Con un crecimiento previsto de 9% para este año, Antofagasta Minerals aspira a alcanzar un nuevo récord en su producción, tal como ocurrió en 2018, en el rango de las 750.000 -790.000 ton.

Iván Arriagada, presidente ejecutivo del grupo minero, explica que este aumento responde a la preocupación de la compañía por lograr el uso eficiente de su infraestructura, pero también por mejores leyes en algunas de sus operaciones.

“Queremos utilizar nuestra infraestructura con coeficientes altos de uso, eso significa mejoras en productividad, y desarrollar también nuestra base de recursos mineros con inversiones que nos permitan ir incorporándola dentro de nuestra producción”, comenta, indicando que eso es lo que están realizando en Pelambres, con el proyecto Inco, y lo que pretenden hacer en Centinela.

[No tenemos una meta cuantitativa de producción; no nos interesa fijarnos una, sino que asegurarnos que producimos toneladas que sean rentables, que contribuyan a nuestra generación de resultados.]

 

Ustedes actualmente están produciendo del orden de las 750.000 ton. ¿Cuál es la
meta a más largo plazo como productor de cobre?
Tenemos cuatro operaciones en Chile, y dos distritos grandes: Pelambres y Centinela, que tienen potencial de crecimiento. Vemos que es una posibilidad ir desarrollando esos distritos, a través de inversiones que haremos en el tiempo.

No tenemos una meta cuantitativa de producción; no nos interesa fijarnos una, sino que asegurarnos que producimos toneladas que sean rentables, que contribuyan a nuestra generación de resultados, de caja. Nos interesa hacer inversiones que sean efectivamente rentables y permitan crear valor.

El aumento de producción previsto para este año, ¿estaría dado en todas las operaciones o en algunas en particular?
Esperamos un aumento de producción en Centinela, producto de mayores leyes, y un crecimiento en Zaldívar, por la misma razón. En el caso de Centinela lo que hemos hecho es un plan minero que tiene mejores leyes de alimentación este año, y también echamos a andar el ejercicio pasado la planta de Óxidos Encuentro, en la línea de hidrometalurgia, que ya está operando en pleno y por lo tanto tenemos más capacidad de planta asociada a ese proyecto.

¿Con que leyes están trabajando en Centinela?
En el caso de esa operación esperamos que este año vamos a estar con leyes de alimentación promedio del orden de 0,65% (en el rajo súlfuro). Eso es mejor que el año pasado.

¿Y en Pelambres?
Estamos con leyes de 0,69%. Pelambres es un yacimiento cuya baja de ley ocurre en tramos pequeños, sobre periodos prolongados de tiempo; en Centinela tenemos mucha
mayor variabilidad.

Proyecto Inco

 

En Pelambres el principal problema es la dureza del mineral…
A medida que ha ido avanzando la explotación de Pelambres uno de los principales problemas es la dureza del mineral, por eso tenemos el proyecto Inco, cuya razón de ser es justamente agregar capacidad de molienda en la planta actual, que nos permita compensar la mayor dureza.
Con la nueva capacidad de tratamiento vamos a poder incrementar la producción
en alrededor de un 15%, en comparación con lo que generamos hoy día, alrededor de 60.000 ton en promedio durante los primeros cinco años. Eso nos permitiría situar a Pelambres de nuevo cerca de las 400.000 tcf. Volvería a los niveles históricos (de sus inicios hace casi 20 años).

Inauguración Inco

Con la presencia del Presidente Sebastián Piñera, junto con los ministros de Minería y Economía, se inauguró oficialmente el inicio de la construcción del Proyecto Inco, en Pelambres.

¿Cómo están trabajando para que la nueva línea no interfiera con la actual planta?
Se hizo un trabajo en detalle de ingeniería el año pasado, para que justamente todo ocurra con el mínimo de interferencia. Uno de los trabajos importantes este año es la ampliación del stock pile, es una de las potenciales interferencias importantes; eso está bastante bien programado.

Actualmente se utiliza mucho lo que se denomina un gemelo digital. Se digitaliza el proyecto de conexión y se simula todo lo que se requiere, previo a hacerlo en terreno. Lo usamos cuando se expandió la planta de Óxidos Encuentro, en Centinela, y funcionó muy bien.

¿Las licitaciones de los grandes equipos ya están avanzando?
Algunos de los contratos ya están asignados y en fabricación; otros están todavía
en curso. Durante esta etapa lo que estamos haciendo es asegurar todos los equipos críticos y empezar a movilizar el trabajo en terreno.

¿La planta desalinizadora va a ser inicialmente de respaldo?
Tiene dos componentes. Alrededor de 125 lts/seg van a abastecer de agua a
la nueva línea de molienda; está directamente asociada a la expansión. El remanente para llegar a los 400 lts/seg, que es la capacidad que tendrá, va a estar de respaldo, particularmente en escenarios de extrema sequía.

Además, tenemos previsto que después de esta fase venga otra en Pelambres. Entonces, la capacidad remanente podría abastecer  esa expansión.

Nuevas expansiones

 

¿Qué características tendría esa nueva expansión?
En términos de capacidad de molienda es menor. Consiste básicamente en agregar una línea de molienda secundaria al molino SAG que se va a instalar ahora, pero ese proyecto -en el cual estamos recién partiendo con los estudios- tendría involucrados permisos nuevos para relave y para botadero; desde ese punto de vista es más significativo.

La inversión asociada es del orden de los US$600 millones.

¿Por ahora no está en los planes ir por una ampliación mayor?
En nuestros estudios esta secuencia sería la óptima para el desarrollo de Pelambres en el largo plazo.
Lo que permite esta fase 2 es extender la vida del yacimiento, que de acuerdo con sus permisos vigentes, es hasta 2037.

