Aprendiendo las lecciones

El año recién pasado culminó con dos importantes anuncios de inversiones en gran minería: la aprobación del Directorio de Teck para el desarrollo del proyecto Quebrada Blanca 2, a partir de una alianza estratégica con la japonesa Sumitomo, y el inicio de la tramitación ambiental de la iniciativa que mejorará la infraestructura y capacidad productiva de Collahuasi. El primero involucra un monto estimado de US$4.700 millones, mientras que el segundo demandaría US$3.200 millones.

Un mes antes el grupo Antofagasta Minerals anunciaba su visto bueno al proyecto de Infraestructura Complementaria (INCO) de Minera Los Pelambres, que con US$1.300 millones, es la mayor inversión sancionada por esta faena en los últimos 14 años.

Todas noticias que parecen dejar atrás un periodo de cautela y menor actividad, donde la tónica fue un precio del cobre debilitado y en que el foco de las compañías estuvo puesto casi exclusivamente en el control de costos. Y si bien la incertidumbre internacional no se ha despejado del todo –principalmente por el cauce que podría tener la “guerra comercial” entre Estados Unidos y China–, en el mediano plazo se ve un escenario relativamente más optimista.

Las proyecciones de precio para el cobre apuntan a que éste se mantendría por debajo de los US$3 durante casi todo 2019, para remontar a niveles superiores hacia fines de año, consolidando un valor en torno a US$3,08 por libra en 2020. Ello supone una contención en la disputa USA-China y se basa principalmente en el déficit de metal rojo que se registraría hacia fines de la década.

[Es de esperar que ante este repunte de las inversiones, las compañías mineras demuestren que efectivamente aprendieron las lecciones y que primará una mirada de largo plazo. ]

Teniendo en cuenta ese pronóstico, es esperable que las compañías mineras empiecen a revisar sus carteras de proyectos para estar lo suficientemente preparadas para cuando se afiance el ciclo positivo, sin por ello olvidar las lecciones aprendidas.

Porque el boom minero y posterior deterioro en el precio de los commodities dejó varias enseñanzas, como la necesidad de cuidar la eficiencia, la gestión y el profesionalismo en la ejecución de las inversiones, por sobre la tramposa urgencia de producir más y a toda costa. Sabemos que eso termina en “pan para hoy y hambre para mañana”.

De acuerdo con Cochilco, en 2019 la inversión minera llegará a US$10.515 millones, lo que significa un incremento de 88,8% respecto de los US$5.569 millones de 2018. En tanto, la Corporación de Bienes de Capital registra en su último reporte –correspondiente al tercer trimestre de 2018– que en minería se invertirán US$18.530 millones en el quinquenio 2018-2022, lo que da cuenta de una recuperación a los niveles de 2016.

Uno de los efectos positivos que traerán estas nuevas inversiones es la creación de empleo que, por ejemplo, en el caso de Quebraba Blanca 2 implicará la generación de 11.000 puestos de trabajo durante el peak de demanda en la etapa de construcción, mientras que alrededor de 1.200 personas serán integradas a la faena en forma permanente, a las que se sumarán unos 900 trabajadores contratistas.

Otro aspecto que comparten las últimas iniciativas anunciadas es el uso de agua de mar, es decir, las mineras se están haciendo cargo de la escasez del recurso hídrico, disminuyendo el consumo de agua de fuentes continentales, lo que beneficiará al entorno de los proyectos.

Es de esperar que ante este repunte de las inversiones, las compañías mineras demuestren que efectivamente aprendieron las lecciones y que primará una mirada de largo plazo. Con el objetivo de entregar información actualizada a nuestros lectores, en las siguientes páginas detallamos los principales proyectos que se encuentran en marcha o cuentan con un alto grado de certeza de ejecutarse.