Diversas reacciones generó la decisión de las tres empresas adjudicatarias de la licitación de valor agregado para el litio, que llevó adelante Corfo, de retirar sus propuestas; un proceso en el que las dudas respecto de los precios con que se accedería a la producción de Albermarle habría sido una de las razones.

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En la opinión de Eduardo Bitran, quien estaba a cargo de Corfo durante dicho primer proceso, la licitación fracasa porque “sabiendo que Albemarle tenía una política de precios de transferencia en que vendían por debajo del mercado a su matriz”, se le solicitó al Servicio de Impuestos internos, de común acuerdo con el Ministerio de Hacienda y de la Comisión Chilena de Energía Nuclear, que la empresa se sometiera a lo que se conoce como acuerdo de precio anticipado”.

La finalidad de dicha herramienta es que “cuando hay sospecha de precios de transferencia entre una empresa de recursos naturales y su matriz, la ley de 2011 incorpora un mecanismo que en la Ocde está establecido hace muchos años, que es la obligación de concordar el mecanismo de establecimiento de precios. Lo que hace Albemarle es una aberración, porque va y le propone a impuestos Internos un mecanismo que llamaríamos cost plus, costo más algo, lo cual el SII rechaza”.

El académico explica que “para Corfo no puede ser irrelevante que esta empresa pretenda vender a su matriz por debajo de los precios de mercado”, haciendo hincapié en que “el proceso de adjudicar a productores especializados y ponerse de acuerdo en cuáles eran los precios, era evidente que iba a fracasar, no por culpa de Corfo, sino que por un grave incumplimiento de temas más fundamentales, que es que una empresa exportadora de recursos naturales no puede vender a su matriz a precios distintos a los de mercado”.

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Respecto a las razones por las cuales el proceso se siguió desarrollando, Eduardo Bitran comenta que el abogado Felipe Bulnes, asesor jurídico en los contratos, le explicó “que acá no se trataba de un tema de negociar con el gobierno A o B, sino que era un tema de Estado, y que esto tarde o temprano iba a surgir, y que por lo tanto, no había que preocuparse, que esto se iba a corregir, y que la empresa iba a tener que cumplir con lo contractualmente establecido”.

El también presidente del Club Innovación, agrega que “lo que a mí me llama la atención es que Corfo, por una parte, según lo que informa el propio representante de Albemarle, haya decidido excluir las ventas relacionadas de este mecanismo. Al parecer, ése sería el cambio. Eso es gravísimo”.

Demanda creciente

Eduardo Bitran participará este miércoles 7 en la III versión del Foro del Litio, evento organizado por Editec Conferencias y Ferias, con miras a dialogar respecto al dinamismo y los desafíos que afronta la industria en torno al denominado oro blanco.

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El académico de la Universidad Adolfo Ibáñez comenta que “el precio spot que estaba marcado por el mercado chino ha caído, pero los valores de largo plazo se mantienen relativamente estables”, destacando que visualiza “un precio de rango entre US$8.000 y US$12.000 la tonelada en mercados de largo plazo, lo cual, dado los costos que tiene Chile e incluyendo los royalty, sigue siendo extremadamente rentable extraer y desarrollar el mercado y la industria en el país”.

A ello se suma que “las estimaciones que existen es que la demanda, derivada fundamentalmente del crecimiento de los vehículos eléctricos en el mundo y principalmente en China, van a llevar al mercado mundial del litio de 280.000 toneladas en 2018 a alrededor de un millón de toneladas al año 2025”.

Esta mayor demanda implicará una serie de retos para las compañías, debido a que “este es un sector en que se anuncian muchos proyectos, pero al momento de concretarse las inversiones y de desarrollar los proyectos en tiempo, forma, oportunidad y volúmenes, se han quedado en general cortas todas las predicciones. Por lo tanto, sigue habiendo un desafío importante en términos de desarrollo de la oferta para satisfacer el explosivo crecimiento de la demanda futura. Estamos hablando a 2025. A 2030 probablemente podría llegar a valores que duplicarían eso”.

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En este escenario, Bitran considera que Chile está hoy en día en una posición mucho más favorable, “porque la renegociación de contratos que ocurrió entre 2016 y 2017 con Albemarle y SQM, permite modificar los límites que pone la cuota de la Comisión Chilena de Energía Nuclear”, la que “está pegada a una regulación histórica antigua, que tiene que ver más bien con los usos nucleares del litio, lo cual hoy día es una opción que se ve muy remota a futuro, pero que estaba siendo un factor muy crítico para el desarrollo de los proyectos y las inversiones”.

En el caso de SQM, “la cuota implicaba que a 2022 se acababa la producción de litio. En el caso de Albemarle, implicaba que no se podía llevar adelante ni siquiera el plan de expansión que ya estaba invertido al año 2016”, explica.

El reto de crecer

Eduardo Bitran analiza el reto que implica “concretar las inversiones de expansión, que son básicamente en las plantas químicas, de transformación, donde hay un know how acumulado”, aunque advierte sobre el caso de “Albermarle, en que los proyectos se han demorado bastante más de lo que estaba planteado originalmente, y entendemos que los costos han sido muy superiores a lo que se informó en su oportunidad”.

Respecto a dicho plan de expansión, asociado a la negociación con Corfo, programado como una inversión de US$400 millones y que tendría que finalizar próximamente, “hay bastante incertidumbre de cuándo va a estar terminado, y probablemente va a costar más de US$700 millones”.

En el caso de SQM, “puede llegar fácilmente a sobre 200.000 toneladas de carbonato de litio equivalente; y el desafío fundamental es hacer las inversiones en las plantas”.