Lógica de colaboración

Hace más de un año, un grupo de líderes gremiales de la Región de Antofagasta expresó su descontento por lo que llamaron debilitamiento de un modelo integrado que iba en beneficio del desarrollo sostenible de la zona. En una carta dirigida a BHP, mostraban su inquietud por recuperar la histórica relación de la minera con la comunidad.

Como respuesta, la compañía modificó algunas de sus políticas contractuales con los proveedores, comprometiendo el pago a 30 días para las firmas locales, a un máximo de 40 días para las grandes empresas con casa matriz en Antofagasta y a la contratación de mano de obra local, equivalente a por lo menos un 40% en los futuros proyectos (cabe señalar que en enero fue promulgada la ley de pago a 30 días, cuya aplicación será gradual en un lapso de dos años).

En paralelo, y como consecuencia del proceso de diálogo temprano con las comunidades, los responsables del proyecto NuevaUnión –joint venture de Teck y Goldcorp– debieron introducir más de 15 cambios a su propuesta original; entre ellos, se comprometieron a instalar la oficina central en Vallenar y a priorizar el empleo y la relación con contratistas locales.

Ambos casos reflejan la relevancia que se le otorga al impacto social y económico que genera la minería, una industria en torno a la cual trabajan más de 5.000 proveedores, según recogió el Roadmap Tecnológico 2015-2035 del Programa –hoy Corporación– Alta Ley.

En esa hoja de ruta se planteó el desafío de sentar las bases de una actividad exportadora basada en el conocimiento. Un reto que, sin duda, requiere un cambio de enfoque en la relación entre las compañías mineras y sus proveedores, pasando de un vínculo principalmente transaccional a uno virtuoso, es decir, de beneficio mutuo.

No se puede desconocer que en los años recientes ha habido algunos esfuerzos en este sentido. Entre ellos, destacan los acuerdos de homologación suscritos por la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (Aprimin) y algunas grandes compañías mineras, para uniformar estándares y requisitos de acreditación para el ingreso a faenas, lo que permite operar con mayor eficiencia y mejorar la productividad. Asimismo, está la disposición que han mostrado determinados mandantes para participar en canales de innovación abierta, presentando desafíos específicos a emprendedores locales para que éstos desarrollen una respuesta “a la medida” de sus necesidades.

Como ejemplos, tenemos el trabajo realizado a través del programa público-privado Expande, que tiene como socios estratégicos a BHP, Codelco y Antofagasta Minerals. La minera del grupo Luksic también se ha sumado al trabajo del Clúster Minero de la Región de Antofagasta, a partir de la experiencia con su plataforma Innovaminerals.cl, herramienta que partió como una instancia para que sus trabajadores propusieran sus ideas de innovación tecnológica, y que se abrió luego a proveedores y centros de investigación para recibir sus propuestas.

Sin embargo, aún queda camino por recorrer. La última Encuesta de Innovación en Empresas Proveedoras de la Gran Minería, elaborada por Cochilco, constata que si bien la mayoría de estas compañías cuenta con presupuestos y procesos formales para sustentar proyectos de innovación, y que una alto porcentaje lanza nuevos productos y servicios una vez al año, la principal traba que perciben los entrevistados es la resistencia de la industria minera para incorporar soluciones no probadas, así como la falta de una cultura de innovación.

Lo cierto es que para que el país pase a un estado superior de desarrollo, debe hacerlo de la mano de la minería, pero involucrando a toda la cadena de valor, con una lógica de colaboración. Esto implica seguir haciendo esfuerzos para una relación mandante-proveedores más estrecha y simétrica.