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El litio: un mineral con gran potencial a futuro

El desafío como país es relevante en términos de continuar por la senda de desarrollo de esta industria, siempre desde el foco de la sustentabilidad de los recursos.

El litio está de moda. Hasta el destacado economista de Yale, Vikram Mansharamani, invitado al desayuno del Consejo Minero a comienzos de año, destacó a este mineral como uno de los con mayor potencial a futuro en un contexto de alta incertidumbre para los commodities.

El principal atractivo del litio radica en su naturaleza: es el tercer elemento del sistema periódico y es el primer elemento del grupo de metales alcalinos. Su elevado potencial electroquímico y bajo peso específico hacen que este mineral sea utilizado en diversas aplicaciones, siendo su uso como material de cátodo en baterías recargables el más importante.

De acuerdo al Servicio Geológico de Estados Unidos, Chile concentra las mayores reservas de litio del mundo, las que en su mayoría se encuentran en el Salar de Atacama; seguido por China, Argentina y Australia. En términos de recursos, Bolivia desplaza a Chile en el primer lugar con el Salar de Uyuni. En cuanto a producción, Chile se ubica en segundo lugar como productor de químicos de litio (principalmente carbonato de litio), después de China.

El litio, a diferencia de la gran mayoría del resto de los commodities, ha evidenciado un importante aumento en el precio de sus diversos compuestos químicos, pasando de un promedio cercano a los US$6.000 la tonelada de carbonato de litio en 2015 a superar los US$8.000 en el segundo semestre de 2016.

Para explicar este rally en precios, los factores de demanda son clave: el uso del litio en baterías recargables, que representa actualmente un 33% de la demanda global, se espera que crezca a tasas por sobre el 10% anual durante los próximos 15 a 20 años, con lo cual llegaría a representar más de un 60% del consumo global hacia 2035, debido al desarrollo de vehículos a propulsión eléctrica y de sistemas de almacenamiento energético.

No es primera vez que esta industria observa un cambio estructural. Fue Sony a comienzos de 1990 la primera compañía en comercializar baterías recargables de litio (ion-litio), estando en ese entonces el mercado dominado por las baterías de nickel-cadmio. En menos de diez años el 90% de las baterías que se fabricaban en el mundo ya eran basadas en litio, lo que llevó a que en la década de 1990 los precios de los químicos de litio evidenciaran un importante aumento. La masificación del uso de estas baterías fue de la mano con el crecimiento del uso de dispositivos portátiles como smartphones, tablets, etc. Hoy en día se espera que el impacto de la entrada de los autos eléctricos y el empleo de sistemas de almacenamiento energético sea aún mayor.

La oferta de litio, por su parte, también ha sido responsable del alza en precios. Si bien hay proyectos en desarrollo en Argentina, Australia y Canadá, éstos se han demorado en entrar en producción, mientras que los actuales productores de litio han tenido dificultades para aumentar su capacidad productiva.

El desafío como país es, entonces, relevante en términos de continuar por la senda de desarrollo de esta industria, siempre desde el foco de la sustentabilidad de los recursos, toda vez que de acuerdo al propio Mansharamani, “el litio es un instrumento para invertir en un sector que se beneficia del cambio climático y de la tecnología”.

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