“La verdad es que teníamos muchas expectativas respecto de 2018 (y la reactivación de proyectos mineros); sabíamos que venía un cambio, había obras en licitación, ingeniería temprana. Pero lamentablemente muchos de esos procesos se retrasaron, por eso no vimos un repunte importante… El quiebre definitivo se va a producir este 2019”, comenta Roberto Verástegui, gerente general de la firma de construcción e ingeniería Claro Vicuña Valenzuela, CVV.

El sector minero representa actualmente del orden del 25% de la facturación de esta firma, pero en los años del boom llegó a alcanzar el 40%, recuerda el ejecutivo.

Empresa de origen  familiar, CVV nace en Concepción hace 61 años. “En sus inicios se orienta básicamente al rubro de infraestructura de OO.PP. y viviendas, pero paulatinamente comienza a diversificarse;  el sector minero se empieza a desarrollar con mayor impulso a partir de la década de 1990”, puntualiza. Con presencia y trabajos a lo largo de todo Chile, la empresa cuenta actualmente con cerca de 2.500  colaboradores.

¿Cómo han visto la actividad, en particular la vinculada a minería?

Terminamos 2018 con ventas en torno a los $100.000 millones y prevemos para este año un incremento importante, probablemente sobre el 30%.

¿La minería juega un rol en ese repunte?

Tenemos un crecimiento en el área de obras de infraestructura pública y en edificación institucional, no habitacional. Pero también a partir de 2018 observamos un quiebre significativo en la industria minera.

Sólo para tener una idea, en el caso de licitaciones (para proyectos mineros) estudiamos casi seis o siete veces la cantidad de obras de 2017.

Creemos que efectivamente deberíamos tener una actividad muy superior a la que tuvimos en los últimos años.

¿Se puede repetir la presión por personal calificado?

Hoy día estamos con nuestras capacidades instaladas, pero nos vamos a enfrentar en los próximos años a un proceso de incremento de costos, que va a afectar no solamente al sector minero, sino también al resto de la industria. Porque lo que sucede (en periodos de bonanza y con mayor actividad) es que se va gente especializada, atraída por mayores rentas, y eso empieza a generar en el resto de las áreas de la construcción incrementos de costos y pérdida de eficiencia, por la partida de profesionales más experimentados. Sabemos que eso puede venir y hemos tomado algunas medidas para minimizar su impacto.

Experiencia en faenas

En el ámbito minero, ¿en qué áreas se han especializado?

Hemos hecho tanto obras civiles como movimientos de tierra. Pero los mayores volúmenes de ingresos vienen por el ámbito de los movimientos de tierra masivos: construcción de muros, preparación de plataformas… A modo de ejemplo, estamos todavía ejecutando el proyecto del muro La Brea para Caserones (para su embalse de lamas), un contrato de casi ocho años de duración, con un nivel de actividad realmente importante, más de ocho millones de m3. Estamos trabajando en las obras de adelantamiento de la séptima etapa del muro del embalse Caren, con Codelco; en pilas de lixiviación… Iniciativas que abordamos también en consorcio con otras empresas nacionales.

Es un esquema usual de trabajo el asociarse…

Sí, solemos hacerlo por varias razones. Primero, porque nos permite acceder a proyectos de magnitudes que, por sí solos, pueden ser muy grandes para una empresa constructora y poner en riesgo su estabilidad ante dificultades. Además, aportamos personal (con diversas habilidades), que es uno de los factores más importantes para el éxito o fracaso de un proyecto. También capacidades financieras, equipos y maquinarias. Y frente al mandante, el hecho de contar con experiencias que se van complementando, es un valor agregado.

¿Contemplan realizar inversiones importantes este año?

Tenemos un plan de renovación de maquinaria y de incorporación de equipos, que lo vamos a implementar en la medida que se adjudiquen algunos de los contratos relevantes.

¿De qué monto?

Del orden de US$10 millones por lo menos, si nos adjudicamos tan solo un proyecto.