Imagen: Teck
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Minería a rajo abierto: Adaptándose a nuevos escenarios

La minería de superficie cuenta con una atractiva cartera de proyectos en el país, pero principalmente enfocados en ampliación o reposición de yacimientos. También enfrenta desafíos, asociados al control de costos y a su aceptación por las comunidades.

Si bien la gran mayoría de los proyectos a materializarse en los próximos años en Chile son de minería a rajo abierto, corresponden mayormente a reposiciones de faenas existentes, reconoce Jorge Cantallopts, director de Estudios y Políticas Públicas de Cochilco.

El experto añade que actualmente los proyectos greenfield en etapas tempranas de desarrollo son muy pocos, pero advierte que eso está relacionado “con la situación actual de estabilización del mercado minero y no a un cambio radical en el método de explotación de nuevos proyectos”.

En este sentido, considera que el país debe realizar algunas modificaciones que permitan un uso más eficiente de la propiedad minera.

“A pesar de que la mayoría de los yacimientos ubicados en superficie o a poca profundidad ya están siendo explotados, aún tenemos minería de superficie para rato, pues muchas de las actuales faenas a cielo abierto tienen proyectos de expansión o de continuidad operacional que permiten extender su vida útil por, a lo menos, un par de decenas de años”, subraya Eduardo Contreras, académico del Departamento de Ingeniería en Minas de la Universidad de Santiago de Chile, especialista en diseño y planeamiento minero.

Asimismo, menciona que existen algunas iniciativas greenfield que están en carpeta, y que podrían entrar en producción en años próximos, como NuevaUnión, impulsada por Teck y Goldcorp.

En tanto, Nelson Morales, Director del Laboratorio de Planificación Minera Delphos, del Advanced Mining Technology Center (AMTC), considera que vamos a ir dejando atrás los mega yacimientos, para pasar a otros más marginales, o a clúster de yacimientos, donde se debe hacer una planificación y operaciones integrales, compartiendo recursos.

Oportunidades y desafíos

“La extracción minera, tanto a rajo abierto como subterránea, es el resultado de varias y complejas operaciones unitarias que tienen una serie de impactos y desafíos de productividad y de sustentabilidad”, señala Jorge Cantallopts, al ser consultado por las opciones y desafíos que avizora para el desarrollo de la actividad extractiva de en el país.

El experto agrega que la optimización económica, tecnológica y ambiental de estas operaciones unitarias representa un enorme espacio de oportunidades, tanto para las compañías mineras como para el ecosistema de proveedores que conforman el sector en Chile.

Para Eduardo Contreras, la minería de superficie en Chile sigue mostrando un escenario atractivo. “La explotación a cielo abierto es más ventajosa que la subterránea en lo referente a recuperación de mineral, control de leyes, seguridad y condiciones de trabajo -sostiene-. Además, no necesita tanta mano de obra, es más flexible a la incorporación de nuevas áreas de producción, posee menores costos de explotación y mayores productividades”.

Asimismo, destaca que en las últimas décadas en los rajos se ha podido trabajar con relaciones estéril a mineral cada vez mayores, por la incorporación de equipos capaces de mover grandes tonelajes (gigantismo). “En la medida que el avance tecnológico y el gigantismo en equipos continúe, la minería de superficie se hará más eficiente, pues no tiene restricciones de espacio como la subterránea”, puntualiza.

Como contrapartida, Nelson Morales acota que en general la minería a cielo abierto está permanentemente desafiada por los costos operacionales, que se incrementan a medida que se profundizan los rajos, y por los cambios que experimenta la mineralización.

“Un desafío permanente y cada vez más importante (para la minería a cielo abierto) es la sustentabilidad -añade-. Cómo hacer que las operaciones sean compatibles, por ejemplo, en la zona central, con comunidades que están muy cercanas a las faenas, con los glaciares y con otras actividades económicas”.

Refuerza este punto el profesor Contreras, al reconocer que la principal amenaza que tiene la minería de superficie es la oposición por parte de las comunidades, las que reclaman por el impacto ambiental que genera.

De óxidos a sulfuros

En cuanto a las implicancias del paso de la explotación de óxidos a sulfuros que ya están empezando a experimentar algunos grandes yacimientos en el país, Jorge Cantallopts menciona particularmente el cambio en los procesos mineros y en la magnitud de las nuevas instalaciones necesarias: plantas procesadoras y tranques de relaves, entre otras, como asimismo la utilización de insumos críticos en las zonas mineras, principalmente el agua y la energía. De ahí que enfatiza la importancia de involucrar a los stakeholders de forma temprana.

En cuanto a sus beneficios, hace notar que estas iniciativas generan movimiento laboral y encadenamientos interesantes para el desarrollo económico.

