(La Tercera-Pulso) Estados Unidos y Japón abrieron este lunes la primera ronda de negociaciones comerciales, en el último frente de la agresiva y múltiple estrategia del presidente estadounidense Donald Trump para abordar lo que considera “desequilibrios comerciales crónicos” del país.

El representante de Comercio estadounidense, Robert Lighthizer, dio la bienvenida al equipo de Tokio encabezado por el ministro de Economía de Japón, Toshimitsu Motegi, al inicio de dos días de conversaciones en busca de un rápido acuerdo.

Después de imponer aranceles a aliados y rivales por igual, Trump cerró un nuevo tratado de libre comercio para América del Norte con Canadá y México, el T-MEC, y otro con Corea del Sur, y parece que se aproxima a las etapas finales de un acuerdo con China, mientras se prepara para iniciar conversaciones con Europa.

Trump ha centrado su atención en los países que tienen los mayores excedentes comerciales con Estados Unidos y ha impulsado su preferencia por acuerdos específicos con cada país en lugar de pactos multilaterales.

El presidente de EEUU y el primer ministro japonés, Shinzo Abe, cercanos por su afición común al golf, acordaron en septiembre pasado iniciar un diálogo comercial entre la primera y la tercera economía más grandes del mundo, que representan alrededor del 30% de la producción global.

La semana pasada, Motegi predijo en Tokio que el diálogo sería “franco”, y que la primera ronda se centraría en “tomar una decisión sobre qué áreas” discutirán, “principalmente en el campo de los bienes”. “Haré todo lo posible para tener discusiones a fondo para producir un buen resultado en línea con nuestro interés nacional”, dijo.

Según lo acordado entre Trump y Abe, las negociaciones inicialmente abordarán “los bienes, así como otras áreas clave, incluidos los servicios, que pueden producir logros tempranos”, en tanto dejarían el acceso de la agricultura estadounidense al mercado de Japón para una fecha posterior.

En mayo pasado, Trump ordenó a su administración que investigara la posibilidad de imponer aranceles de hasta el 25% en automóviles y autopartes extranjeros, una perspectiva que alarmó a la industria y podría tener graves repercusiones en Japón y Europa.