Ingeniero civil Mecánico de la Universidad de Concepción y Máster en Producción y Calidad del Instituto de Directivos de Empresas de Madrid, Francisco Martin es el nuevo presidente de la Asociación de Empresas Consultoras de Ingeniería (AIC), luego que el 28 de junio resultara electo por la mayoría de las firmas socias con derecho a voto, para el periodo 2018-2020.

Es gerente de Desarrollo de PSC Ingeniería, a la que se integró en 2011 como líder del área de Mecánica y Piping. En la AIC encabezó el Comité de Minería entre 2015 y enero de 2018, y fue director desde marzo de 2016 hasta su elección como timonel del gremio, en un proceso donde, a diferencia de años anteriores, la presidencia no se definió por aclamación, sino por una contienda entre dos candidatos. “Fue una competencia sana”, destaca, enfatizando que este tipo de disputa lleva más gente a votar “y eso tiene un beneficio para la representatividad”.

¿Qué es lo que más lo motiva de la actividad gremial?

Es la oportunidad que tenemos de aportar desde nuestros respectivos roles. Las asociaciones gremiales son un canal para participar, ya sea en la redacción de las leyes o en la de los reglamentos complementarios. En general, y particularmente en los temas técnicos, el legislador tiene mucho interés en recoger la opinión de la ciudadanía experta.

Tenemos la tendencia a vernos como menos de lo que somos, pero hay actores relevantes del mercado, por ejemplo Codelco, que tienen un particular interés en relacionarse con nosotros. Y si pudiéramos sentamos a la mesa con ejecutivos de un grupo importante de mandantes, sería un logro y un gran aporte para nuestras empresas. Es gente, en general, a la que la mayor parte de nuestros socios no tiene acceso.

Los que ponemos talento en los proyectos y hacemos innovación somos nosotros. Desde el punto de vista de ideas e innovación, el recurso está en la ingeniería.

¿Cuáles son los principales ejes de su programa al mando de la AIC?

Tiene cuatro pilares. Primero, administración interna, donde tenemos que pegar un salto y hacerla más eficiente. Segundo, comunicaciones; hay algunos medios que recurren a nosotros, pero muchos otros en los cuales no estamos. Si no tuviéramos nada que decir, lo creo, pero sí tenemos que ofrecer. El indicador de actividad que predice el comportamiento de la economía es muestra de ello.

En tercer lugar, hay ajustes que hacer en Estudios. Necesitamos tener a más empresas aportando sus cifras, para que el indicador siga siendo un muy buen predictor.

El cuarto eje, pero no por eso menos importante, es aumentar los niveles de percepción de beneficios directos de nuestros socios, por el hecho de pertenecer a la AIC. Queremos que los que están, estén muy contentos, y los que no, lo único que quieran sea estar.

¿Hoy cuántas empresas socias tiene la AIC?

Somos 60.

¿Cuánto representan dentro del rubro de la ingeniería?

Hemos catastrado 270 empresas de ingeniería en Chile. Ahí hay de todo, grandes empresas y también oficinas muy pequeñas que tienen dos ingenieros, cuatro proyectistas y se dedican a edificios residenciales o de oficinas.

¿Cómo esperan aumentar la cantidad de socios?

Hay iniciativas interesantes en cuanto a producir un acercamiento con nuestros mandantes más importantes. Es decir, acercar la oferta con la demanda, y eso sin duda es un beneficio directo para nuestros socios, y también para el cliente.

Usted ha dicho que su misión será posicionar al gremio. ¿En qué está pensando para eso?

En el punto de las comunicaciones. Nos falta mayor posicionamiento. No se trata de ser la estrella, pero sí de figurar de acuerdo a lo que somos. Estamos al debe, porque tenemos más que entregar a la sociedad.

Francisco Martin, presidente de la AIC

“No conozco un proyecto que no se haya encarecido”, dice Martin, haciendo ver que muchas veces los clientes llegan con ideas preconcebidas que impiden considerar opciones que pueden ser más eficientes.

