Carbón mantiene su sitial en Chile

Estudios y especialistas validan el protagonismo del mineral, cuya demanda alcanza las seis millones de toneladas anuales. Se refieren a su historia, mitos y perspectivas.

“El carbón mantendrá su sitial, crecerá su demanda y seguirá siendo un recurso energético geológico necesario y potente”, estima Guillermo Alfaro, geólogo del Instituto de Geología Económica Aplicada (GEA) de la Universidad de Concepción y consultor de las mineras Mulpún y Catamutún. “Es un mineral relevante y es el que nos salva muchas veces de las crisis energéticas”, agrega el experto.

Alfaro recuerda que alrededor de seis millones de ton demanda anualmente el mercado nacional, las que se destinan principalmente a centrales termoeléctricas. “El 90% del carbón se importa desde países como Indonesia, Australia y Colombia, mientras que el resto se produce en el país”, precisa.

Historia y mitos
Chile nunca tuvo a nivel global una posición relevante con su carbón, recuerda Alfaro. “Lo que siempre hizo bastante ruido fue Lota por el tema de la explotación y el entorno social, porque ocupó mucha gente a costos altísimos. En los mejores tiempos esta ciudad de la Región del Biobío llegó a explotar sobre un millón de toneladas anuales. Pero ese carbón se destinaba sólo al país”, señala.

Durante la Segunda Guerra Mundial, resalta, hubo una zona de acopio de carbón al sur de Santiago ante casos de emergencia y especialmente para abastecer al ferrocarril, que junto a la flota de buques movía a Chile en esos años.

“Pero no pasó del uso interno y era insuficiente. En los años ‘40 y ‘50 al producirse crisis de energía había cortes de luz simplemente, o se usaban centrales térmicas a carbón pequeñitas”, agrega.

Por otra parte, el especialista destaca que “no hay carbones ni buenos ni malos”, ya que el mineral tiene características diversas según sus usos. “La típica frase cuando se habla de los carbones de Magallanes o de Valdivia es que son pobres o malos, porque tienen bajo poder calorífico. Pero tienen otra gracia: arden muy bien, con mucha facilidad”, afirma Guillermo Alfaro.

Sobre este punto, el especialista, contrasta que los carbones de Sudáfrica son muy antiguos y tienen alto poder calorífico, pero cuesta que ardan y es necesario mezclarlos con carbones que sí lo hacen.

Existen los carbones turba, sub-bituminoso, bituminoso y antracita, que varían en su poder calorífico. “En Chile predominan los sub bituminosos, pero a medida que aumenta el poder calorífico varían otras condiciones propias del carbón, por ejemplo, se enriquece en carbono, pierde volátiles, pierde agua, etc.”, asevera Alfaro.

Explotación en ascenso
El informe “Recursos energéticos geológicos no tradicionales”, hecho por especialistas del GEA en conjunto con expertos de Minera Catamutún y Mulpun Energy (Guillermo Alfaro, Eduardo Gantz, Arturo Albornoz, Cristián Barrientos, Daniela Kunstmann y Sara Elgueta), señala que en Chile se conocen secuencias carboníferas de diferentes edades y características; sin embargo, desde un punto de vista económico, destacan de norte a sur tres cuencas.

“Están las denominadas Cuencas de Arauco-Concepción, Valdivia-Osorno y Magallanes. Los carbones de la primera de ellas son bituminosos y su edad es Eocena; los de las cuencas de Valdivia-Osorno y Magallanes (Formación Loreto) son sub-bituminosos y se asignan al lapso Oligoceno-Mioceno”, indica el estudio.

Existe una razón geológica ligada a costos por la que se explota poco carbón en Chile, afirma Guillermo Alfaro. “Para comprender mejor hay que entender lo que pasa con Lota, de la cuenca Arauco-Concepción. Allí hay carbón, y la gente aún pide poner en marcha las minas”, sostiene. Pero los estratos de carbón son mantos delgados del orden de 1 m o menos, afirma. “Segundo, estos grandes paños –que se pueden imaginar como una gran mesa- están geológicamente fallados, es decir, están quebrados. La posibilidad de mecanizar los procesos de explotación como lo hacen otros yacimientos es imposible. Cada paño de carbón entre fallas es una nueva mina. Y tercero, la distancia entre los frentes de explotación y la zona donde se extrae es enorme. Hablamos de 12 km bajo el mar y de piques de extracción de 600 m. Todo eso significa altos costos. Por lo tanto, sale más barato importar este recurso energético”, explica.

