Con sorpresa recibió la industria la renuncia de Diego Hernández a la presidencia ejecutiva de Codelco, cargo que alcanzó a ocupar por dos años, desde el 19 de mayo de 2010. En su reemplazo, el directorio designó a Thomas Keller, quien hasta el 1 de junio fuera vicepresidente de Administración y Finanzas de la compañía.
Según la versión oficial dada en un primer momento, la dimisión se debió a motivos personales, pero una vez que la noticia fue decantando, empezaron a salir a la luz las diferencias de estilo y visión entre el ejecutivo y el directorio de Codelco presidido por Gerardo Jofré, situación luego confirmada por el propio Hernández, la cual habría ido agudizándose con el paso del tiempo.
Pero más allá de las razones que motivaron su decisión, existe consenso en que la oportunidad de este alejamiento no habría sido la más acertada, toda vez que Codelco está enfrentando un cuantioso plan de inversiones –con una cifra actualizada al alza recientemente- por US$27.000 millones entre 2012 y 2016, cuyo éxito en la ejecución requiere de una estrategia estable en el tiempo.
Asimismo, la renuncia se produjo en un momento clave de la relación de Codelco con Anglo American, habiéndose iniciado recién una instancia de conciliación entre ambas partes para explorar un posible acuerdo en torno a Anglo American Sur. El propio Hernández había encabezado las negociaciones con Cynthia Carroll, CEO de la minera con base en Londres, si bien ha planteado que la responsabilidad en esta materia ahora cae en el directorio.
Por otra parte –y lo que debiera ser más relevante para el futuro de la Corporación- la salida de Hernández pone a prueba la estabilidad de largo plazo (superando incluso a los Gobiernos de turno), que es precisamente lo que se buscaba con la actual Ley de Codelco, que en este caso pareció no ser así. Cabe recordar que esta reforma fue introducida como un necesario cambio modernizador en la estatal, el cual involucró adaptar el gobierno corporativo de la minera a las pautas de administración que tienen las empresas privadas que se cotizan en bolsa, de manera de operar como una sociedad anónima transparente, con un directorio más profesionalizado con atribuciones y responsabilidades claras, así como una nueva estructura de administración que permita mantener en el tiempo una línea de gestión y agilizar decisiones para darle mayor competitividad a la compañía.
Fue en ese escenario que hace tan solo dos años surgió el nombre de Diego Hernández como el mejor candidato para presidente ejecutivo de Codelco, una designación que fue destacada en el sector y en nuestras páginas de MINERÍA CHILENA en su momento. En la editorial de la edición 347, de mayo de 2010, resaltábamos los múltiples atributos de este profesional, que “permiten esperar mucho de él y hacen pensar que su contribución a Codelco no será menor”, señalábamos entonces. De hecho, el ahora ex presidente ejecutivo sentó las bases para un nuevo ciclo de desarrollo en Codelco, avanzando en su plan de proyectos estructurales, liderando un potente cambio organizacional y generacional en la empresa, y reencantando a los profesionales que trabajan en ella con un proyecto motivador.
La cuota de tranquilidad frente a su alejamiento la da el hecho de que el nombramiento de Thomas Keller en la presidencia ejecutiva es señal de continuidad en la conducción de Codelco. El desafío inmediato tanto para él como para el directorio será establecer un rayado de cancha claro, en el marco de la ley vigente, que permita a la minera estatal superar las contingencias actuales así como llevar adelante en forma exitosa su plan de desarrollo.
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