(Economía y Negocios online) El grupo constructor peruano Graña y Montero (GyM) reconoce que en los dos últimos años «la crisis ha sido severa». Esto, por las investigaciones ligadas a su vinculación con casos de pago de sobornos a exautoridades peruanas de parte de consorcios -con la brasileña Odebrecht- para adjudicarse proyectos. Sin embargo, la firma reconoce que la culminación -este martes- del aumento de capital, por US$ 130 millones, es una señal de confianza de los inversionistas.

Luis Díaz Olivero, gerente general corporativo de Graña y Montero, asumió en marzo de 2017 las riendas de la administración de la compañía, la que conoce bien, ya que entró hace más de 25 años a ésta. El ejecutivo cuenta cómo han enfrentado el escenario de judicialización y anticipa los nuevos planes globales y en Chile de esta empresa que hoy tiene un backlog -o cartera de contratos por ejecutar- por cerca de US$ 2 mil millones.

-¿Cuál será el destino de los recursos de la capitalización?

«Siempre ha sido visto como un fortalecimiento patrimonial. Teníamos una deuda estructural por Gasoducto del Sur, de US$ 90 millones, y la parte más importante se va a reducir y a terminar. El resto va como aporte de capital a nuestro negocio de ingeniería y construcción, que está captando nuevos contratos en la minería».

-¿Qué explica el interés de los inversionistas en este aumento de capital?

«Cuando decidimos buscar capital estábamos esperando un voto de confianza del mercado. Estamos muy satisfechos con estos US$ 130 millones y tener US$ 35 millones adicionales de peticiones para participar en el capital. Representa una confianza en el trabajo que se ha hecho en los últimos dos años para recuperar la reputación y la solidez financiera de la compañía. Ha sido una labor ardua y que está dando frutos».

-¿Cómo ve la participación del accionista Megeve, el family office de la familia Solari Donaggio que ahora tiene cerca del 10% de GyM?

«Estoy muy contento de que el family office de la familia Solari participe en el accionariado. La visión de la compañía es ser la empresa de ingeniería y construcción regional más confiable, y para mí lo importante de ‘regional’ no es solo poder atender clientes, sino que además tener partícipes en el capital que provengan de la región. Estoy encantado con que vengan accionistas de Chile y potencialmente, a futuro, de Colombia».

-¿Cuáles son los principales planes para este año?

«En 2019 consolidaremos los resultados sobre nuestro backlog , que está concentrado en pocos proyectos de gran envergadura en minería».

«La compañía quiere consolidar su presencia en ingeniería y construcción, para luego, con miras al quinquenio, llevar a la región otros negocios, como infraestructura e inmobiliario».

«Hoy hay tres contratos más grandes que son de tamaño similar. El último que ganamos con Quellaveco (Perú), del orden de los US$ 300 millones; otro en Quebrada Blanca (Chile), de la misma envergadura, y estamos ejecutando las obras auxiliares de Refinería de Talara (Perú)».

-¿Cuáles son las apuestas en Chile?

«Con los nuevos contratos estamos incrementando nuestra posición. Los planes son potenciar ingeniería y construcción y luego, en unos años, llevar otros negocios. La fortaleza del grupo está en el sector minero, pero tenemos también fuerza en infraestructura, edificación, industrial y oil and gas vinculado al negocio de construcción».

«Nos interesa la energía, lo forestal, las edificaciones, donde podemos participar. El grupo tiene una expertise en el sector privado, pero no desdeñamos las oportunidades en el sector público. Chile representa hoy el 15% de los ingresos de la compañía. Nos interesa crecer».

-¿Cómo va el proceso de venta de la filial de servicios de tecnología de la información, Adexus, tras el desistimiento de comprarla por parte del fondo estadounidense Advent?

«Adexus es una muy buena empresa. Cuando tomamos la decisión de no estar en ese sector, dejamos de ser los socios correctos para ella. Advent tenía cierta prioridad, ya que compró el negocio en Perú y teníamos cierta relación. Su decisión estratégica de no seguir adelante la entendemos y compartimos. La intención es mantenerla como disponible para la venta, pero no tenemos una urgencia. Haremos un proceso ordenado, tenemos buenos postores y en este año podrán darse noticias respecto de hacia dónde va ese proceso».

-¿Cómo avanza la empresa en un ambiente que sigue teñido por los casos que se han investigado?

«Han sido dos años bastante duros, pero años donde lo que hemos tenido que hacer es mirar para adentro para repotenciar la empresa. La crisis ha sido severa desde varios ángulos, y creo que la compañía ha trabajado en todos los frentes de manera pareja. Hemos avanzado mucho en la parte financiera, de gobierno corporativo, de riesgos y cumplimiento».

«Tenemos muchas cosas que resolver y potenciar para ser la compañía de ingeniería y construcción e infraestructura más confiable de la región, pero siento que se han dado pasos importantes en ese camino».

-Ese trabajo ha sido sin los representantes de la familia fundadora (Graña) en cargos en la empresa.

«Eso es parte de la transformación. Tenemos un directorio independiente que está abocado a sacar adelante la compañía. Existe independencia entre ese directorio y la administración que represento. Esto ha sido un proceso duro, pero nos hemos sabido adaptar a la realidad actual. La familia original no tenía un control absoluto de la firma, pero lo ejercía. Hoy está atendiendo sus temas».

«Después de este aumento de capital, la gran mayoría y que no incluye a la familia original, es el 80% de nuestro accionariado, que ha optado por tener a personas profesionales, independientes a cargo de la administración de la compañía».

»Han sido dos años bastante duros, pero años donde lo que hemos tenido que hacer es mirar para adentro para repotenciar la empresa. La crisis ha sido severa desde varios ángulos»