En la cuenca de Valdivia-Osorno, hubo explotación de carbones sub bituminosos (de bajo poder calorífico, pero sin contaminación de elementos químicos indeseables), es decir, sin azufre y con altos volátiles que se explotó por 50 años en el norte de La Unión, y en Valdivia, donde funcionaba la mina Pupunahue, que operó irregularmente hasta que fue comprada por la empresa Carbonífera San Pedro de Catamutún.

La exploración de ese yacimiento permitió el hallazgo y apertura de la más moderna mina de carbón: Mulpún, la que tiene un manto de diez metros de espesor, sin fallas. Pero a los pocos años sufrió un incendio y se perdió, relata Alfaro.

Ése yacimiento es objeto del proyecto de una filial de Antofagasta Minerals de gasificación subterránea de carbón (underground coal gasification, UCG). “No se extrae el carbón, sino que se combustiona in situ”, precisa el geólogo.

El informe del GEA y las dos compañías antes mencionadas explican este concepto. “La gasificación de carbones consiste en la combustión del carbón en un reactor para obtener fundamentalmente dióxido de carbono e hidrógeno, conocido como syngas (o gas de síntesis), que puede ser utilizado directamente como combustible o transformarse en otros productos químicos”, consta en el estudio.

En el caso particular de la gasificación subterránea del carbón el reactor es el yacimiento propiamente tal, el cual, si cumple las condiciones geológicas e hidrogeológicas necesarias, permitirá llevar adelante la combustión del carbón, sin necesidad de explotarlo, con las ventajas ambientales y económicas que el proceso implica. “El UCG se puede usar directamente para la energía eléctrica o para la industria petroquímica”, sostiene Alfaro.

El proyecto Mulpún Energy, resalta el documento, es llevado adelante por una asociación entre las empresas Antofagasta Minerals S.A. de Chile (70%) y Carbon Energy de Australia (30%). Consiste en ensayar un panel de carbón en el yacimiento carbonífero. El carbón a gasificar tiene una potencia media de siete metros y corresponde a carbón sub-bituminoso con 37% de volátiles y 15% de humedad (base como recibida).

El sistema usado es conocido como CRIP (Controlled Retracting Injection Point), que consiste en dos perforaciones horizontales y un pozo de ignición vertical. El gas que se obtenga será depurado en una planta de separación de SO2 en superficie y el syngas será probado como gas energético en motores a combustión con gas y la electricidad producida entregada al sistema público.

Según Guillermo Alfaro, el tercer gran salto que ha dado el carbón está en Magallanes. “Es lejos la gran reserva de carbón de Chile. Allí se desarrolla el proyecto Isla Riesco que es sub bituminoso, del grupo Copec-Ultramar.

Contempla varias minas para producir 3 millones de ton al año. Estaríamos hablando de lograr cubrir el 50% de los requerimientos nacionales, cuya demanda seguirá creciendo”, asegura.

En tanto, el informe “Recursos energéticos geológicos no tradicionales”, afirma que “los carbones de la Cuenca de Magallanes, si bien afloran en el flanco occidental y norte de la cubeta sedimentaria, tienen un enterramiento superior a los 1.500 m en el depocentro. No han experimentado un tectonismo extremo como los de Arauco-Concepción, y se extienden en forma continua en una región de al menos 30.000 km2”.

“La cuenca carbonífera de Magallanes es una cuenca progradante con polaridad oeste-este y norte-sur”, agrega el estudio.

Por ahora, insustituible
“Creer que el shale gas (o gas de pizarra) puede reemplazar al carbón se asemeja a cuando se creía que el aluminio reemplazaría al cobre”, asevera Guillermo Alfaro.
“Yo creo que lo del shale gas es a largo plazo”, sostiene. Y resalta que es mejor prestarle más atención a “cómo combustionar carbón y recuperar toda la basura que se lanza a la atmósfera. Es decir, que se pueda reinyectar el CO2, hacer algo con él, o retener el material particulado”.

Alfaro recuerda que en esta materia ha habido grandes avances. “En Alemania hay una planta que hace un circuito completo que evita que los contaminantes vayan a la atmósfera”, asegura.

Aunque sea poca la explotación de carbón en Chile contar con esta fuente energética brinda cierta libertad, asevera Alfaro. “Si, por ejemplo, hubiera una situación conflictiva o de tipo bélico en el Pacífico, y los precios del carbón australiano subieran mucho, con nuestras reservas podríamos manejar en algo la situación. Pero insisto en que la solución energética en Chile es polivalente”, concluye el especialista.