Aguas ácidas en minería: La amenaza fantasma

Es un fenómeno que se puede presentar en forma natural en cualquier yacimiento pórfido cuprífero del país, y que a raíz de la actividad minera es acelerado. El problema surge cuando dicho proceso no es controlado, con lo cual genera contaminación de los recursos hídricos. Pascua-Lama protagonizó recientemente uno de estos episodios.

Es un fenómeno que se puede presentar en forma natural en cualquier yacimiento pórfido cuprífero del país, y que a raíz de la actividad minera es acelerado. El problema surge cuando dicho proceso no es controlado, con lo cual genera contaminación de los recursos hídricos. Pascua-Lama protagonizó recientemente uno de estos episodios.

“Daño irreparable”. Así calificó la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) al impacto que se generó en Pascua-Lama, y que llevó al organismo a establecer la mayor sanción en la historia ambiental del país a la compañía Barrick, por una suma de .000 millones –cifra que descendió a .801 millones por pagar dentro de los cinco primeros días– por incumplimientos “graves y gravísimos” en la Resolución de Calificación Ambiental (RCA).

Si bien los primeros incidentes se comenzaron a registrar a partir de 2010, no fue hasta fines del año pasado y principios de 2013 que el proyecto experimentó una de sus mayores crisis ambientales, lo cual impulsó a la misma empresa a autodenunciarse frente a la SMA debido a dos contingencias de contaminación de los recursos hídricos del río Estrecho. La Superintendencia concluyó que hubo destrucción de los glaciares y contaminación de los recursos hídricos por drenaje de ácido de roca.

Junto con establecer una multa en dinero, la autoridad solicitó la presentación de un plan de manejo de aguas, cuyo nivel de inversión será de US9 millones, y que contempla la construcción de obras transitorias y definitivas. Las primeras, cuyos trabajos finalizarán en octubre, están destinadas a eliminar el potencial contacto de las aguas antes del inicio de la temporada de deshielo.

Las obras definitivas, cuya fecha de término es diciembre de 2014, contemplan el desarrollo de los canales perimetrales, planta de tratamiento de aguas, piscinas de sedimentación, piscinas de acumulación, pozos de monitoreo, sistema de recirculación de agua tratada y sistema de manejo de aguas en el acopio de mineral.

Pero más allá del plan que entregó Barrick para dar continuidad a los trabajos comprometidos en la resolución, lo que a la comunidad le preocupa son los impactos que puede tener la contaminación de las aguas. Si bien Lorenzo Soto, abogado de las comunidades diaguitas del Valle del Huasco, reconoce que no cuentan con recursos para realizar sus propias pruebas de acidificación de las aguas, relata que los habitantes perciben cierto nivel de “turbiedad” en el río Estrecho, un tema que genera inquietud entre los indígenas y agricultores, ya que es uno de los afluentes que entrega el suministro hídrico para sus cultivos.

El abogado detalla que solo él representa a 500 diaguitas, y muchos de ellos se dedican a labores agrícolas, por lo tanto, se ven afectados con este accidente. “Vamos a evaluar acciones reparatorias, para ver cómo se hacen efectivas las responsabilidades. Y para ello se deberá establecer una demanda por responsabilidades en el daño ambiental”, sostiene.

Hasta la fecha el episodio de Pascua-Lama no solo ha sido cuestionado por las comunidades y autoridades públicas sino también por sus pares. De hecho, el presidente del Consejo Minero, Joaquín Villarino, reconoció en un seminario efectuado en Guatemala, que en este proyecto se cometieron “errores graves”, sin embargo, destacó que la actuación de la compañía no marca el estándar con que el sector minero ha venido desarrollando sus proyectos en el país.

Estas declaraciones no son un tema menor, si se considera que los impactos asociados a la generación de aguas ácidas involucran a toda una cadena ecológica, y cuya ocurrencia es potencialmente factible en cualquier yacimiento pórfido cuprífero del país.

