(El Mercurio de Calama) El denominado superciclo del cobre, que se extendió entre diciembre de 2003 y enero de 2016 (sobre esto no hay una sola postura), estuvo marcado por varios hitos históricos para la industria, como el peak alcanzado el 14 de febrero de 2011 cuando el metal rojo se cotizó en US$ 4,6031 la libra. Boom que, por la premura de producir y vender de las mineras, elevó los costos, los se hicieron insostenibles una vez que los valores del cobre descendieron, obligando a la industria a ser más productiva.

Demanda de china

El coordinador de Mercados de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), Víctor Garay, explicó que entre los factores que favorecieron el último superciclo del valor de cobre, que a su juicio se extendió entre los años 2003 y 2012, está principalmente el fuerte aumento del consumo de cobre por parte de China.

“Entre dichos años la demanda china se multiplicó 2,7 veces, y en el resto del mundo disminuyó. En tanto que la oferta de cobre mina solo se expandió 1,2 veces en el periodo. La lentitud del crecimiento de la oferta mundial del metal y expectativas que la demanda china continuaría creciendo a elevadas tasas por varios años más indujeron un fuerte aumentó en el precio del metal”, analizó.

Una buena escuela

Respecto de las lecciones que dejó en la industria el boom del cobre y si hubo un cambio de paradigma luego de ese ciclo, el presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino, opinó que “una de las lecciones que nos dejó el superciclo es que la industria no puede descuidar sus costos. Durante ‘boom’ minero, vimos una mejora del precio muy significativa, especialmente del cobre, pero también percibimos una mayor demanda por insumos, con una oferta que no era capaz de crecer al mismo ritmo de la demanda, lo que derivó en un incremento de precios”.

Villarino agregó que “en los años de bonanza, la industria estuvo más preocupada de la producción, que de ser más productivos y eficientes en los procesos. Lamentablemente cometimos el error de no tomarle importancia a la forma de producir”.

“Sin embargo, esta experiencia fue la mejor escuela para que posterior a este ‘boom’, las empresas implementaran ajustes para contener sus costos -que en su minuto se dispararon- y enfocarse en las mejoras de productividad. Junto con esto, la minería se concentró en la realización de proyectos relevantes con retos tecnológicos y de innovación en áreas como exploración, operación, sustentabilidad (incluyendo energía y agua) e inclusión (relaciones con comunidades y generación de valor compartido)”, complementó en su análisis el ejecutivo.

Para Garay, “durante el superciclo las empresas invirtieron fuertemente, privilegiando los aumentos de producción de cobre por sobre el control de costos operacionales y niveles de endeudamiento. Una vez superado el superciclo del precio , muchas compañías se encontraron con altos índices de endeudamiento que las obligó a vender activos mineros y desarrollar planes de reducción de costos”.

¿Puede repetirse?

Villarino, consultado sobre si se podría repetir un periodo al alza como el vivido durante el boom, dijo que “no hay duda que hoy nos enfrentamos a un escenario bastante mejor que al que teníamos hace unos años, donde el precio del cobre se mantuvo bajo y la inversión un tanto paralizada. Sin embargo, no es posible asegurar que este superciclo se repita”.

En cuanto a inversión, el ejecutivo de Cochilco dice que “en los últimos meses se han anunciado varios proyectos que hoy nos permiten hablar de una moderada reactivación. Por otro lado, cabe destacar que en 2018 alcanzamos una producción de cobre de 5,83 millones de toneladas lo que constituye un récord histórico, el que se sumó a un incremento en las exportaciones, de un 8,7%”.

Sin embargo, agregó, que esta no es una cifra comparable a las percibidas durante el boom minero. “Por lo mismo y como dije anteriormente, no me atrevería a hablar de un nuevo superciclo, creo que es poco probable que este escenario se vuelva a repetir, y en el caso de que lo haga, debemos ser cautelosos y no caer en la generación de grandes expectativas”.

Por su parte, Garay dijo que “es muy difícil predecir el próximo ciclo de precios y hoy no se visualiza que lo pudiera generar. Sin embargo, las proyecciones a largo plazo del precio del metal son positivas y están asociadas al desarrollo de ciertas tecnologías como la eletromovilidad, el crecimiento de la generación de energías no convencionales, crecimiento de la población y calidad de vida, principalmente en los países emergentes”.