Revista Minería Chilena Nº453

marzo de 2019

En la ruta del Clúster Minero de la Región de Antofagasta

Tras una serie de ajustes para ganar en coordinación y efectividad, el programa estratégico ha profundizado su labor multisectorial en los desafíos específicos que presentan las compañías mineras de la Región y en la evaluación temprana de la factibilidad de las soluciones que proponen los proveedores.

Fotografía: Gentileza Asociación de Industriales de Mejillones

A mediados de 2017 Fundación Chile (FCH) publicó el Reporte de Exportaciones de Proveedores de la Minería Chilena 2016. El informe trajo una mala noticia: los envíos al exterior del sector en el año alcanzaron US$471 millones, lo que representó una caída del 14,7% en relación con 2015 y de 37% respecto de 2012, cuando por primera se vez se realizó el estudio.

Sin minimizar el impacto de la disminución de la actividad del rubro en el período analizado, en la discusión sobre los resultados del reporte y de otras investigaciones relacionadas, se planteó la necesidad de revisar y dar un nuevo impulso a la estrategia de desarrollo de proveedores.

Fue el caso del Clúster Minero de la Región de Antofagasta, que profundizó en el análisis de las condiciones que estaban perjudicando la efectividad de sus programas y acciones, lo cual se tradujo en el fortalecimiento de la Hoja de Ruta 2025 del programa estratégico.

Con este propósito, la Universidad Católica del Norte (UCN) y Fundación Chile trabajaron en la identificaron de las brechas competitivas y tecnológicas que se expresaron en cuatro ámbitos fundamentales: encadenamiento con la industria, emprendimiento tecnológico, servicios de innovación y desarrollo, y formación de capital humano.

Miguel Atienza, académico de la Facultad de Economía y Administración de la UCN, explica que este tipo de planificación es indispensable para mejorar la gestión y cumplimiento de objetivos.

“Uno de los principales problemas que enfrentan estrategias como el Clúster Minero, es la escasez de información, y la falta de procesos de evaluación continua de su avance y cumplimiento de objetivos”, constata el especialista, reconociendo que esta debilidad está presente en muchas iniciativas de desarrollo en Chile.

Abrir la participación

La integración de la cadena de valor y el encadenamiento productivo son dos materias clave para incrementar la eficiencia del trabajo multisectorial, más aún, considerando que la Región de Antofagasta lidera la inversión de la industria minera.

“Para impulsar esta nueva mirada, necesitamos potenciar la asociatividad y evitar la duplicidad de esfuerzos. En este ejercicio se exige la máxima sinergia, vinculación y construcción de confianzas, ya que la minería de los próximos años posee desafíos, aún más complejos que los que ya ha enfrentado”, resalta Yuri Rojo, gerente del Clúster Minero de Antofagasta.

En este contexto, se ha enfatizado un sistema de trabajo basado en la búsqueda de soluciones para problemas y desafíos específicos que presentan las compañías mineras de la región.

Antofagasta Minerals (Amsa) se ha sumado a esta orientación a partir de la experiencia conseguida en su plataforma de innovación abierta (Innovaminerals.cl), que se concentra en áreas críticas, como relaves, eficiencia energética, automatización, transporte de material y relaciones comunitarias, entre otras.

Una selección de los desafíos que presenta la compañía está incorporada al programa Semanas Industriales para la Innovación en Minería (SIIA), que organizan Corfo Antofagasta, el Clúster Minero y la consultora Phibrand desde 2018, a partir del financiamiento del Gobierno Regional.

A diferencia de otras iniciativas, la convocatoria no sólo incluye a firmas proveedoras de bienes y servicios, sino que incorpora a emprendedores, centro de investigación y la comunidad en general, para ampliar y diversificar la base de participación y respuestas.

Cristian Mansilla, gerente general de Phibrand, explica que los ciclos del programa (en marzo culmina el tercero de cuatro versiones), se centran en la etapa creativa-inventiva del proceso de innovación, sumando tempranamente el análisis de su aplicabilidad real y factibilidad económica.

“Detectamos que muchos desarrollos avanzan en la parte técnica, pero incorporan el factor comercial muy tarde, lo cual aumenta significativamente el riesgo de no ser aplicables, y la pérdida de recursos”, sostiene.

A partir de las actividades de las dos etapas anteriores de las SIIA, se han logrado configurar siete propuestas con alto nivel de factibilidad. En el caso de cuatro de ellas, Amsa ya se encuentra trabajando en las siguientes fases junto con sus autores/emprendedores.

Con este mismo énfasis está trabajando el Programa de Promoción de Inversiones y Desarrollo Tecnológico de Proveedores Mineros de la Región de Antofagasta, mediante su convocatoria “Desafíos Mineros”, centrada en actividades económicas de fabricación y recuperación de partes y piezas industriales. Mediante cofinanciamiento público-privado, ya están en ejecución 39 proyectos de empresas locales.