“Hay varios rajos que están en la etapa final de la explotación de minerales oxidados y deben pasar a la extracción de minerales sulfurados. Quebrada Blanca, El Abra y Radomiro Tomic se encuentran en este caso”, indica Eduardo Contreras. Para el experto de la Universidad de Santiago, tener que extraer minerales que están más profundos y de leyes más bajas hará que los costos de explotación se incrementen, debido a mayores distancias de transporte, razones de remoción estéril a mineral más grandes y valores de tratamiento más altos. A ello se suma las “cuantiosas inversiones” que supone modificar el sistema de procesamiento de esas faenas.

En lo referente a los trabajadores, en especial aquellos que se desempeñan en el área de procesos, admite que algunos de ellos tendrán que ser reconvertidos y otros desvinculados. Asimismo, muchos productos y servicios ya no serán necesarios para la empresa.

Nelson Morales hace hincapié en que en Chile tenemos experiencia en estos cambios y tipos de proyectos, por lo que no ve grandes riesgos. “Efectivamente, los trabajadores y proveedores se tendrán que ir adaptando a los cambios que estos proyectos de inversión significan, pero tenemos el conocimiento y la capacidad instalada como país para que esto ocurra”, matiza.

Tecnología y comunidades

El experto del AMTC sostiene que como país es fundamental mantenernos competitivos, lo cual significa tener un foco permanentemente en optimizar los costos, por ejemplo, con sistemas de transporte más eficientes y no sólo el clásico, con flotas de palas y camiones.

Una mirada similar manifiesta Jorge Cantallopts, para quien entre las principales transformaciones que se proyectan en este ámbito de la minería están, por una parte, la variable tecnológica, enfocada a optimizar las operaciones, y por otra, el impacto de estas explotaciones en el medio ambiente y en las comunidades.

“En este sentido, probablemente la automatización, el control, monitoreo y operación remotos, son los principales cambios que se vienen en el ámbito de la operación. Y en la mirada de la sustentabilidad social y ambiental, están materias de participación ciudadana y certificación de procesos”, plantea.

El profesor Morales suma a los cambios tecnológicos la “sensorización” de las operaciones: “Nos abre el mundo del Big Data, que presenta una tremenda oportunidad, ya que nos permitiría el seguimiento y optimización de las decisiones en línea”.

Según el académico, “tenemos que aprender a ser muy competitivos con yacimientos que ya no son megadepósitos, con mineralizaciones más complejas y, por ejemplo, con algunas desventajas respecto de nuestros competidores, como es el costo de la energía. Tenemos que pensar en complejos mineros en donde una planificación integrada y una operación sinérgicas son clave”.

Inversiones en minería de superficie

Entre los grandes proyectos vinculados a minería de superficie, destaca Spence Growth Option (SGO), actualmente en construcción y que extenderá la vida de esta faena en más de 50 años. Iniciativa aprobada por el Directorio de BHP hace un año, involucra una inversión del orden de US$2.460 millones, principalmente para la construcción de una concentradora de 95.000 tpd y una desaladora. La primera producción se espera para el año fiscal 2021.

Entre las iniciativas ad portas de ser aprobadas, la más significativa es Quebrada Blanca 2 (QB2), de Teck, por unos US$4.700 millones. Comprende la continuidad de la explotación a rajo abierto y una modificación en el procesamiento del mineral (de óxidos a súlfuros).

En agosto último la Comisión de Evaluación Ambiental de la Región de Tarapacá aprobó el Estudio de Impacto Ambiental (EIA), por lo que el Directorio de Teck podría aprobar QB2 en el cuarto trimestre.

En el caso de Antofagasta Minerals, se encuentra también a la espera de lo que decida el Directorio, Expansión Incremental (INCO) de Los Pelambres, cuya fase 1 supone optimizar el rendimiento de la faena dentro de los límites de los permisos operativos, ambientales y de extracción de agua ya existentes, para alcanzar una capacidad de tratamiento promedio de 190.000 tpd. La futura fase 2 estaba siendo repensada por la compañía.

En reevaluación también se encuentra la expansión de Centinela (Desarrollo Minera Centinela), que originalmente contemplaba una segunda planta concentradora, y que sumaría dos nuevos rajos a los actuales: Esperanza Sur y Encuentro Súlfuros.

Mantos Copper pretende invertir del orden de US$1.000 millones en las expansiones de Mantoverde y Mantos Blanco, mientras que más a mediano plazo, figuran iniciativas como Súlfuros RT Fase 2 y Rajo Inca, de Codelco, y el El Abra Mill Project, entre otras.

NuevaUnionOK

En greenfield, una de las principales apuestas es NuevaUnión, de Goldcorp y Teck, que combina los depósitos Relincho y El Morro.