El impacto de las aguas ácidas
Más allá de lo que muchos puedan imaginar, las aguas ácidas es un fenómeno que se genera en forma natural, derivado del llamado “drenaje ácido de roca”. Este proceso se origina en depósitos no explotados y que pueden estar expuestos en la superficie en forma natural, y cuya mineralogía se caracteriza por la presencia de sulfuros (como la pirita y la arsenopirita), los que al entrar en contacto con el aire y el agua, en forma de lluvia o deshielos, terminan produciendo la acidificación del recurso hídrico.

Leyla Weibel, geoquímica de la consultora Amphos 21, explica que en la zona norte y centro del país las aguas ácidas se pueden presentar en forma natural, y son incluso utilizadas como una herramienta de exploración, ya que permiten evidenciar la presencia de sulfuros en el entorno. “En Chile muchos de los yacimientos pórfidos cupríferos se caracterizan por presentar esta condición en forma natural debido a su mineralogía”, indica.

Sin embargo, cuando el drenaje ácido es originado por una actividad productiva, como la minería, dicha intervención favorece e intensifica aún más la generación de este proceso, denominándose “drenaje ácido de mina”.

Estas condiciones que entrega la actividad minera para la generación de aguas ácidas se deben a una serie de factores, entre los que se encuentran la remoción de minerales o la instalación y operación de infraestructura como son los relaves y botaderos de estériles, los cuales son considerados como muy reactivos para la producción del fenómeno, debido a que presentan una mineralogía muy diversa compuesta por sulfuros de hierro (pirita) y cobre de baja ley (calcopirita).

¿Cuándo este fenómeno pasa a convertirse en un problema? En el momento en que no es gestionado, controlado y no se establecen medidas de prevención, ya que su presencia puede generar daño irreparable a los sistemas acuáticos, genera inhibición en el crecimiento de las comunidades vegetales, afecta la calidad de las aguas superficiales y subterráneas y acuíferos poco profundos, hecho que termina por perjudicar a las comunidades locales, dado que les impide utilizar estos recursos hídricos para su consumo personal o riego.

La clave es la prevención
Una vez que se contaminan las aguas, las posibilidades de remediarlas son muy limitadas. Así lo confirma el Dr. Bernhard Dold, geólogo de la Universidad de Ginebra, quien enfatiza que si bien se pueden tratar ciertos depósitos antes de que lleguen a ser utilizados para riego agrícola o consumo humano, y de esta forma evitar la emisión de mayores contaminantes, dichas medidas son de alto costo, “casi impracticables”.

Según Dold, “de las remediaciones que se han implementado a nivel mundial sobre esta materia, casi ninguna ha funcionado”. Y ejemplifica que en Alemania se invirtieron 6.600 millones de euros para la remediación de un distrito de uranio, “medida que no logró resolver el problema”.

Una excepción a la regla es el caso de Bahía de Ite en Perú, cuya tecnología permitió la creación de un humedal. “Este caso tuvo mucha suerte, ya que este sitio tenía acceso al recurso hídrico. Sin embargo, esta iniciativa es impracticable en el norte de Chile, debido a que hay muy poca agua”, evalúa el geólogo.

Frente a este escenario, los especialistas hacen ver la importancia de establecer programas que permitan no solo predecir el fenómeno, sino también el periodo en que se puede generar y su potencial caudal. Paola Ibáñez, consultora senior de Amphos 21, indica que si bien la actual Ley de Cierre de Faenas e Instalaciones Mineras hace referencia a la estabilidad física y química de los yacimientos, no específica qué tipos de ensayos y pruebas se deben efectuar para lograr predecir la calidad y caudales de las aguas ácidas.

Agrega que la autoridad no ha podido establecer un estándar que permita a las mineras determinar los métodos de predicción, y la cantidad de pruebas que se deben aplicar. “Además, los tests deben ser adaptados a la realidad chilena, ya sea en términos climáticos, mineralógicos e incluso de explotación”, acota.