Dice estar feliz en el mismo sector, aunque ahora desde otra arista. Sergio Hernández, quien fuera vicepresidente ejecutivo de Cochilco durante cinco años hasta mediados de enero pasado, en marzo último se sumó a la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (Aprimin), como su director ejecutivo. Desde este nuevo cargo, destaca el aporte que ha significado esta organización –que cumplió 15 años en 2018– al desarrollo de la industria minera.

“Aprimin llegó a ocupar un espacio vacío que había a nivel de gremial de los proveedores de la minería. En este tiempo se convirtió en un gran aportador al crecimiento de la industria, participando en distintas comisiones y grupos de trabajo, para abordar temas de regulación, políticas públicas, búsqueda de mejores acuerdos y sinergias con las compañías mineras”, describe.

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¿Cuáles van a ser las prioridades de su gestión?

Profundizar el trabajo de los comités de Aprimin, desarrollar una más estrecha relación con las autoridades de gobierno, con las instituciones públicas y los organismos gremiales privados. Mantener, ojalá, una muy buena relación con las asociaciones gremiales de las empresas mineras, con el objetivo de identificar bien los conflictos que pudiera haber en las negociaciones de los contratos de largo plazo.

También, proyectar los negocios de nuestros asociados hacia el exterior. Hay oportunidades interesantes de negocios en Perú. Y el resto de Latinoamérica está despertando al desarrollo minero, Panamá, Colombia, Ecuador…

Respecto de los contratos, ¿hay preocupación por que la relación sea más simétrica?

Creemos que debiera haber mayor simetría y equidad en la relación contractual entre proveedores y grandes mineras.

¿Qué está pasando hoy en este aspecto?

Esto varía dependiendo de los precios del cobre. En periodos de altos precios, en que hubo mucha demanda de servicios, equipos e insumos, la relación entre los proveedores y las grandes mineras fue más equitativa, porque había mucha demanda y la oferta estaba prácticamente copada. En la medida que fueron bajando los precios (de los metales) y aumentó la preocupación por la administración de los costos en las grandes mineras, la equidad se fue perdiendo. Además, en algunos productos y servicios había una oferta mayor a la demanda. Entonces, naturalmente, por efectos del mercado, se fue perdiendo esa equidad.

Hoy estamos en un proceso de recuperación de los precios, ha aumentado la cantidad de trabajadores directos de la minería –ya estamos sobre los 210.000– y también ha aumentado la cantidad de contratos de bienes y servicios para los proveedores, con lo cual se está recuperando en parte la simetría.

Ahora bien, éste también es un tema de comportamiento cultural, y en grandes compañías a nivel global se da esta especie de hegemonía.

Creemos que hay que estudiar más en detalle las materias contractuales, conductuales y de ejecución de los contratos en que se presenta esta inequidad y que la mejoría en los precios y los ingresos de las grandes compañías obviamente tenga consecuencias positivas para los proveedores. Al final de cuentas, proveedores financieramente estables serán un mejor aporte para las compañías mineras y el sector en general; por ejemplo, dispondrán de más recursos para la innovación.

Resultados en homologación

¿Qué evaluación hace sobre el avance de la homologación?

Tenemos acuerdos con Antofagasta Minerals, Codelco, Anglo American, Collahuasi y SQM, y vamos a seguir con otras compañías grandes, porque la homologación va a ser útil en la medida que cubra la mayor gama de grandes mineras.

¿Son suficientes los aspectos considerados hoy, como el ingreso de vehículos a las faenas?

No es suficiente. Esto es una mejoría continua. Los aspectos que más se han trabajado son el ingreso de vehículos, así como temas de seguridad y salud para los trabajadores, pero faltan muchos más.

Este tema viene trabajándose desde hace tiempo. ¿Por qué cuesta tanto?

Al principio costó bastante, porque había celo; cada una de las compañías tenía sus propios requisitos y algunas no estaban dispuestas a compartir algo que, a lo mejor, se entendía como un secreto empresarial. Pero se han ido abriendo a la cada vez mayor movilidad que hay en la minería entre trabajadores y prestadores de servicios. Entonces, la homologación pasa a ser un requisito importante hoy y más valorado por las mineras.

Innovación es la palanca

¿Cuáles son los otros temas pendientes en que esperan concentrarse como gremio?

El gran desafío es la innovación. Chile ha basado su desarrollo económico en los últimos 40 años en un modelo abierto al mundo, donde necesariamente hemos tenido que desarrollar capacidades competitivas. Sin embargo, en los últimos años Chile ha bajado el nivel de su competitividad en minería, por varias razones; por fenómenos geológicos y de mercado, que hasta cierto punto son inmanejables y por aumento de costos internos. La palanca para recuperar nuestra competitividad es la innovación, tanto en tecnologías duras como blandas. Este es el elemento fundamental que tenemos que trabajar con nuestros proveedores.

Desde su visión, ¿cuán abierta es la industria minera, en particular el mandante, a la innovación?

Cada vez más abierta. No hay otro camino. Hay poca inversión todavía en este ámbito, como sucede en el país en general, invertimos 0,5% del PIB en I+D, pero en minería se está tomando mayor conciencia.

Aprimin

¿Cuántos son los socios actuales de Aprimin? ¿Existe una meta para este año?

Son 112 los socios actuales. Todos los años tenemos metas de incorporación de nuevos afiliados. Este año tenemos la meta de incorporar ocho socios más.

Como tenemos una definición de un límite mínimo de facturación para nuestros afiliados, no es toda la gama de prestadores de servicios los que pueden ingresar. Son políticas que están definidas, pero se están reconversando.

¿Existe voluntad como para flexibilizarlas?

Existe voluntad para flexibilizarlo, pero no es una decisión tomada aún. Tiene que tomarla el Directorio y ser ratificada por la Asamblea a fin de año.