Hacia una agenda minera común

Chile y Perú enfrentan desafíos comunes, como el uso eficiente del agua y la energía, la obtención de la licencia social para operar, las crecientes regulaciones medioambientales. Su acercamiento puede abrir enormes oportunidades.

En 2016 la producción chilena de cobre mina totalizó 5,6 millones de toneladas métricas, equivalente al 26,8% del volumen producido a nivel mundial; una participación que si bien representa 8,5 puntos porcentuales menos que la que el país ostentaba hace una década, lo sigue ubicando como líder en el mercado del metal rojo.

Paralelamente, empieza a acercársele Perú, que el año pasado aumentó en 38,4% su producción de cobre, hasta 2,4 millones de toneladas métricas finas. El Gobierno del vecino país, consciente del aporte en recursos que significa la minería para el desarrollo de la nación, ha mantenido un potente discurso pro industria y ha tomado acciones para destrabar las inversiones en el sector.

Pero más allá de las comparaciones y sana competencia que hay entre ambos países por captar capitales con foco en minería, destaca la disposición de las autoridades a intercambiar conocimientos y experiencias, con miras a desarrollar una industria minera regional más productiva, sustentable, atractiva para los inversionistas y responsable de sus posibles impactos en el entorno y las comunidades.

[Chile y Perú enfrentan desafíos comunes, como el uso eficiente del agua y la energía, la obtención de la licencia social para operar, las crecientes regulaciones medioambientales. Su acercamiento puede abrir enormes oportunidades.]

Un primer paso en ese sentido se produjo a mediados de este año, cuando se concretó en Lima el primer Gabinete Presidencial Chile-Perú, encuentro al que asistieron 20 ministros de Estados chilenos para estrechar relaciones bilaterales e incrementar los mecanismos de colaboración con sus pares peruanos.

Al término de dicha instancia, se suscribieron 14 acuerdos de cooperación, en materias de salud, educación, deportes, migración, gestión de desastres naturales, empleo, seguridad laboral, tecnología e innovación, desarrollo productivo de micro, pequeñas y medianas empresas, entre otras.

Ello, tras haberse identificado ejes estratégicos de asociación e integración en diferentes ámbitos, entre los cuales la minería ocupa un lugar relevante, dado su peso en ambas economías.

Chile y Perú representan cerca del 40% de la producción de cobre mina del mundo, pero sólo el 11% del cobre refinado, existiendo un amplio margen para aprovechar las sinergias que tienen, con miras a agregar valor a su oferta y fortalecer la cadena productiva. Además, los dos países enfrentan desafíos comunes, como el uso eficiente del agua y la energía, la obtención de la licencia social para operar, las crecientes regulaciones medioambientales, entre otros.

Su acercamiento puede abrir enormes oportunidades para el desarrollo de una industria minera en que no sólo se intercambien experiencias y conocimiento, sino también se generen condiciones para potenciar la participación de los proveedores, por medio de acciones que impulsen el comercio bilateral de productos, servicios y tecnología.

Como punto de partida puede tomarse la propuesta hecha por el presidente del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP), Ing. Víctor Gobitz, en el marco de Perumin 2017, quien en relación con la Alianza del Pacífico, sugirió avanzar en una Agenda Minera Común, que contemple: perfeccionar el marco institucional para compartir las mejores experiencias; estandarizar procesos administrativos e incrementar la eficiencia en la regulación; el desarrollo de proveedores, para fomentar el flujo de conocimiento y capacidades técnicas; y trabajar en la formación de capital humano, para agilizar la transferencia de know how a nivel profesional.

No cabe duda que será más fácil enfrentar nuevos retos, y alcanzar el éxito en ese proceso, a partir de un trabajo mancomunado que sume experiencias y construya confianzas, para desencadenar una nueva etapa de aporte de valor a nuestras economías, de la mano de la actividad minera.