Prácticas y salidas a terreno: herramienta crucial en la formación

“Profesor, en esta salida a terreno aprendí más que en un curso de un semestre completo”, es la típica frase que escucho a alumnos de ingeniería en las visitas a operaciones.

“Profesor, en esta salida a terreno aprendí más que en un curso de un semestre completo”, es la típica frase que escucho a alumnos de ingeniería en las visitas a operaciones.

A 2012, de las 58 universidades chilenas nueve ofrecían la carrera de Ingeniería de Minas. Este año son 31. Además, la matrícula de las carreras existentes aumentó. Todos estos estudiantes requieren salidas a terreno como parte de su formación profesional, por lo menos una semestral y para varios ramos. Compitiendo además con esta demanda, están los liceos técnicos vinculados a la minería e industria, así como también las escuelas cercanas a las operaciones, las que se busca fidelizar bajo el concepto de “responsabilidad social”.

¿Cómo las compañías harán frente a esta demanda de visitas y pasantías? Está claro que les interesa atenderlas, tanto por imagen como porque efectivamente hay oportunidades de levantar buenos profesionales. Pero también es evidente que hay un costo relevante, pues se requiere un guía de buen nivel técnico o se distraen horas de especialistas, muchas veces en operación.

Por otro lado, en las universidades a los académicos focalizados en la investigación les cuesta hacerse espacio para acompañar a los alumnos en sus salidas. Esto es en general una exigencia, por cuanto hay responsabilidad legal en la casa de estudios para con el estudiante. Además, el costo de salidas es importante, pues requiere transporte, seguros, alimentación y equipo de seguridad.

¿Cuál es el resultado de la ecuación? Alumnos ávidos de salir a terreno, con poco apoyo de sus instituciones, compitiendo con muchas otras por plazas acotadas. Y para la industria: profesionales con poca experiencia práctica, quizás incluso con su vocación insegura.

La oportunidad de salir a terreno, visitando operaciones mineras o plantas, es de tanto o mayor impacto que un curso completo en aula. Los alumnos lo valoran y las vocaciones se revelan.

En tal sentido, constituye una gran oportunidad la que tienen en la Universidad de La Serena, con su Mina Escuela Brillador, donde los cerca de 1.200 alumnos de carreras vinculadas a la minería pueden salir a terreno frecuentemente y acercar la teoría a la práctica.

Por su parte, la Universidad de Chile podría abrir como escuela la Mina Pudahuel, en el Valle Lo Aguirre, cercana al lugar donde se ubicaría el proyecto del parque tecnológico de la Laguna Carén. Quizás el desarrollo de las “minas escuela”, a partir de operaciones muy pequeñas, cercanas a las ciudades que alojan a las casas de estudio y auspiciadas por compañías mineras y el Estado, podría ser una solución de largo plazo a la demanda insatisfecha por salidas a terreno. Insisto, cruciales en la formación y vocación de profesionales de un país minero por excelencia.