Acercar a las partes

En enero pasado se realizó la primera reunión del Comité Ejecutivo del Clúster Minero de 2019. Junto con estudiar su plan de trabajo anual, se revisaron aquellos factores que requieren ser reforzados de acuerdo con la planificación establecida en la Hoja de Ruta.

En la oportunidad, la Asociación de Industriales de Antofagasta (AIA) resaltó que el bajo nivel de comunicación, asociatividad y trabajo colaborativo con las compañías mineras, persiste como un obstáculo determinante.

Marko Razmilic, presidente de la AIA, sostiene que la disponibilidad de información y la simplificación del proceso de acceso a ella, es clave para contar con un mercado consolidado. “La contratación de empresas locales tiene que volver a ser un índice característico y explícito de la gestión de las mineras, al igual que el empleo de mano de obra regional”, resalta.

Como herramienta de desarrollo en este sentido, menciona el trabajo del Centro de Extensionismo Tecnológico para Empresas Proveedoras de la Minería (CET) de la AIA. En 2018, este proyecto apoyó a 141 empresas a partir de la detección de sus debilidades, para luego proveer asistencia técnica que contribuya a superarlas.

Juan Pablo León, gerente de la Asociación de Industriales de Mejillones (AIM), considera como área de mejora, la incorporación de acciones de promoción de inversiones. “Es un medio para la ampliación del núcleo crítico de empresas y el desarrollo de los encadenamientos productivos propios de un clúster”, explica.

Por su parte, compañías mineras que integran el Clúster han establecido acuerdos específicos para el desarrollo regional, con especial énfasis en este ámbito.

Es el caso de BHP, que en julio pasado presentó un conjunto de medidas de corto y mediano plazo para contribuir a dinamizar la economía regional, entre las que se incluyen:

-Disminución de los plazos de pago a empresas cuya casa matriz se encuentra en la región.

-Mejoramiento de la calidad del acceso y atención a proveedores a través de su área de abastecimiento en Antofagasta.

-Estímulo al empleo local, teniendo como meta que el 40% de los trabajadores de sus proyectos habite en la zona.

En esta misma línea, en diciembre último Antofagasta Minerals comprometió recursos, capacidades e infraestructura para iniciativas del Clúster en empleabilidad, capital humano e innovación. En el convenio se enfatiza la rendición de cuentas sobre los avances y resultados de los planes que se ejecuten.

Sumar capacidades

Entre las respuestas del Clúster para disminuir las brechas estratégicas, se considera el establecimiento de una plataforma de espacios de prueba, pilotaje y generación de prototipos de soluciones innovadoras. En la configuración de esta estructura, las universidades y centros de I+D+i han asumido un rol protagónico.

Luis Sánchez, director del Centro de Pilotaje Desierto de Atacama de la Universidad de Antofagasta (CPDA-UA), estima que la efectividad de instancias como la que encabeza, depende de la capacidad para identificar y jerarquizar correctamente las necesidades del ecosistema industrial.

El académico agrega que mediante esta vinculación es posible entregar capacidades a las micro, pequeñas y medianas empresas, que faciliten su participación en el mercado de proveedores y el impulso de nuevos negocios.

En este sentido, Yuri Rojo destaca el aporte asociado con la labor del Centro Integrado de Pilotaje de Tecnologías Mineras (Ciptemin), inaugurado oficialmente en agosto de 2018, y del Centro Nacional de Pilotaje y Validación de Tecnologías para la Minería, lanzado a fines de 2017.

José Antonio Díaz, gerente general del Centro de Entrenamiento Industrial y Minero (Ceim) de la Fundación Educacional Escondida, indica que la utilidad de esta plataforma está sujeta a la disponibilidad de capital humano que responda a la configuración actual de la minería.

El especialista agrega que es clave que “los programas de capacitación y entrenamiento cuenten con el involucramiento de las compañías en su diseño, aplicación, evaluación y ajuste”.

Alta incidencia

Cada una de las brechas establecidas en la Hoja de Ruta del Clúster está asociada a requerimientos fundamentales de la industria. Algunos de ellos son:

Encadenamiento con la industria:

-Aplicación de mayores incentivos para el establecimiento de empresas en la región.

-Aumento de la participación de las ERNC en la matriz energética del sector.

Emprendimientos tecnológicos:

-Crecimiento del número de empresas con capacidades de innovación y exportación.

-Consolidación de mecanismos regulares de colaboración entre mineras y proveedores.

Servicios tecnológicos de investigación y desarrollo:

-Mayor volumen de investigación aplicada al sector minero.

-Fortalecimiento del ecosistema de investigación asociativa y propiedad científica.

Formación de capital humano:

-Incremento de programas de formación alineados con nuevas competencias.

-Ampliar la oferta de profesionales y técnicos según la demanda proyectada.