minería, los participantes apuntaron a las consecuencias que la estrechez de suministro y los altos costos de la energía traerían a la economía nacional, y las responsabilidades-país que hay detrás de este escenario.
Asimismo, se habló de la necesidad de una “firme voluntad política” para establecer reglas claras que permitan destrabar los proyectos energéticos en tramitación, voluntad que se ha visto en entredicho con la inestabilidad de ministros en la cartera de Energía (cinco en dos años) o con sucesos como el caso Barrancones, entre otros. Lo anterior adquiere relevancia considerando que las iniciativas en carpeta deberían eliminar el riesgo de disponibilidad de suministro, aunque primero los proyectos deben llegar a construirse, y a costos financieros y ambientales razonables y en plazos oportunos.
Las recientes Expomin y Semana Cesco dejaron instalado, para un público más amplio de quienes formamos parte de la industria, que el país está actualmente viviendo una oportunidad de desarrollo única gracias a la minería. Con proyectos por sobre US$91.000 millones estimados por Cochilco para la década, el sector representa una importante fuente de demanda de bienes y servicios, infraestructura y profesionales calificados, como quedó demostrado en el éxito de Expomin 2012.
Sin embargo, los antecedentes en materia de insumos clave -como la energía- dejan interrogantes acerca de cuánto realmente logrará el país capitalizar de este auge inversional, y de cuán sostenible es que la minería siga empujando al ritmo actual la economía del país. Para que este motor funcione, la energía es uno de los factores críticos. Según cifras de Cochilco entregadas en el Seminario de Insumos Críticos, organizado por el Grupo Editorial Editec en Expomin, hacia 2020 la minería requerirá un 80% más de energía que en 2010. Los costos marginales de esta materia, en tanto, aumentarían fuerte en los próximos años. En el caso del SING, en donde se concentra el mayor volumen de actividad minera en el país, éstos se elevarían de una media de US$63,3 MWh en 2012 a US$101,9 MWh en 2022.
No obstante, hay acuerdo acerca de la necesidad de contar, en primer lugar, con una hoja de ruta claramente delineada desde el Gobierno. En este sentido, este año el Ejecutivo presentó su Estrategia Nacional de Energía, poniendo seis pilares temáticos en la discusión, aunque voces críticas ya han planteado que el tiempo pasa y no se materializan las iniciativas.
El reto de la actual administración del Estado es profundizar esos ejes en líneas de acción concretas que, tal como solicitó el Consejo Minero, apunten a contar en el país con una energía competitiva, segura y ambientalmente sustentable, para que Chile no deje pasar la oportunidad de desarrollo que la minería le está brindando hoy.
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