“No le toman suficientemente el peso que tiene la minería, no solamente desde el punto de vista del PIB y del financiamiento al Estado, sino también desde las posibilidades que ofrece de empleo, movilidad social, de red de proveedores”. De esta manera, el sociólogo y consultor Eugenio Tironi describe la dicotomía que dice apreciar entre lo que aporta la industria minera al crecimiento económico y la valorización que tiene de ella la ciudadanía.

A su juicio, esa disociación se da más bien a nivel de la elite dirigente o ilustrada en Chile, y no así en la población general: “Si uno va al Norte Chico, a la Región de Valparaíso, la Región Metropolitana, Biobío y, para qué decir, al Norte Grande, uno levanta una piedra y se encuentra con una familia que tiene algún pariente trabajando o que trabajó en la minería. Hay un nexo con la población, pero no se proyecta en el discurso ilustrado”.

¿A qué atribuye esa disociación?

Salvo Teniente, Los Bronces, Andina y Los Pelambres, el resto de la Gran Minería se desarrolla en localidades más despobladas. Entonces, la minería se ve como algo lejano. Además, históricamente la industria tampoco se ha preocupado demasiado en ‘sacarle más brillo’ al nexo que tiene con la sociedad, y se le ha dado una connotación muy económica.

¿Ha visto algún cambio en los últimos años respecto de cómo se posiciona el sector?

Desde luego, hay un cambio importante en el hecho de que las compañías mineras tienen, en sus localidades y regiones, un peso bastante relevante en el desarrollo de proyectos sociales, de emprendimiento, construcción de red de proveedores. Basta ver lo que es Collahuasi para Iquique, Escondida para Antofagasta, Pelambres para el Valle del Choapa o El Teniente para Rancagua.

Segundo, las mineras han tenido más presencia de la que tenían antes en el mundo de la cultura y la educación.

Y tercero, se ha logrado –y ése es un mérito de las últimas administraciones de Codelco y en particular de la dupla Landerretche/Pizarro– hacernos sentir más responsables, a todos los chilenos, de la suerte de Codelco. Tenemos más presente los desafíos y dificultades que enfrenta.

¿Y qué pasa con el posicionamiento de la minería en los ámbitos de toma de decisiones, llámese Congreso o Ejecutivo? Hay quienes lamentan que el Ministerio de Minería sea uno de los más pequeños…

La minería, por su peso específico, tiene una influencia muy grande en las decisiones públicas de todo tipo. Y tiene instituciones fuertes como el Consejo Minero y Sonami, que están bien posicionadas. Sería interesante evaluar hasta qué punto deberíamos tener un Ministerio de Minería más potenciado, que tenga un gran plan de trabajo de largo plazo, similar a lo que hizo Máximo Pacheco en Energía, que nos permita proyectar como país lo que queremos hacer con la minería.

Lo que está detrás

¿Por qué parece que pesan más las externalidades negativas de la minería que las positivas?

Eso pasa, en general, con todas las actividades económicas; no es exclusivo de la minería. Pero ésta tiene el karma de ser una industria extractiva de recursos no renovables, sobre la cual muy pocos conocen cómo funciona. Los chilenos no nos damos cuenta del esfuerzo, la sofisticación, la mancomunión de disciplinas, organizaciones y tecnologías que están envueltas en la producción minera. Lo vemos como si fuera algo simple, como sacar tierra con pala de un cerro.

¿Qué errores siguen cometiendo las mineras en su intento por mejorar la percepción que se tiene de ellas?

Un error, que es cada vez menor, pero sigue existiendo, es tener relaciones transaccionales con las comunidades. Negociar en términos de “yo te proveo una cancha de fútbol o una escuela, y tú me dejas hacer lo que yo quiero”, no va más. Hoy las compañías mineras están obligadas a establecer relaciones de largo plazo con los grupos concernidos, los cuales quieren estar desde el inicio, tener mecanismos de monitoreo sobre lo que se acuerde y participar de los beneficios de la explotación.

¿Qué diferencia hace el concepto de valor compartido?

No me casaría con una fórmula, como (ofrecer) un determinado porcentaje de las utilidades o ventas. Me quedo con el principio; de que una empresa que quiere extender su explotación o iniciar una nueva faena, tiene que ser muy transparente y estar disponible a que su proyecto reciba las objeciones, indicaciones y aprensiones de las comunidades que están a su alrededor, y que se establezca una manera para que ellas participen, tanto de los riesgos como de los beneficios.

¿Cuán importante es la incorporación de las comunidades a través del empleo?

Es bien importante, incluso desde el punto de vista ambiental, por el costo en CO2 que tiene movilizar a un trabajador …la huella de carbono que eso deja… Pero tampoco se puede establecer allí una regla, porque muchas veces son empleos muy especializados respecto de los cuales no hay mano de obra disponible en la zona.