Estar preparados

Para aprovechar el cambio de tendencia que se empieza a apreciar en el mercado, el país tiene que generar las condiciones.

Este mes de mayo tiene lugar una nueva versión de Exponor, que se ha consolidado como punto de encuentro de los distintos eslabones que componen la cadena industrial de la minería. Con Antofagasta como escenario privilegiado, cuna de importantes operaciones mineras, la cita no sólo es una plataforma para la generación de negocios; también brinda la oportunidad de detenerse a evaluar la realidad que vive el sector, que en opinión de quienes entrevistamos en estas páginas exige esfuerzos mancomunados.

Tenemos señales de precios mejores a las registradas el año pasado y expectativas de un repunte más fortalecido hacia 2018, previéndose un mercado más ajustado entre oferta y demanda, lo que hace pensar que se irán retomando las inversiones y que el país debiera estar preparado para ello. Sin embargo, nuestros indicadores de productividad, competitividad y atractivo se han ido deteriorando. El último llamado de atención en este sentido fue el ranking del Instituto Fraser, donde Chile tuvo una estrepitosa caída desde el lugar 11 hasta el puesto 39 entre los destinos más interesantes para la inversión minera, ubicándonos por primera vez después de Perú.

Si bien Chile mantiene todavía una voluminosa cartera de inversiones en minería, que bordea los US$50.000 millones hacia 2025, en el corto plazo no se aprecian proyectos de gran envergadura que impliquen un aumento significativo en la producción. Ya el año pasado la producción chilena de cobre se redujo 3,9%, situándose en 5,6 millones de toneladas. Y para el presente ejercicio se ve complicada la proyección de crecimiento que tenía Cochilco antes de la huelga en Escondida, pues su previsión de 4,3% de aumento dependía casi totalmente de la operación de BHP Billiton, que acaba de bajar su estimación en torno a 25% hasta 780.000-800.000 ton (anteriormente esperaba un volumen superior al millón de ton).

Como lo dice en esta edición Nelson Pizarro, presidente ejecutivo de Codelco, la estatal es la empresa minera que más está invirtiendo en Chile en la actualidad. En la minería privada, los proyectos que destacan son la expansión del Distrito Centinela y el de Infraestructura Complementaria en Los Pelambres, que permitirán compensar la caída en las leyes y mantener niveles de producción; Candelaria 2030; Quebrada Blanca Fase 2; Nueva Unión y Desarrollo Mantoverde. A éstos se suma la decisión reciente de Goldcorp y Barrick de consolidar los proyectos Cerro Casale y Caspiche, para avanzar conjuntamente en su desarrollo.

En resumen, la agenda no contempla proyectos high grade, como los denomina el presidente de Sonami, Diego Hernández, pero Chile sigue siendo un distrito minero importante. Sus ventajas: la calidad del recurso geológico, el parque productivo, la plataforma de servicios, el nivel de los profesionales y técnicos. ¿Dónde están las debilidades? Principalmente en la excesiva regulación, con normas que se superponen y en que intervienen distintas entidades, a veces con criterios disímiles; la generación de leyes que rigidizan la industria, impactando aún más su productividad; la certidumbre jurídica que se ve debilitada con resoluciones discrecionales.

Para aprovechar el cambio de tendencia que se empieza a apreciar en el mercado, el país tiene que generar las condiciones. “Chile se debe enfocar en acrecentar su hospitalidad a la inversión minera”, ha planteado Diego Hernández, una visión que comparte el presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino, para quien la reactivación de proyectos se concretará con regulaciones más eficientes.

Es decir, aunque hay mejores precios, el escenario sigue siendo desafiante.