De acuerdo con datos de la International Copper Association, la demanda de cobre en un vehículo eléctrico (VE) es entre tres y cuatro veces mayor que en uno a combustión. Esto se debe a los requerimientos de transmisión de energía eléctrica, desde la batería del equipo hacia sus diversos sistemas; por ello el metal rojo es fundamental.

En el caso del litio, estudios del sector apuntan a que un Tesla Model S, por ejemplo, tiene 10,8 kg de litio en su batería. Su uso es crítico para confeccionar cátodos.

Pero además de estos elementos, otros minerales se conjugan en las baterías para generar los procesos químicos internos, a nivel de ánodo y cátodo. El grafito, el cobalto, el níquel, el manganeso, el aluminio e incluso elementos de tierras raras, como el neodimio, pueden tener creciente relevancia para la fabricación de vehículos eléctricos.

El gerente general de GEM (Gestión y Economía Minera), Juan Ignacio Guzmán, reflexiona: “Siempre digo que todos estos elementos están en Chile en alguna proporción o concentración. La pregunta relevante es cuáles de éstos pueden extraerse de forma económica en el país, porque físicamente están todos presentes”.

Esto en un contexto en que se busca avanzar hacia productos con mayor valor agregado, vinculados a la fabricación de baterías, por medio de la licitación efectuada por  Corfo y adjudicada -en el caso de lo pactado con Albemarle- por Molymet, Samsung y Sichuan Fulin, empresas comprometidas a confeccionar cátodos de litio. Visualizar otras alternativas podría permitir que el país produzca otros insumos clave para la electromovilidad.

Los minerales clave

La gerente general de Signum Box, Daniela Desormeaux, explica que en la confección de baterías para VE “el grafito hoy se utiliza en materiales de ánodos, mientras que el manganeso y níquel se emplean en el cátodo”.

El gerente de Cobalt Chile, Ignacio Moreno, agrega que para las baterías “se requieren seis kg de cobalto en promedio por vehículo, pero algunos llegan incluso a necesitar más de diez kg de cobalto”. Concordando con la visión de Moreno, analistas del CRU proyectan que para 2025 los vehículos eléctricos representarán un 57% de la demanda global de cobalto, lo que equivale a una demanda promedio anual de 252.000 toneladas.

El gerente de Cobalt Chile enfatiza que en aleación con otros minerales, el cobalto cuenta con propiedades que hacen que las baterías sean más duraderas, de mejor rendimiento y en particular más estables químicamente. Colabora con la regulación de temperatura de las baterías.

En tanto, Juan Ignacio Guzmán, junto con mencionar la presencia del aluminio dentro de la mezcla de las baterías de ion-litio, incluye las aplicaciones con magnetos, que también pueden asociarse con la electromovilidad. En ese caso, asegura que el neodimio -metal perteneciente a las tierras raras- puede tener potencial. De acuerdo con el experto, este elemento cuenta con bastante investigación en Estados Unidos y su mercado ha crecido recientemente.

Las posibilidades en Chile

Guzmán enfatiza que “existen proyectos y ocurrencias geológicas de concentraciones altas de algunos de estos commodities en el territorio nacional”; pero que a su vez el problema está en que “económicamente ninguno de estos ha demostrado hoy su valor en Chile”. El experto destaca al cobalto y a las tierras raras como los con mayor potencial.

En el caso del cobalto existen varios depósitos a lo largo del país. El gerente de Cobalt Chile enumera a este medio la presencia de los siguientes yacimientos:

En el caso de las tierras raras, menciona el proyecto de BioLantánidos, en la Región del Biobío, que podría potenciar la producción de elementos clave para la fabricación de magnetos.

Los desafíos del Cobalto

Ignacio Moreno -quien fue subsecretario de Minería en el segundo gobierno de Michelle Bachelet-  admite que el sector minero nacional “empezó sólo hace unos meses a mirar este mineral con interés”. En el caso de Chilean Cobalt, sostiene que está en una etapa temprana de exploración y que “falta mucha información aún para dimensionar el potencial productivo del distrito nortino de San Juan, donde se encuentra nuestro proyecto La Cobaltera”, agrega.Los registros históricos de producción de cobalto en Chile datan de 1844 a 1941. El distrito de San Juan en Freirina, donde se localiza el proyecto La Cobaltera (Región de Atacama) es el más atractivo en el país desde la perspectiva de los expertos.

Juan Ignacio Guzmán, en tanto, hace notar lo difícil que es competir frente a otros depósitos, como por ejemplo en la República Democrática del Congo: “No solamente son muy ricos en términos de cantidad de cobalto, sino que además lo extraen junto con cobre, de modo que el costo de explotación del producto, es mínimo”, explica.

En ese sentido, la nación ubicada en el centro de África además de tener yacimientos con condiciones más favorables, es el mayor productor de este mineral del mundo. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, más de la mitad de la producción y las reservas mundiales de cobalto están en este país.

Otro punto que señala Guzmán tiene que ver con el valor al que se transa este elemento en la Bolsa de Metales de Londres. Según el gerente general de GEM, el interés de explotar este mineral se incrementó por el aumento de precios registrado a partir de 2016, mientras que este año el valor  volvió a disminuir considerablemente.

Optimismo

Pese a las dificultades en torno a la actual cotización del cobalto, Ignacio Moreno muestra signos de optimismo, exponiendo que en un mercado tan pequeño como es el de este elemento, “Chile puede llegar a ser un actor significativo, ya que el potencial geológico de nuestro país es real, y eso se une con el potencial minero y metalúrgico necesario para volver a producir cobalto”.

En otra arista, dado el debate internacional respecto de las condiciones de extracción de este mineral en países africanos -con explotación y trabajo infantil- Moreno considera fundamental diversificar geográficamente las fuentes de abastecimiento de este mineral, y demostrar que se puede producir con los mejores estándares de la industria.

Según Juan Ignacio Guzmán, de GEM, una posible solución para rentabilizar la extracción de cobalto en nuestros yacimientos sería “extraer cobre y como subproducto de esa explotación, sacar cobalto”.