Revista Minería Chilena Nº450

diciembre de 2018

Deepgreen: Un actor que apuesta por la minería submarina

Anthony O’Sullivan, Chief Development Officer de esta firma australiana, estuvo en Chile y nos contó sobre sus proyectos en la denominada Zona Clarion Clipperton, en el Océano Pacífico.

“Los más grandes yacimientos de metales básicos sin desarrollar son los que se ubican en la profundidad del mar”, y los mayores de los cuales se tiene registro son los depósitos de nódulos polimetálicos -con manganeso, níquel, cobalto y cobre- de la denominada Zona Clarion Clipperton (CCZ en inglés), en el Océano Pacífico.

Así lo señala Anthony O’Sullivan, Chief Development Officer de DeepGreen, firma canadiense que cuenta con dos contratos de exploración en esa área, que por tratarse de aguas internacionales, está bajo la administración de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA por sus siglas en inglés), de Naciones Unidas.

El ejecutivo estuvo recientemente de visita en Chile, y conversó con MINERÍA CHILENA sobre las oportunidades y desafíos que plantea la extracción de minerales desde el fondo marino. Según O’Sullivan, “hoy tenemos la tecnología para sacar los nódulos” -que se encuentran depositados sobre el lecho oceánico, a una profundidad de más de cuatro kms-, por lo que el paso a la fase de explotación estaría principalmente supeditado a que la ISA apruebe el marco legal que regulará a esta industria.

La Zona Clarion Clipperton es una extensión de más de seis millones de kms2, en una angosta faja donde las tensiones de dos áreas de fracturas tectónicas han dado origen a infinidad de nódulos del tamaño de un puño humano.

Anthony O’Sullivan comenta que, según los datos que actualmente se manejan, hay del orden de 34.000 millones de ton de nódulos, que contienen unos 6.000 millones de ton de manganeso, 270 millones de ton de níquel, 234 millones de ton de cobre y 46 millones de ton de cobalto.

Por tratarse de aguas internacionales bajo administración de la ISA, los actores privados que quieran operar en esta zona requieren del respaldo de un país. Por ello, DeepGreen ha establecido alianzas con los estados insulares de Nauru y Kiribati, ambos en Oceanía, para explorar las áreas denominadas NORI (74.830 km2) y Marawa (74.990 km2), respectivamente.

Oportunidades

¿Cuál es el atractivo que esta compañía ve en la apuesta por minería submarina? O’Sullivan advierte que la población mundial continuará aumentando, y con ello la demanda por metales; se suma el impacto que se avizora por el avance de las energías eólica y solar, que son más intensivas en el uso de metales base; al igual que de las baterías para vehículos eléctricos y otros equipos tecnológicos.

En contrapartida, sostiene que las leyes minerales de los actuales yacimientos están disminuyendo en todo el mundo, demandando en sus procesos más energía y generando más desechos (relaves) que en décadas anteriores.

“DeepGreen tiene un sistema para retirar los nódulos (que cubren en gran número ese lecho oceánico) y hacer su proceso, sin generar muchos residuos”, subraya, toda vez que no requiere de perforación o tronadura, y tampoco genera relaves.

La compañía ha diseñado equipos especiales para avanzar por el fondo marino, aspirando estas formaciones esféricas, y elevándolas a través de un ducto especial hasta el navío en superficie desde donde se controla toda la operación. Luego, la cosecha de nódulos es trasladada a otra embarcación para su almacenaje y posterior transporte a los centros de procesamiento.

Al respecto, O’Sullivan también precisa que han desarrollado un proceso hidrometalúrgico  propio para extraer los metales contenidos en estas formaciones naturales, el cual se encuentra patentado.

Asimismo, menciona que ya cuentan con importantes socios, como es el caso de la empresa Maersk, líder en transporte marítimo. Un barco especial de esta firma está participando en las investigaciones que se llevan a cabo en su subsidiaria NORI.

Desafíos

En cuanto a la inversión requerida para materializar estas iniciativas, O’Sullivan estima que serían equivalentes a las de un yacimiento de similar producción en superficie, matizando que en este caso se trata de “tres minas en una”. La firma proyecta que en el caso de NORI se podrían extraer unos 4,8 millones de ton de nódulos al año, con un potencial de producción anual de 1,46 millón de ton de manganeso, 63.000 ton de níquel y 55.000 ton de cobre, además de 6.000 ton de cobalto.

Con respecto a cuándo podrían concretarse ésta u otras iniciativas similares, y con ello hacer de la minería submarina una realidad, reitera que primero tiene que estar aprobado el marco legal que prepara la ISA, lo que -comenta- se prevé para 2019-2020. Si eso se cumple, sostiene que las primeras extracciones podrían tener lugar en 2025 aproximadamente, es decir, en unos siete años más.

También reconoce que más allá de la menor huella ambiental que, desde su mirada, ofrece esta minería submarina, en comparación con los actuales métodos de explotación en superficie, probablemente enfrente cuestionamientos por parte de comunidades y otros actores.

Por este motivo, enfatiza que han hecho una apuesta fuerte por la transparencia: “Toda la información que tenemos la ponemos en la base de datos del ISA. Estamos preocupados de mostrar lo que hacemos”.

También trabajamos con científicos ambientales líderes a nivel mundial, para estudiar los riesgos y las mejores medidas de mitigación de los eventuales impactos. Estos especialistas están liberados para publicar los resultados de sus estudios.

Asimismo, hace hincapié en el trabajo que está haciendo la ISA busca asegurar que esta actividad opere a futuro bajo los más estrictos estándares regulatorios.

¿Una amenaza para la minería del cobre?

El advenimiento de la minería submarina ya está generando inquietudes dentro de la industria tradicional. Recientemente Sergio Hernández, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), advirtió en un seminario organizado por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) y el Massachusetts Institute of Technology (MIT), que una eventual explotación de minerales desde aguas internacionales podría poner en riesgo a la minería del cobre, ya que se generaría una sobreoferta del metal que empujaría a la baja su precio.

Por ello, planteó la conveniencia de fijar límites a su futura capacidad extractiva. En el caso del cobre, propuso que no supere el 1% de la producción total mundial de este commodity.

Anthony O’Sullivan pone paños fríos a estos temores, especialmente en lo que respecta a la oferta de metal rojo. Precisa que por lo menos en el caso del proyecto NORI, de DeepGreen, la producción prevista de cobre desde los nódulos polimetálicos (unas 55.000 ton anuales) es ínfima, frente a lo que genera, por ejemplo, un yacimiento como Escondida.

Asimismo, hace hincapié en que el foco y los verdaderos motores de esta minería desde el fondo marino -en términos de producción y de la demanda prevista- son el níquel, el manganeso y el cobalto.