En el caso de Centinela la decisión sobre su nueva etapa de desarrollo se ha postergado para 2020-2021 ¿Por qué motivo?
Lo que estamos haciendo ahí es evaluar la mejor opción de crecimiento, y hemos llegado a la conclusión de que la mejor alternativa es una planta nueva.

Iván Arriagada en terreno

Iván Arriagada estima que a 2030 la demanda de cobre asociada a la electromovilidad y las ERNC podría representar 1,7 a 2,0 millones de ton anuales.

¿Se descarta entonces que sea sólo una ampliación de la actual concentradora?
Sí. Nos parece que la ampliación –cuando la terminamos de evaluar– es una opción que es sub-óptima, porque nos restringe mucho la capacidad de crecer, en base a la configuración que hoy tiene la planta. La mejor alternativa es una concentradora nueva; lo que sí nos interesa es terminar esos estudios, con un diseño que esté suficientemente avanzado y que nos garantice que efectivamente es el mejor proyecto. Ahora estamos en una etapa de optimizar el diseño, y vamos a seguir en eso todo 2019 y 2020, con miras a someter esta decisión (al directorio) en 2021.

¿Contemplan una planta similar a la actual o de otra envergadura?
Tendría dos etapas. En su primera fase sería de 90.000 tpd, similar a la capacidad que posee la actual, pero emplazada en un lugar distinto, que nos permita acercarnos a los otros yacimientos que tiene el distrito y donde se depositarían los relaves.

Sería volver a la idea original cuando se hablaba de este desarrollo…
Sí, básicamente es retomar el proyecto de una segunda planta, con cambios importantes en tecnología de conminución; estamos hablando de molinos de rodillo de alta presión (HPGR) en vez de molino SAG, y con todos los adelantos que nos permitan lograr un proyecto más optimizado.

Zaldívar y Antucoya

 

En cuanto a la situación de Zaldívar –faena que operan y en la cual la compañía controla el 50%– Arriagada explica que tienen un plan minero base que se extiende hasta 2030, pero sus permisos de agua expiran en 2025, por lo que el año pasado ingresaron una solicitud para extender esas autorizaciones.

“Para nosotros es importante para poder continuar con la operación minera entre 2025 y 2030. Extraemos un 38% de los derechos que tenemos permitidos, y lo que hemos solicitado es continuar con esa misma fracción: 212 lts/seg”, comenta.

¿Cómo ha operado su faena más nueva: Antucoya?
Es bien emblemática, porque representa cómo va a ser la minería del futuro; opera con más bajas leyes, de 0,35%. Estamos trabajando para que sea un caso exitoso.
El año pasado tuvimos un poco de menor producción, porque enfrentamos algunos inconvenientes en el funcionamiento de la planta pero han sido superados y proyectamos para este ejercicio un aumento, asociado a mayores niveles de eficiencia.

¿En qué rango está trabajando?
La idea es que esté operando en su capacidad de diseño, que son alrededor de 80.000 ton de cobre fino anuales. Este año esperamos poder alcanzar esa cifra.

[A medida que ha ido avanzando la explotación de Pelambres uno de los principales problemas es la dureza del mineral, por eso tenemos el proyecto Inco, cuya razón de ser es justamente agregar capacidad de molienda en la planta actual]

 

¿Cómo avanza el proyecto Twin Metals, en Estados Unidos?
Contamos con un equipo muy empoderado, que está trabajando en la preparación de lo que llamamos el Plan Minero de Operación. Tenemos previsto terminarlo este año y presentarlo a principios del próximo, para iniciar todos los permisos. Esas autorizaciones en Estados Unidos se demoran cinco o seis años, por lo que tenemos un largo camino por recorrer.

¿Es tanto o más lento que en Chile?
La diferencia es que cuando los dan son relativamente inamovibles (los permisos); no hay un tema de incerteza cuando son otorgados.

¿Están viendo otras oportunidades?
En las Américas, donde estamos concentrados, tenemos actividad de exploración en Canadá, Estados Unidos y en Perú, en etapas tempranas.

¿Cuánto destinan a exploración y, de eso, cuánto es fuera de Chile?
Nuestro presupuesto es aproximadamente US$40 – 50 millones al año, y diría que dos tercios son en Chile y el resto afuera.

Un futuro positivo para el cobre

“Nuestro negocio es el cobre; tenemos una visión favorable”, afirma Iván Arriagada, respecto a las perspectivas para el futuro del commodity. “Si uno mira las economías emergentes -agrega-, en particular China y otras de Asia, el metal juega un rol muy primordial en el avance de la infraestructura urbana”.

Junto con ello, hace notar que también tiene un papel importante en habilitar una economía de bajas emisiones, particularmente a través del transporte limpio, la electromovilidad y las ERNC. “Se necesita cuatro o cinco veces más cobre por MW de capacidad instalada para generar energía de fuentes renovables, frente a las convencionales. Y en electromovilidad, tres o cuatro veces más cobre por unidad en el caso de los vehículos”, puntualiza.

El ejecutivo indica que actualmente es un porcentaje menor el cobre que va a estos dos usos, pero se prevé un crecimiento significativo: “Hoy en día, si más o menos el 1% del mercado del cobre va a electromovilidad y energías limpias, creemos que eso va transformarse en un 8% – 10% en un plazo de diez años. A 2030 podemos pensar que 1,7 – 2,0 millones de ton podrían estar dedicadas a estos usos. Por lo tanto, el cobre tiene fundamentos que son sólidos”, subraya.