Diversificación productiva y el despegue de la minería

A pesar de que el último Imacec de junio, que creció 4,9% en comparación con igual mes del año anterior, muestra que la situación económica del país registra un desempeño sobre lo esperado, la percepción pública de que el país progresa es de un 41% frente a un 57% que considera que está estancada o retrocediendo.

Los principales problemas percibidos por la gente son el desempleo, la inflación y el precio del cobre, que se ha visto afectado en gran medida por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, situación que ha llevado a Cochilco a bajar su proyección para este año de US$3,06 a US$3,00 por libra.

Estamos frente una frustración a nivel general de las expectativas económicas, que está golpeando fuerte a la realidad nacional. Y es que, como todos sabemos, para Chile el cobre es clave para el crecimiento de nuestra economía y su buen desempeño es decodificado en forma inconsciente e inmediata como mejor calidad de vida para todos los chilenos.

En este contexto, la minería se ve enfrentada a una cierta responsabilización de los problemas que afectan actualmente al país. Sin embargo, muchos analistas sostienen que esta volatilidad en el precio del cobre va a persistir, por lo que vemos que se vuelve cada vez más fundamental buscar la manera de sacar a  la  minería de este espacio “culpable”.

Una alerta en este sentido fue la que dio Moody´s, que bajó la clasificación de riesgo del Gobierno de Chile a A1 desde Aa3, sumándose así a las agencias S&P y Fitch, que el año pasado impulsaron un movimiento similar. Entre los principales factores que explican esta baja de la calificación, Moody´s menciona a la posición fiscal de Chile, “que se ha deteriorado en forma constante en los últimos años”, y a la dependencia de los commodities y las vulnerabilidades externas, “que también se han vuelto más notorios para el perfil crediticio” del país.

Es aquí donde debiera estar centrado nuestro trabajo y donde el Programa Nacional de Minería Alta Ley está enfocando todos sus esfuerzos para transformar este problema en una oportunidad. Y la oportunidad se llama diversificación productiva. La diversificación productiva es posible, y no sólo posible, sino que además puede hacerse aún mejor y más efectivamente, a partir de las vocaciones productivas de nuestro país y desde lo que somos. No se trata de darle la espalda a la minería y a los recursos naturales, sino precisamente de ampliar la actividad productiva nacional hacia la construcción de capacidades, desarrollo y adaptación tecnológica y al ejercicio sistemático de la innovación.

La minería es nuestra carta de presentación a nivel mundial, nuestro territorio es “una larga y angosta faja de cobre” para cualquier observador de la economía global. Sin embargo, ella enfrenta hoy desafíos inéditos en términos de su capacidad de crecimiento, costos, productividad y sustentabilidad. Son precisamente esos desafíos, descritos en el Roadmap del Programa Alta Ley, los tractores que nos obligan a desarrollar investigación, ciencia, tecnología e innovación, y que son campo fértil para el emprendimiento.

De hecho, quienes hacen el seguimiento de las actividades emprendedoras a nivel mundial ya han identificado el progreso acelerado que está haciendo nuestro país en el emprendimiento minero. De esta manera, la minería, aunque parezca paradójico, se convierte en la locomotora principal de la diversificación y sofisticación productiva, y del paso de una economía basada en recursos naturales a una basada en el conocimiento.