 

¿Punto de inflexión?

 

Uno de los aportes de la AIC es el indicador de actividad de la ingeniería, que se ve algo mejor en los últimos trimestres. ¿Qué factores están incidiendo en esta mejoría?

La minería pesa lo suficiente como para mover la aguja del indicador por completo. Ahora, no creo que vaya a pasar nada que nos sorprenda mucho. Todo esto será muy paulatino. Hay que entender que cuando la actividad se vino abajo, en 2013, se vino abajo para los que diseñamos; para los que inspeccionan siguió boyante durante un buen periodo de tiempo. Hoy se le va a poner pesada la pista a los que inspeccionan, por lo menos, durante los próximos 18 meses. Para que el indicador en su conjunto sea muy positivo, falta que pase bastante agua bajo el puente.

Estamos viendo entonces mejores señales a nivel de diseño… ¿Cuándo se verán los frutos en la construcción?

Siempre el desfase está en 18 a 24 meses.

¿Pero se puede decir que estamos ya en un punto de inflexión?

No sé si podemos hablar de punto de inflexión. Veamos qué pasa con las cifras del segundo trimestre, pero es apresurado decirlo ahora. Lo que se ve, en general, y que primero percibieron las empresas grandes y después las más pequeñas, es que hay un aumento importantísimo en invitaciones a licitaciones y solicitudes de cotización.

¿Licitaciones de qué tipo de proyectos?

Se está viendo un “chorreo” de los grandes contratos de ingeniería y construcción tipo EPC, en que invitan a participar en ingenierías específicas dentro de un contrato.

Hay proyectos mineros que se han encarecido de manera importante, como los estructurales de Codelco. ¿Qué responsabilidad le cabe a la ingeniería en esto?

No conozco un proyecto que no se haya encarecido. Lo que veo, en general, es que el cliente minero llega a tocar la puerta de la ingeniería con una idea peligrosamente preconcebida. Muchas veces uno le da alternativas al cliente, pero éste dice “limítase a lo que le pido” y se cierra a opciones que pueden ser más eficientes. Eso impide a la ingeniería aportar con mejores prácticas.

Volver a invertir

 

¿Cómo ve la viabilidad de la cartera de proyectos mineros que suman más de US$60.000 millones a 2026?

Hay que analizarlos caso a caso. Es muy importante lo que pase finalmente con Dominga, porque será una señal potente. No hay otro proyecto más complejo que ése, porque tiene el componente político de por medio, por lo que creo que lo que pase en el futuro estará muy marcado por lo que suceda con esta iniciativa.

¿Hoy existe suficiente certeza para invertir y retomar proyectos que estaban detenidos?

Esto me lo preguntan los dueños de nuestra empresa todo el tiempo. Hay algo objetivo: si vemos el comportamiento de los accionistas de las grandes mineras del mundo, cada vez que se produce una caída en el precio del cobre, se genera una aversión a invertir. Es bastante irracional, porque todos sabemos que esto es un ciclo; lo que desconocemos es su duración. Aun sabiendo que esto ha pasado muchas veces, se produce una aversión en momentos en que el metal está por el piso. En circunstancias que uno debiera esperar, sobre todo de gente experta, que precisamente inviertan cuando todo está más barato, incluyendo la ingeniería y la construcción, y además el proyecto va a estar en plena producción en el peak del ciclo. Pero es algo que no vamos a cambiar desde Chile. Por lo tanto, siempre el precio va a ser una variable que nos va a afectar.

En lo personal, me preocupa otro tipo de cosas; que Perú nos saque ventaja y el problema de la productividad. Podemos tener todo el cobre del mundo, pero si somos ineficientes o menos eficientes que el de al lado, si yo soy el dueño de los US$5.000 millones, voy a invertirlos en Perú.

¿Qué le parece que el Gobierno esté planificando hacer cambios al sistema de evaluación de proyectos?

Algo tan relevante para la economía del país, hay que estar repensándolo permanentemente. El sistema mostró debilidades que es imperativo corregir.