El impacto de la “Ruta de la Seda” para el mercado del cobre

Esta iniciativa puede resultar muy importante para América Latina y el mercado del cobre. En primer lugar, porque US$900 mil millones en inversión generarán mayor consumo de cobre y otras materias primas, ayudando a su demanda global.

China ha dado un gran paso en la promoción de su iniciativa “Una Franja. Una Ruta” (One Belt. One Road, OBOR) con la reciente cumbre realizada en Beijing. Con 120 países participando, incluyendo casi una treintena de presidentes, entre ellos la Presidenta de Chile, esta iniciativa tiene el sello pragmático de China, en contraste con las muchas iniciativas retóricas internacionales que generan pocos resultados concretos. En sólo cuatro años ya evidencia progresos reales, incluyendo recursos e instituciones funcionales al proyecto, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras.

Esta iniciativa está inspirada en la ancestral vía que unía comercialmente a Asia con Europa y África, atravesando toda la placa euroasiática, y que tuvo gran influencia en la historia humana, a través de la difusión del conocimiento, que luego aceleraría el desarrollo intelectual y económico del mundo.

China ha visualizado una revitalización de esta idea en el presente, a través de un plan de inversión estimado en US$900 mil millones, que involucra infraestructura ferroviaria, portuaria y energética, y que permitirá reducir los tiempos de transporte e incorporar a extensas áreas geográficas, muchas de ellas remotas e incluso algunas hoy inaccesibles, al comercio mundial.

Como toda gran iniciativa, enfrenta cuestionamientos, principalmente en quienes temen que se trate de una plataforma para fomentar el liderazgo y la influencia global de China, con riesgos de injerencia interna. También se teme que internacionalice conflictos hoy confinados a aspectos locales.

En momentos en que soplan vientos neo-aislacionistas y contrarios a la globalización desde Estados Unidos y Europa, esta iniciativa surge como un contrapeso que permite aspirar a mantener el ritmo comercial global que ha ayudado a que exista un período de alto crecimiento en el mundo, especialmente en el emergente.

Esta iniciativa puede resultar muy importante para América Latina y el mercado del cobre. En primer lugar, porque US$900 mil millones en inversión generarán mayor consumo de cobre y otras materias primas, ayudando a su demanda global.

Pero lo más importante es que permitirá la utilización de la capacidad de producción que ha venido quedando ociosa en China y que es la principal amenaza para la estabilidad económica de este país y del mundo. Una parte no menor de la capacidad productiva instalada construida en China en las últimas décadas, fue para satisfacer la demanda occidental y el desarrollo de la infraestructura doméstica. Ante el enfriamiento de las economías desarrolladas y la necesidad de China de dar prioridad al consumo doméstico como motor de crecimiento, existe capacidad ociosa que representa un peligro para la estabilidad económica china y mundial.

La Nueva Ruta de la Seda es, por ende, un plan magistral que busca matar varios pájaros con un solo tiro y que para América Latina es relevante también, pues esta Ruta facilitará la explotación de recursos naturales, incluyendo el cobre, por supuesto, en zonas remotas de centro-Asia y África. Esta es otra razón para cuidar la competitividad de la minería en Chile, Perú y otros países que dependen fuertemente de esta actividad.

Es hora también de prepararse para la llegada de la Ruta a América Latina, cuestión que debiera ocurrir una vez que se haya consolidado en su primer ámbito geográfico.